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Esta columna es un espacio dedicado a la búsqueda del sentido de las palabras. Un ejercicio arqueológico, etimológico y, si se puede decir, biográfico. Cada entrega nos permitirá conocer la historia, el significado, el uso y el sentido de una palabra.
Mauricio Montoya y Fernando Montoya
“—¿Qué es un rito? —preguntó el principito.
—Es algo también muy olvidado —dijo el zorro—. Es lo que hace que un día sea diferente a otro día y que una hora sea diferente a otra”.
El Principito – Antoine de Saint-Exupéry.
Uno de los ritos liminales más difíciles de entender, fundamentalmente para las sociedades llamadas occidentales, es aquel que se realiza en la comunidad Hamer de Etiopía. Conocido como el salto de los toros (Ukuli Bula), esta es una ceremonia en la que los hombres que desean alcanzar su mayoría de edad, ser reconocidos al interior de la sociedad, poder hacer negocios y casarse, deben demostrar su habilidad haciendo un recorrido de ida y vuelta, por lo menos cuatro veces, sobre los lomos de una hilera de diez toros. Lograrlo puede ser sencillo para los jóvenes de la tribu. Lo complejo está en el ritual que las mujeres solteras, de la familia del iniciado, han de llevar a cabo como requisito para que este tenga la oportunidad de saltar los toros. El día del rito, las mujeres son azotadas por hombres del grupo étnico, mientras que acompañan a su protegido. Sin este flagelo, al que son sometidas únicamente las mujeres, ningún hombre Hamer podría aspirar a completar el ritual.
En Papúa Nueva Guinea, los muchachos Kaningara ofrecen su espalda, los hombros y el torso superior para que sean cortados con cuchillas de afeitar y dejen cicatrices, en sus cuerpos, que se asimilen a la piel de los cocodrilos, animales que encarnan el poder y la protección, y que viven en el río Sepik, uno de los afluentes que provee a los nativos de la región. Este tipo de cortes también son comunes en países como Nigeria, donde se les conoce como escarificaciones faciales (cicatrices en la cara) y cuyo fin es representar el vínculo con su clan o con algún antepasado.
En algunos países de América Latina (Colombia, México y Perú) y también en Filipinas es tradición, durante la Semana Santa –festividad religiosa en la que los cristianos conmemoran la pasión, muerte y resurrección de Jesús–, que varias celebraciones sean representadas en vivo, entre ellas el viacrucis y la crucifixión. El viernes santo, centenares de personas, reconocidas como los penitentes, recorren las procesiones flagelándose con correas, látigos artesanales o cuerdas con puntas metálicas. Práctica que es replicada en el mundo chiíta –una de las corrientes religiosas del Islam– al conmemorar Ashura (día del martirio y decapitación del imam Hussein) y Arbain (peregrinación que realizan los chiítas desde Nayaf a Karbala –en Irak–, siendo esta última ciudad en la que fue asesinado imam Hussein, uno de los nietos del profeta Mahoma).
Estos y muchos otros ejemplos hacen parte de nuestros universos rituales, por medio de los cuales los seres humanos transitamos de una a otra etapa en la vida. Ritos de nacimiento, madurez, adultez, unión marital, consagración religiosa y muerte son momentos por los que todos atravesamos y que están cargados de simbolismo. La circuncisión en el judaísmo y el Islam; la recitación del credo durante la confirmación en el cristianismo; la imposición de la camisa blanca en el mazdeísmo; la ordenación clerical; la incineración del cuerpo en el hinduismo y el budismo; las peregrinaciones y otra variedad de rituales siguen siendo hasta hoy referentes religiosos, culturales y sociales.
Pero hay ritos paradójicos en los que se mezclan elementos sociales, sexuales y religiosos. En ciertas partes del mundo, las niñas festejan sus quince años como un acontecimiento de transición etario en el que, para algunas, juega un papel importante la iniciación sexual. Entretanto, en lugares como Nepal, las niñas de cinco años aspiran a convertirse en kumaris, una manifestación de la diosa Taleju, una deidad venerada por hindúes y budistas, que toma posesión de ellas para que durante cierto periodo de su vida representen los valores de la pureza virginal, la protección y la bondad divina. Las kumaris pierden su posición social y religiosa el día que tienen su primera menstruación.
Otro campo es el de los ritos o rituales comunitarios, verdaderos entornos de encuentro que celebran festividades como la predicación dominical; la eucaristía; el sermón y la recitación coránica de los viernes; el Shabat; la pascua; el ramadán; la navidad; entre otros. Todos y cada uno de ellos con intenciones particulares que buscan afianzar los lazos identitarios de una creencia o doctrina.
Antes de terminar esta columna es importante aclarar que aunque los términos de rito y ritual suelen usarse como sinónimos, existe una diferencia esencial entre ellos, ya que el rito se refiere a las normas o reglas que rigen las ceremonias (del latín ritus que significa la manera establecida o el orden para llevar a cabo una ceremonia); mientras que el ritual (del latín ritualis / relativo al rito) tiene que ver con la ejecución de las acciones simbólicas durante la celebración.
Finalmente, en un ensayo reciente (2019), titulado “la desaparición de los rituales”, el filósofo surcoreano Byung-Chul Han planteó la crisis contemporánea de los rituales debido a fenómenos como el narcisismo, la falta de comunicación y el consumo excesivo de cosas innecesarias. Esto es un llamado de atención para una sociedad, cada vez más homogénea, que solo se congrega, de manera efímera, alrededor de comunidades virtuales, redes sociales, eventos deportivos o conciertos musicales. Es hora de reivindicar conceptos, tan necesarios, como rito, ritual, multiculturalismo y plurinacionalidad.













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