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Resumen Ejecutivo
El bloqueo del estrecho de Ormuz transformó el conflicto entre Estados Unidos e Irán en el mayor shock de oferta energética desde la guerra del Golfo. El Brent cerró por encima de US$ 103 y la AIE aprobó la mayor liberación de reservas en su historia —400 millones de barriles—, medida de gestión de corto plazo que no resuelve el problema de fondo. El mercado no está leyendo la coyuntura como una crisis geopolítica clásica sino como un escenario de estanflación: petróleo caro, inflación resistente, crecimiento débil y bancos centrales sin espacio para actuar. El retroceso del oro frente a un shock de esta magnitud es la señal más elocuente de ese diagnóstico.
En Estados Unidos, el PIB del cuarto trimestre se revisó a 0,7% anualizado —la mitad de la estimación preliminar— mientras el PCE subyacente repuntó al 3,1%: crecimiento débil e inflación resistente, la combinación más incómoda para la Reserva Federal. El primer recorte de tasas se desplaza a septiembre y el segundo al primer semestre de 2027. En Europa, la contracción industrial del 1,5% mensual en la eurozona, el bund en máximos desde 2011 y la licencia al petróleo ruso —rechazada por seis miembros del G7— abrieron la primera grieta en el régimen de sanciones coordinadas desde la invasión de Ucrania. En Asia, Japón ejecutó su primera liberación unilateral de reservas petroleras ante una dependencia del 94% de crudo importado desde Oriente Medio, mientras China observa con tres meses de cobertura estratégica, posicionando sus empresas para liderar la reconstrucción posconflicto.
En América Latina, México y Brasil comparten el denominador más incómodo de la región: inflación que no cede en el momento en que los bancos centrales necesitarían flexibilizar. México reportó inflación de 4,02% fuera del rango de Banxico, con contracción industrial mensual del 1,1% y la presión adicional de las investigaciones comerciales de Washington bajo la Sección 301. Brasil mantiene su tasa en 15% —máximo de casi dos décadas— con el mercado dividido entre un recorte de 25 puntos básicos y sin cambio, mientras el alza del petróleo aplaza la flexibilización monetaria.
En Colombia, el CARF calificó el escenario fiscal del Gobierno de “poco creíble”: déficit primario de 3,5% del PIB en 2025 —el más alto en treinta años— y faltante de $32,1 billones para cumplir la meta de 2026. La proyección oficial de inflación de 5,8% para cierre de año es cuestionada por analistas privados —Bancolombia estima 6,4%, BBVA 6,5%— y esa brecha tiene consecuencias directas sobre el déficit proyectado. Moody’s advirtió sobre el riesgo al grado de inversión. La curva de TES invirtió por primera vez con tramos medios por encima del 14%. El peso colombiano fue la mejor moneda de la región con +1,9% semanal, sostenido por el crudo pero con bases frágiles: si el petróleo modera, lo que queda es el riesgo fiscal y la incertidumbre electoral.
I. Estados Unidos: Desaceleración Confirmada, Inflación Persistente y Geopolítica Energética
La semana estuvo dominada por la publicación de la segunda estimación del PIB del cuarto trimestre de 2025, que reveló una desaceleración más pronunciada de lo anticipado. La economía estadounidense creció a una tasa anualizada del 0,7%, la mitad de lo reportado en la estimación preliminar (1,4%) y muy por debajo del 4,4% registrado en el tercer trimestre. En términos del conjunto del año, el avance fue del 2,1% frente al 2,8% de 2024, confirmando una pérdida de dinamismo que ya estaba en el centro del debate sobre el ciclo americano.
El deterioro del cuarto trimestre no obedece a un solo factor. El gasto de los consumidores creció al 2,0% anualizado, frente al 2,4% estimado inicialmente, con un enfriamiento tanto en bienes (0,4%) como en servicios (2,7%). La inversión fija avanzó apenas 1,6% frente al 2,6% previo, arrastrada por una caída pronunciada en estructuras de -7,1%. Las exportaciones se contrajeron -3,3%, la mayor caída desde el segundo trimestre de 2023. El gasto público restó 1,03 puntos porcentuales al crecimiento, reflejo directo del cierre federal de 43 días entre octubre y noviembre. Las ventas finales a compradores privados nacionales, medida de demanda interna que sigue de cerca la Reserva Federal, avanzaron 1,9%, frente al 2,4% y el 2,9% del trimestre anterior, evidenciando una desaceleración sostenida del motor doméstico.
