La infancia desterrada

Acaba de asomarse a sus veinte años. Para muchos ese es el tiempo de las primeras equivocaciones, de hacerse responsable de cada paso, de trazar el camino propio y dar los primeros pasos y tropiezos transitándolo. Así es para quienes tuvimos infancia y adolescencia; a ella no le tocó.

Apenas si pudo cruzar ese límite confuso de la niñez a la temprana juventud que esperaba disfrutar en el cobijo de la buena vida que construían su padre, un campesino juicioso, y su mamá, modelo de señora hacendosa de un entorno rural, medianamente productivo, muy conflictivo.

Empezaba la noche cuando los paras incendiaron el pequeño, para ellos inmenso, mundo de esa familia de padres y tres niñas. Les hicieron creer que ese incendio y el consecuente despojo eran una venganza contra el pariente que había coqueteado con otros criminales.

“Por un milagro” no estábamos en casa. “Ni mi papá, ni mi mamá, ni mis hermanitas, ni los jornaleros”.

“Tuvimos que irnos con lo que teníamos puesto”, lejos los esperaba un techo, tuvieron que esperar mucho, esforzarse duro para tener un hogar.

Arrimada, extrañada, cambió el peinar muñecas por arreglar vecinas; hacer comiditas de flores y pasto con sus hermanitas por montar las ollas de las comidas caseras mientras la mamá salía para “sacar adelante” a su familia.

A sus veinte años aprende nuevos oficios, busca formaciones técnicas y se empeña en ser líder de jóvenes, de víctimas, un rol que asume con esperanza en ese lugar remoto que el país ni nombra.

Hasta 2016, los registros de víctimas incluían a 3.800.000 menores de 17 años afectados por hechos del conflicto armado. ¿Cuántos callaron, cuántos huyeron, a cuántos no hay quién los cuente, menos quién los nombre?

La Defensoría del Pueblo denunció el reclutamiento de 574 personas menores de edad en 2024: 277 de ellos eran indígenas. Save The Children, por su parte, alertó porque 78.000 niños, niñas y adolescentes fueron desplazados en 2025, año en que, dijo la Defensoría del Pueblo, 87.989 personas fueron arrancadas de sus hogares.

Desde 1991, en Colombia se han firmado siete acuerdos de paz de carácter nacional con grupos alzados en armas y otros tantos con impacto local. En esos 35 años, 63.000 personas se han desmovilizado, la mayoría sin responder ante la justicia. La Fundación Ideas para la Paz informó, a 31 de enero de 2026, que 27.000 colombianos están en las filas de grupos armados.

Luz María Tobón Vallejo

Periodista. Exdirectora del periódico El Mundo, profesora, investigadora en comunicación.
Actualmente lidera la Iniciativa por la Minería Consciente, un proyecto de la sociedad civil por el diálogo social y la comunicación pública en entornos mineros.

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