¿Existen los defensores de la libertad?

To learn to love liberty is different from learning to analyze it.
«No es lo mismo aprender a amar la libertad que aprender a analizarla.
— Diego Costa, Foundation for Economic Education, Liberty Forum 2026

Me planteo esta pregunta a partir de algo muy simple: durante mucho tiempo creí que los defensores de la libertad éramos pocos. No completamente solos; más bien una minoría dispersa, casi invisible, hablando de libertad en contextos donde esas ideas no siempre encuentran eco. Muchas veces sentía que éramos vistos como los raros, los radicales, los idealistas utópicos que se quedaban en la teoría sin aplicarla en la práctica —una percepción que abordaré más adelante con lo que voy a contarles—. Hoy ya no estoy tan segura de eso.

Cuando hablo de “defensores de la libertad”, no me refiero a una etiqueta única ni a una escuela rígida. Hablo de un ecosistema amplio: liberales clásicos, libertarios, objetivistas y muchas otras personas que, desde distintos puntos de partida, comparten una intuición fundamental: que los individuos deben ser libres para elegir, crear y vivir sus propias vidas. Cada quien recorre ese camino a su ritmo: las ideas evolucionan, se afinan, se cuestionan, y eso es parte del proceso.

Hace unas semanas, a finales de febrero, tuve la oportunidad de asistir al Liberty Forum en Lima (Perú), un evento anual organizado por Atlas Network que reúne a representantes de organizaciones, think tanks, emprendedores de políticas públicas y líderes del movimiento por la libertad de distintas partes del mundo.

Más allá de las conferencias o los paneles, lo que descubrí ahí fue algo mucho más significativo: un movimiento vivo.

Personas de toda América Latina reunidas no solo para discutir ideas, sino para llevarlas a la práctica. Proyectos en distintos ámbitos —desde lo ambiental hasta lo financiero, desde la filosofía hasta la acción social— que comparten algo en común: la convicción de que las ideas importan.

Esa idea también estuvo presente desde el inicio del evento. Enrique Ghersi, quien abrió el Liberty Forum, enfatizó la importancia de la formación, de la organización y, sobre todo, de la acción dentro del movimiento. Pero esa acción —dejó claro— no puede existir sin una base sólida de ideas. No se trata de actuar por actuar: se trata de entender por qué lo hacemos.

Y es precisamente esa combinación la que hace que este movimiento sea tan potente. Porque hoy ya no se puede decir, con la misma ligereza de antes, que los defensores de la libertad somos “teóricos” o “liberales de café” —o “de cóctel”, como suelen decir algunos amigos, medio en broma—. Los ejemplos sobran. En toda la región hay personas traduciendo principios en políticas, en programas y en posibilidades concretas para millones de personas.

Uno de los proyectos que más me impactó —y que además tengo el gusto de seguir de cerca por la amistad que nos une— fue el de Marcelo Faria, del Instituto Liberal de São Paulo (ILISP), quien obtuvo el primer lugar en la competencia del Liberty Forum. Su iniciativa, Liberdade para Trabalhar, es un esfuerzo a nivel nacional que busca eliminar barreras burocráticas que impiden a millones de brasileños ganarse la vida.

A través de la implementación de la ley de libertad económica en 448 municipios y nueve Estados, el proyecto ha ampliado la libertad de trabajo para 129,4 millones de personas. Las ciudades que adoptaron estas reformas han visto un incremento del 40 % en la creación de empleo y un 89 % en la apertura de nuevos negocios. Es un ejemplo claro de cómo las ideas, cuando se traducen en acción, pueden transformar realidades tangibles.

También me marcó profundamente escuchar a David Gallegos —otro gran amigo—, de México, quien compartió la experiencia de la Ruta por la Libertad: una iniciativa que recorrió 16 Estados y 45 universidades, formando jóvenes y propiciando espacios de discusión para construir un México con más libertad y más futuro. Es impresionante haber llegado a 45 universidades; y, si lo piensan, multipliquen eso por la cantidad de jóvenes que los han escuchado en cada una. Detrás de este tipo de proyectos hay algo que muchas veces no se ve: entrega, logística, tiempo y una profunda convicción.

