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De forma sorpresiva el Consejo Superior Universitario –CSU– de la Universidad de Antioquia le dio luz verde a la apertura de un nuevo proceso de designación rectoral; así, con un pitazo de salida que inició el pasado 7 de abril en un proceso de inscripción, foros y consulta electrónica a estamentos que irá hasta el 10 de junio (coincidiendo con el entretiempo de la primera y segunda vuelta presidencial), se designará el rector o rectora que llevará las riendas de la universidad para el periodo 2026-2029. Sin duda se trata de un proceso bastante atípico porque se da en medio de un proceso de “vigilancia especial”, en la antesala de una famosa (e indefinida) “constituyente universitaria” y con un CSU reconfigurado.
Ya lo que se viene en una alineación entre diversos sectores, identifico tres; por un lado, se encuentra el sector representado por el rector Héctor Iván García que desde diciembre de 2025 se alineó con los intereses del Gobierno nacional pasando a tomar control del aparato administrativo de la UdeA luego de consumada la humillante defenestración del entonces rector John Jairo Arboleda; y, por otro lado, un sector todavía difuso en sus representantes visibles más cercano al gobernador Andrés Julián Rendón. En el intermedio como tercer sector figuran perfiles no estrictamente alineados que se presentarán como “alternativas de unidad sin polarización” para una universidad que en los últimos años quedó atrapada en un intenso pulso político.
Todavía no tengo claro si en este nuevo proceso de designación se reeditará el pulso que ya se vivió iniciando el 2024 cuando la alineación entre los sectores resultaba más definida, y no lo tengo claro, primero, porque la composición del CSU cambió en los últimos años creando una nueva correlación de fuerzas, más favorable, si se quiere, a los intereses del Gobierno nacional; y segundo, porque no sé qué tanto el gobernador se dará nuevamente la pela (como lo hizo en 2024 con la candidatura de Natalia Gaviria) para poner rector. Ya no tiene en su gabinete al exrector Mauricio Alviar que fue el principal artífice y gestor de la aspiración de Gaviria.
De entrada, el sector cercano al Gobierno nacional tiene cierta ventaja –al punto que un amigo me comento que la designación se trataba de una “elección a la carta”–, entre otras cosas, porque la defenestración de Arboleda y la imposición en la rectoría de García no suscitó mayor resistencia en la comunidad universitaria, tanto el desgaste de Arboleda en su imposibilidad de sortear la crisis como la inyección extraordinaria de recursos por parte del Gobierno, han generado una percepción de tranquilidad en medio de la crisis (que todavía persiste) que se ha traducido en una evidente normalidad académica. Eso efectivamente le da ventaja al sector que ahora gobierna y que buscará legitimar en propiedad el rumbo que ya tomó la universidad iniciando el año. ¿Entonces, cuál será su candidato?
Personalmente me decanto por tres opciones: Luquegi Gil Neira, el mismo rector Héctor Iván García o un actual decano.
De Luquegi Gil no tengo mucho que anotar que previamente no haya expresado en esta columna, su papel en la actual administración es clave por su experiencia, pero se trata de un candidato “difícil”, tan solo hay que recordar los cuestionamientos que carga encima luego de su paso por la decanatura de la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas con relación a la crisis por Violencias Basadas en Género y su rol como secretario general en la rectoría de Alberto Uribe Correa cuando el ESMAD ingresó al campus universitario. Es un candidato que genera mucha resistencia al interior de la universidad. Resultaría sorpresivo que García buscara la rectoría en propiedad dado que recién se posesionó insistió hasta el cansancio que no tenía esa expectativa, pero habrá que ver si los meses que lleva en el cargo le cambiaron de perspectiva. El nombre del actual decano me lo reservo.
Para ese sector el tiempo y la coyuntura electoral resulta siendo crucial, es más, considero que la sorpresiva apertura del proceso de designación por parte del CSU también juega con la dinámica electoral, porque si la UdeA sigue en medio de las medidas de “vigilancia especial” (lo que de facto es una intervención) e Iván Cepeda pierde en una hipotética segunda vuelta ante la derecha, solo sería cuestión de días para que el rector García corra con la misma suerte que corrió Arboleda (ya sea Paloma o Abelardo, el que gane inmediatamente le entregaría el control de la universidad al gobernador Rendón), ante esa posibilidad que se viene convirtiendo en tendencia según las encuestas, lo más estratégico es elegir una rectoría en propiedad. Verbigracia: que Petro ponga rector antes de la segunda vuelta electoral.
También podría pasar que un candidato o una candidata le disputen al sector que hoy lidera García ese apoyo del Gobierno nacional, así lo podría hacer, por ejemplo, el exdecano John Mario Muñoz que, en 2024, inicial y temporalmente, contó con ese respaldo que luego migró para asegurar la reelección de Arboleda. Aunque eso es algo que en lo personal dudo. Porque implicaría librar un pulso político al interior de la izquierda petrista que ya se libró en diciembre del 2024 y ese sector necesitará en medio de la coyuntural electoral estar muy unido, además, para revalidar el respaldo del presidente su ficha también tendrá que ganar en la consulta estudiantil. No sería conveniente una división.
Otros nombres en el sonajero son los de Ramón Javier Mesa y Elvia María Gonzáles que ya fueron candidatos en 2024, también el de la actual representante del profesorado en el CSU, María Isabel Duque Roldán. Pero solo el 15 de mayo a las 4:00 p.m., sabremos, con absoluta seguridad, quienes se meten al ruedo. Por el momento, solo basta decir: se abren las apuestas.













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