La lectura de inflación completó el cuadro macroeconómico. El índice PCE de enero mostró que el deflactor general avanzó 0,3% mensual y 2,8% interanual, mientras que el componente subyacente —excluyendo alimentos y energía— repuntó a 3,1% anual y 0,4% mensual. Este diferencial entre el PCE general (2,8%) y el subyacente (3,1%) refleja la persistencia de presiones en servicios y la dificultad estructural de retornar al objetivo del 2% de la Fed. La inflación de servicios se mantuvo en 2,9%, con vivienda estable en 3,0%, y los bienes moderaron a 1,0%, en parte por la caída de vehículos usados. El IPC de febrero confirmó la estabilidad del proceso inflacionario con una tasa general del 2,4% y núcleo del 2,5%, aunque los riesgos alcistas se han intensificado.
En el frente del mercado laboral, la encuesta JOLTS de enero registró 6,946 millones de empleos vacantes, por encima del consenso (6,760 millones) y del dato anterior (6,550 millones), señal de que el mercado laboral mantiene cierta solidez. Las solicitudes semanales de desempleo se situaron en 213.000, prácticamente sin cambio. El déficit comercial de enero se redujo a -54.500 millones de dólares frente a -72.900 millones del mes anterior, impulsado por el aumento de exportaciones del +5,5% y la caída de importaciones del -0,7%. El déficit con China aumentó al 23,4% del total, mientras el déficit con la Unión Europea se contrajo desde el 18,9% al 8,6%.
El índice de confianza del consumidor de la Universidad de Michigan cayó a 55,5 puntos en la lectura preliminar de marzo, su nivel más bajo en tres meses, desde 56,6 en febrero, aunque marginalmente por encima del consenso de 55,0. Las expectativas de inflación a un año se estabilizaron en 3,4%, poniendo fin a seis meses de caídas, y las de largo plazo bajaron levemente a 3,2%. La fractura del sentimiento alcanza a todos los grupos de ingreso, edad y filiación política, señal de un deterioro de base amplia.
El contexto monetario permanece contenido. Los mercados de futuros retrasaron el primer recorte de la Reserva Federal de junio a septiembre, situando el segundo en el primer semestre de 2027. Los rendimientos soberanos reaccionaron con alza moderada de apenas 3 puntos básicos. La independencia institucional de la Fed recibió respaldo judicial cuando el magistrado James Boasberg suspendió las citaciones del Departamento de Justicia contra el presidente Jerome Powell, calificando la causa de pretexto político sin evidencia de conducta delictiva.
Valoración — Estados Unidos
El cuadro macroeconómico de Estados Unidos al cierre de la semana combina desaceleración real con rigidez inflacionaria, una combinación que no deja espacio de maniobra a la Reserva Federal. El PIB del cuarto trimestre, revisado a la mitad de su estimación inicial, no es un accidente estadístico: el cierre federal de 43 días explica parte del retroceso, pero la desaceleración del consumo privado y el enfriamiento de la inversión señalan una demanda doméstica que pierde momentum por mérito propio. El subyacente del PCE en 3,1% y las expectativas de inflación de Michigan que detienen su caída en 3,4% confirman que la última milla desinflacionaria sigue sin cerrarse. El fallo judicial que protegió a Jerome Powell preserva por ahora la credibilidad institucional de la Fed, pero la presión política sobre el banco central es un riesgo de fondo que los mercados de renta fija deberán seguir cotizando.