Un caso más que vale la pena destacar es el de Ciudadanía Sin Fronteras, en Perú, liderado por Alfredo Flores y Leandro Casadiego, ambos venezolanos que conocen de primera mano lo que significa vivir —y salir— de un régimen que limita las oportunidades. Su trabajo se ha enfocado en mejorar la empleabilidad de migrantes y refugiados a través del proyecto Talentos Globales, que conecta empresas con talento humano, facilitando la inserción laboral tanto para la población migrante como para la local.

El año pasado, Alfredo Flores —parte del equipo— ganó el Think Tank Shark Tank de Atlas Network, lo que les permitió escalar aún más su impacto. Desde entonces, su crecimiento ha sido notable, y verlo nuevamente en el Liberty Forum fue una muestra de continuidad, compromiso y resultados.

Estos son solo algunos ejemplos. Asimismo, podría mencionar organizaciones de mi país, como LIBERA BOLIVIA o el Centro de Estudios POPULI, que vienen realizando un trabajo constante en la promoción de ideas de libertad; al igual que iniciativas regionales como LOLA (Ladies of Liberty Alliance), a la cual tuve el privilegio de representar en este foro, donde mujeres de distintos países están impulsando proyectos, consolidando comunidades y generando cambios desde distintos frentes.

La lista es larga… y ese es justamente el punto.

Porque si algo me dejó el Liberty Forum es la certeza de que nuestro movimiento es mucho más grande de lo que a veces percibimos. Lo que ocurre es que gran parte del trabajo no es visible: trabajamos con ideas, y las ideas son, por naturaleza, difíciles de medir.

A veces uno siembra una inquietud, otro la cuestiona, otro la desarrolla y, con el tiempo, esa idea se convierte en acción. No hay métricas inmediatas ni gráficos claros que capturen ese proceso, y sin embargo, el impacto existe.

Hubo un momento en el evento que me pareció especialmente simbólico: una pizarra dividida en dos. De un lado, las personas escribían en qué necesitaban ayuda; del otro, en qué podían ayudar.

Algo tan sencillo y tan revelador demuestra que esto ya no es un esfuerzo aislado, sino una red. Una red en la que nunca falta alguien que puede ayudarte: a empezar un proyecto, a mejorar una idea, a encontrar dirección o incluso a dar el primer paso.

En lo personal, una de las cosas que más valoro es poder acompañar a otras personas en ese proceso. Yo también estuve en cero alguna vez: sin claridad, sin estructura, sin saber exactamente por dónde empezar. Y fue precisamente a través de estas redes, de estas ideas y de estas conversaciones que forjé un camino.

Por eso, mi invitación es simple: apoyemos estos proyectos, sigamos a estas organizaciones, compartamos su trabajo e involucrémonos, aunque sea desde lo pequeño. A veces creemos que el cambio requiere grandes acciones, cuando muchas veces empieza con algo tan básico como prestar atención.

Entonces, vuelvo a la pregunta inicial: ¿Existen los defensores de la libertad? Sí, y son muchos más de los que imaginamos. No siempre visibles ni reconocidos, pero presentes, trabajando, construyendo, sembrando. Porque al final, las sociedades no cambian únicamente a través de políticas públicas: cambian a partir de las ideas.

Y hoy, en toda América Latina, hay personas dedicando su vida a eso.


Esta columna fue publicada originalmente en El Insubordinado.

Sara Urquizu

Abogada y economista, con un enfoque principal en el activismo de las ideas pro libertad. Se desempeña como Senior Researcher en Liberty International y es educadora en la FEE (Foundation for Economic Education), donde contribuye a la formación de jóvenes en economía, libertad y pensamiento crítico.

Actualmente es Presidente de LOLA Bolivia (Ladies of Liberty Alliance) y Coordinadora Local Senior de SFL Bolivia (Students For Liberty), además de ser Founder Member de El Insubordinado.

En calidad de activista y conferencista, ha participado en programas y proyectos de organizaciones liberales a nivel nacional e internacional, con experiencia en investigación, gestión de proyectos y comunicación estratégica.

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