El valor del control político: una lección que vale la pena reconocer

En un país donde la política suele dividir, polarizar y decepcionar, hay algo profundamente valioso en reconocer el buen trabajo, incluso cuando no proviene de quienes comparten plenamente nuestras ideas.

Hoy quiero hablar del control político. No como un concepto abstracto, sino como una práctica real, necesaria y, sobre todo, valiente. Porque hacer control político en Colombia no es fácil. Implica incomodar, cuestionar, ir en contravía de intereses y, muchas veces, enfrentarse a estructuras de poder que prefieren el silencio antes que la vigilancia.

Y es justamente allí donde figuras como el diputado Luis Peláez cobran relevancia.

Debo empezar con una confesión: no voté por él en las pasadas elecciones. Mi voto fue para otro candidato a la Asamblea Departamental que, con el tiempo, resultó ser una profunda decepción. Un fracaso absoluto, no solo en lo político, sino también en lo humano. Y aunque no me arrepiento de haber votado en su momento con convicción, sí reconozco con claridad que me equivoqué en esa elección.

Pero la política también se trata de eso: de tener la honestidad suficiente para reconocer cuando alguien, incluso desde una orilla distinta, está haciendo las cosas bien.

Luis Peláez no necesariamente representa todas mis posturas ni está alineado completamente con mi visión política. Sin embargo, hay algo que está por encima de cualquier diferencia ideológica: la integridad.

En él reconozco a un político serio, coherente, comprometido con su labor y, sobre todo, con una profunda responsabilidad por el departamento.

Su trayectoria en el control político ha estado marcada por debates de alto impacto en Antioquia. Ha puesto bajo la lupa proyectos y decisiones de enorme relevancia como Hidroituango, cuestionando la gestión, los riesgos y la toma de decisiones alrededor de uno de los proyectos energéticos más importantes del país.

También ha ejercido control sobre iniciativas como Central Park, señalando preocupaciones sobre su planeación, ejecución y uso de recursos públicos, y ha sido crítico frente a operaciones como la de Valor+, insistiendo en la necesidad de mayor transparencia y rigor en la administración de lo público.

No se trata simplemente de intervenir en debates: se trata de incomodar cuando es necesario, de hacer preguntas que muchos evitan y de insistir en respuestas que el poder, muchas veces, no quiere dar.

Su forma de ejercer el control político no es superficial ni mediática; es rigurosa, constante y fundamentada. No busca aplausos fáciles, busca resultados. No evade su responsabilidad, la asume.

Y eso, en el contexto actual, es digno de admirar.

Porque si algo necesita Colombia y especialmente nuestras regiones no son más discursos vacíos ni promesas recicladas, sino servidores públicos que entiendan que su principal deber no es agradar, sino vigilar; no es acomodarse, sino actuar; no es callar, sino cuestionar.

El control político no es una opción, es una obligación. Es la esencia misma de una democracia que funciona. Y cuando se ejerce con seriedad, se convierte en una herramienta poderosa para proteger lo público y garantizar que los recursos y las decisiones estén realmente al servicio de la gente.

Ojalá tuviéramos más políticos como Luis Peláez. Políticos que, más allá de las diferencias, trabajen con disciplina, con carácter y con un propósito claro: hacer bien su labor.

Porque al final, más que pensar igual, lo que realmente importa es querer lo mismo: un país mejor, un departamento mejor, un municipio mejor.

En ese sentido, vale la pena agradecerle a Luis Peláez por su ardua y constante labor en defensa de lo público. Su trabajo no solo ha sido visible, sino necesario en momentos donde el silencio suele ser más cómodo que la vigilancia. Precisamente por eso, hoy más que nunca, el departamento necesita que ese mismo carácter se mantenga intacto frente al actual gobierno departamental: un control político serio, riguroso y contundente, que no ceda ante presiones ni afinidades, y que siga poniendo por encima de todo el interés de los antioqueños.

Ariana Mira

Soy Ariana Mira, abogada, magíster en Derecho, especialista en Derecho Administrativo y en Derecho de Familia, Infancia y Adolescencia.

Soy socia fundadora y líder jurídica de VML Abogados, desde donde trabajo por la defensa de los derechos y la construcción de soluciones legales con impacto real.

Además, soy activista política y una firme creyente en la posibilidad de construir un mejor país, a través del liderazgo, la justicia y el compromiso ciudadano.

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