II. Geopolítica Energética: El Estrecho de Ormuz y el Mayor Despliegue de Reservas en la Historia
El conflicto entre Estados Unidos e Irán, iniciado el 28 de febrero, derivó esta semana en la mayor crisis de suministro energético desde la guerra del Golfo. Irán anunció el bloqueo de facto del estrecho de Ormuz, por el que transita habitualmente más del 20% del crudo mundial, y reorientó su estrategia hacia ataques sistemáticos a la navegación comercial. Desde el 28 de febrero, el Observatorio Marítimo del Reino Unido contabilizó 16 buques atacados en el estrecho y el golfo de Omán. Los recortes totales en producción se estiman entre 7 y 10 millones de barriles diarios, representando entre el 7% y el 10% de la demanda mundial.
Ante la escala del shock, la Agencia Internacional de la Energía (AIE) aprobó por unanimidad la mayor liberación coordinada de reservas estratégicas en su historia: 400 millones de barriles. Estados Unidos aportará 172 millones de barriles de su Reserva Estratégica de Petróleo en un proceso de 120 días. El crudo Brent, que rondaba US$ 60 al inicio del conflicto, escaló por encima de US$ 100 durante la semana antes de retroceder hacia US$ 97,50. El gobierno iraní anticipó un precio potencial de US$ 200 por barril condicionado a las acciones militares.
Arabia Saudita activó su oleoducto Este-Oeste a capacidad máxima de 7 millones de barriles diarios frente a los 2,8 millones habituales. Emirates Árabes Unidos opera su alternativa hacia Fujairah con capacidad de 1,8 millones de barriles diarios. Incluso a plena capacidad, ambas rutas transportarían menos de la mitad del flujo normal por Ormuz. Kuwait e Iraq, sin oleoductos alternativos, han comenzado a reducir producción. Los beneficiarios directos incluyen a Canadá, Brasil y Rusia. El sector agrícola también acusa el impacto: la urea ha subido cerca del 25% desde el inicio del conflicto, presionando los costos de fertilizantes y los precios de los cultivos.
Valoración — Geopolítica Energética
La intervención de la AIE con 400 millones de barriles es una respuesta de magnitud sin precedentes que gestiona el shock en el horizonte inmediato, pero no lo resuelve. La capacidad iraní para amenazar la navegación en Ormuz permanece activa, y las reservas estratégicas no son ilimitadas. El escenario base de dos semanas de interrupción total más dos semanas al 50% de flujo podría extenderse si la campaña militar no degrada efectivamente la infraestructura naval de Teherán. En ese caso, la segunda ronda de efectos —transmisión a inflación de servicios, deterioro adicional de la confianza del consumidor y presión sobre márgenes corporativos— se volvería inevitable. Las rutas alternativas de Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos ofrecen alivio parcial, pero la reconfiguración de los flujos energéticos globales ya está en marcha, y sus efectos sobre la estructura de costos de las economías importadoras se extenderán más allá de la duración del conflicto.
III. Europa: Contracción Industrial, Tensión en el Euríbor y Fractura Geopolítica
La eurozona abrió la semana con datos de producción industrial que profundizaron las dudas sobre la solidez del ciclo europeo. Según Eurostat, la producción industrial de enero cayó 1,5% mensual en la zona euro y 1,6% en la UE, muy por debajo del repunte del 0,6% que proyectaba el consenso. En términos interanuales, la contracción fue del 1,2% en la eurozona y 0,6% en la UE, revirando el crecimiento del 2,2% registrado en diciembre. El desglose por categorías revela una degradación transversal: los bienes de consumo no duradero cayeron 6,0% mensual, los bienes de capital 2,3%, los bienes intermedios 2,0% y los duraderos 1,9%. La única excepción fue la energía, que avanzó 4,7% mensual y 5,8% interanual, un alza que responde más al contexto de escasez que a fortaleza productiva genuina.
A escala nacional, los mayores retrocesos mensuales se concentraron en Irlanda (-9,8%), Luxemburgo (-4,3%) y Suecia (-4,1%). En términos interanuales, Luxemburgo (-14,9%) e Irlanda (-13,1%) encabezan las caídas más pronunciadas. Italia registró una caída del 0,6% mensual en su producción industrial, incumpliendo el repunte del 0,4% esperado por el consenso, con contracciones en coque y petrolíferos refinados (-12,9%) y productos químicos (-7,2%). La fotografía industrial europea confirma que el costo energético elevado y la incertidumbre geopolítica están erosionando simultáneamente el margen de maniobra fiscal y la capacidad de crecimiento real del bloque.
