Maricas de derecha

Adrián Raúl Restrepo Parra

Paloma Valencia y Juan Daniel Oviedo son una de las fórmulas presidenciales que ha dado para hablar estos días. Entre las críticas, una de las más señaladas es que Oviedo siendo homosexual esté aliado con un partido que públicamente tiene reparos con el homosexualismo. O dicho de manera más tajante: para un sector de la opinión es contradictorio ser homosexual y, a la vez, hacer parte de una coalición de derecha porque este espectro político ha sido históricamente homofóbico.

La mirada ideológica que solo observa homofobia en la derecha y, a la vez, se presenta a sí misma como la única interesada en terminar con la violencia basada en género y orientación sexual diversa es la izquierda, pero esta no deja de presentar dificultades para sostener su postura impolutamente. Contar con una agenda de cambio en temas de género y diversidad sexual no significa que este espectro político haya sido y sea el único defensor de los derechos de las minorías sexuales, ni mucho menos significa que los ejercicios de poder realizados por lo que pueda asociarse con izquierda salgan bien librados.

La homofobia no es solo de la derecha, abundan los ejemplos pasados y presentes de la homofobia de izquierda. La homofobia en Cuba ha sido llevada al cine. En los noventa fue novedad la película Fresa y Chocolate, los protagonistas son David, un estudiante universitario y comunista cubano simpatizante de Castro, y Diego, un artista homosexual acosado por la homofobia revolucionaria.

Más recientemente, el literato cubano Leonardo Padura en su obra nos da múltiples ejemplos de la homofobia en la isla comunista. La tarea de formar el Hombre Nuevo implicó que ese nuevo hombre no podía ser maricón, eso era contrarrevolucionario. Los maricas en la isla no les va bien, son vistos como los raros, los que contrarían la moral revolucionaria. Quedan condenados a vivir ocultando su orientación sexual o al ostracismo si la aceptan públicamente.

En China se despenalizó la homosexualidad a finales de los noventa y dejó de considerarse una enfermedad mental empezando el siglo XXI, pero el peso de la tradición ha hecho que la población de orientación sexual diversa a la establecida padezca rechazo social y censura estatal. Y en la Rusia comunista la historia también muestra las prácticas estatales de homofobia, las cuales todavía subsisten.

Oviedo se identifica con el espectro de la centroderecha, pero esa identificación no supone renunciar a posturas políticas controversiales dentro de su propio campo político. Como lo han tenido que hacer las personas de orientación sexual diversa en sus espectros políticos de izquierda y centro. Ganarse un lugar de reconocimiento dentro de su propio entorno social y político es una constante de la población gay.

Conviene tener presente, por ejemplo, que unos homosexuales están interesados en que su religión los reconozca, aspiran a gozar plenamente de los rituales religiosos, incluido el matrimonio. No están dispuestos a dejar sus creencias, con su fe en un dios siguen luchando y esperando que un cambio así suceda. Como diría un viejo filósofo político: la resistencia y la lucha se hacen desde adentro, no hay un afuera.

Oviedo, a su estilo y con las posibilidades disponibles, está dando su pelea para tener un lugar dentro del espectro político que él considera lo representa. Y tendríamos que decir que lo está logrando. Sin un partido político logró ser candidato presidencial y con los resultados de la consulta y su estilo hizo un acuerdo para ser vicepresidente. Y además nos tiene hablando de él, en tiempos de plena campaña presidencial, con lo cual se refuerza su figura pública.

Estar bajo el mismo paraguas ideológico no significa que los debates son únicamente con los de la orilla opuesta. Algunos vaticinan un pronto divorcio entre Paloma y Oviedo por sus diferencias sobre matrimonio gay, adopción, entre otros. La cuestión es cómo tramitaran esas divergencias para no perder cohesión y, además, sumar otras fuerzas a la campaña. Las divergencias dentro del mismo espectro ideológico son propias de toda organización política. Por eso, existen tensiones y desacuerdos en los otros campos ideológicos y en las respectivas formulas vicepresidenciales.

Al respecto, valdría tener presente la relación de la actual vicepresidenta, Francia Márquez, y el presidente, Gustavo Petro. Que se hayan guardado, en lo posible, de manifestar públicamente sus profundas diferencias, eso no logra ocultar el estado deteriorado de esa relación. Y, hasta donde estamos informados, el principal motivo de discordia no es porque al Ministerio de la Igualdad, que dirigió la vice, luego haya llegado una marica, Juan Carlos Florián, aunque ese nombramiento también desató la homofobia en el país.

La homofobia abierta, oculta o sutil continua. Recientemente el presidente de la república para referirse a Oviedo utilizó la expresión “plumas y lentejuelas”. Parece que nuestro presidente a la hora de defender a los maricas le preocupa más la orientación ideológica que la sexual, solo defiende los maricas que él nombra en cargos públicos, pero no los maricas de derecha. Si son de derecha vale la homofobia.

Adrián Raúl Restrepo Parra

Profesor del Instituto de Estudios Políticos de la Universidad de Antioquia. Trabajador social, Magíster en Ciencia Política, Doctor en Ciencias Sociales. Miembro de los grupos de investigación Hegemonía, Guerras y Conflictos (A) del Instituto de Estudios Políticos y RERDSA (A1) del INER. Investigador y analista de procesos de paz y políticas de drogas.

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