El Reino Unido aportó otro dato de preocupación: el PIB de enero registró crecimiento nulo, afectado por un sector servicios estancado y una construcción que cae 0,2% interanual. La producción industrial moderó su descenso a -0,1% mensual frente al -0,9% de diciembre, aunque sin alcanzar el repunte del 0,3% proyectado. La balanza comercial ofreció cierto contrapeso: el déficit de bienes se redujo 15,93% hasta 14.449 millones de libras, con exportaciones que crecieron 9,77% interanual. Sin embargo, este contexto de débil actividad ha desplazado las expectativas monetarias hacia una probabilidad del 80% de un incremento de 25 puntos básicos en la tasa de interés del Banco de Inglaterra, una señal que contrasta con la postura más acomodaticia del BCE.
En el frente de precios, Francia reportó una inflación general de 0,9% interanual en febrero, acelerándose desde 0,3% en enero, con moderación en los precios de energía (-2,9% frente a -7,6% anterior) y un repunte en alimentos (2,0%). La inflación subyacente avanzó a 0,9% interanual. España mantuvo su inflación general estable en 2,3% por segundo mes consecutivo, con la inflación subyacente repuntando a 2,7% tras tres meses en 2,6%. Los servicios de restauración y alojamiento crecieron 4,4% y los alimentos 3,2%. El panorama inflacionario europeo apunta a un proceso de desinflación que avanza, pero que el shock energético actual amenaza con interrumpir.
El euríbor a doce meses protagonizó la semana con un comportamiento de alta volatilidad que condensó la tensión entre fundamentos monetarios y ruido geopolítico. Desde 2,367% el lunes, el índice pegó un salto histórico hasta 2,552% el martes 10 de marzo, el mayor avance diario desde junio de 2008. En ese marco, el BCE se reúne el 19 de marzo con el mercado descontando con probabilidad del 98% el mantenimiento del tipo depo en 2,00%. La lógica es clara: la inflación de la eurozona se encuentra cerca del objetivo del 2% y la actividad es moderadamente dinámica, pero la inestabilidad de los futuros energéticos justifica una postura de espera. El shock de oferta derivado del conflicto en Oriente Próximo puede ir desde un reajuste de décimas en las proyecciones macro del bloque hasta un escenario estanflacionista, dependiendo de la duración e intensidad del conflicto. El BCE necesita más información antes de comprometerse en ninguna dirección, lo que hace de la próxima reunión un ejercicio de comunicación cuidadosa más que de acción.
La semana también expuso una fractura política de fondo en la alianza occidental. La decisión del Departamento del Tesoro de Estados Unidos de emitir una licencia de un mes para la compra de petróleo ruso —vigente hasta el 11 de abril— con el propósito declarado de estabilizar los mercados energéticos, generó una respuesta crítica unánime entre los socios europeos. El canciller alemán Friedrich Merz señaló que seis miembros del G7 expresaron rechazo explícito, subrayando que “no era la señal adecuada”. El presidente ucraniano Volodímir Zelenski estimó que la medida podría proveer a Rusia de hasta 10.000 millones de dólares adicionales para financiar su guerra. El presidente del Consejo Europeo, Antonio Costa, fue más directo al señalar que en este conflicto el único ganador hasta el momento es Rusia.
Desde Moscú, el portavoz Dmitri Peskov reconoció que los intereses de Rusia y Estados Unidos coinciden en estabilizar los mercados, pero reclamó más flexibilización. La empresa Vortexa estima que cerca de 7,3 millones de barriles de crudo ruso se encuentran en almacenamiento flotante y 148,6 millones en tránsito, volumen que la licencia estadounidense habilitaría para su comercialización. La UE trabaja con Canadá y Noruega en estrategias conjuntas de suministro energético, mientras Francia anunció que usará la presidencia del G7 para construir una estrategia real de resistencia energética. La coherencia de las sanciones occidentales a Rusia enfrenta así su primera grieta significativa desde el inicio de la guerra en Ucrania.
El mercado laboral de la UE ofreció señales mixtas. La tasa de empleo desestacionalizada del cuarto trimestre de 2025 se situó en 76,3%, una décima por encima del trimestre previo, con 198,1 millones de personas empleadas. La tasa de desempleo bajó del 5,8% al 5,7%. Los mayores descensos del desempleo se registraron en Italia (del 6,2% al 5,5%), España (del 10,3% al 9,9%) y Estonia (del 6,8% al 6,3%). Sin embargo, la holgura total del mercado laboral se mantuvo en 23,8 millones de personas (11,0%), sin variación respecto al trimestre anterior, recordando que la fortaleza del empleo coexiste con reservas de capacidad no utilizadas de magnitud considerable.
Valoración — Europa
La contracción industrial de la eurozona no es un dato aislado: es la expresión de un bloque atrapado entre costos energéticos estructuralmente elevados, demanda interna debilitada y una cohesión política que se fractura ante las decisiones unilaterales de Washington. La licencia temporal para el petróleo ruso no solo abre una grieta en las sanciones coordinadas: revela la disposición de la administración Trump a instrumentalizar la política energética como herramienta bilateral, al margen de los compromisos multilaterales del G7. La volatilidad del euríbor —impulsada por miedo geopolítico más que por fundamentos monetarios— anticipa revisiones hipotecarias más costosas y un encarecimiento de la financiación mayorista que ya se traslada a las condiciones de crédito. Con exposición europea, la semana deja una lectura clara: el BCE mantendrá tipos el 19 de marzo, pero el margen de maniobra para recortar se estrecha si el conflicto energético se prolonga, y la arquitectura de seguridad de suministro del bloque requiere con urgencia un diseño más autónomo del que hoy existe.
IV. Asia: Vulnerabilidad Energética, China en Espera y Japón en Emergencia
Asia es la región más expuesta al shock energético derivado del bloqueo del estrecho de Ormuz. Aproximadamente el 90% del petróleo que atraviesa ese paso tiene como destino compradores asiáticos, junto con cerca del 82% del gas natural licuado exportado desde Qatar y Emiratos Árabes Unidos. La distribución de la dependencia es reveladora: China absorbe el 38% del crudo transportado por Ormuz, India el 15%, Corea del Sur el 12% y Japón el 11%. Para Japón y Corea del Sur, más del 60% de sus importaciones totales de petróleo dependen de esta ruta, lo que los convierte en las economías más vulnerables ante una interrupción prolongada del suministro.
Japón enfrenta la emergencia más aguda de la región. En 2025 importó el 94% de su crudo desde Oriente Medio, con el 93% de esos envíos transitando por Ormuz. La crisis disparó el precio de la nafta un 50% hasta US$ 875 por tonelada, amenazando la seguridad industrial del país: con reservas críticas de apenas 20 días de este insumo, las empresas químicas operan al 60% de su capacidad. La primera Ministra Sanae Takaichi anunció la liberación de 80 millones de barriles de reservas estratégicas —equivalentes a 45 días de suministro— a partir del lunes próximo, incluyendo reservas privadas de 15 días y estatales de un mes. Sería la primera liberación unilateral de reservas en la historia de Japón, sin esperar coordinación internacional. El yen, que cotiza en 159,4 por dólar, amplifica la presión inflacionaria importada sobre una economía que ya enfrentaba tensiones en la normalización de su política monetaria. El gobierno ordena además mantener el precio medio de la gasolina en torno a los 170 yenes por litro mediante medidas de emergencia, mientras las refinerías buscan alternativas en Estados Unidos, Asia Central y América del Sur.
La tensión geopolítica obliga a Tokio a evaluar, con notable incomodidad, la posibilidad de adquirir crudo ruso al amparo de la exención temporal emitida por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos. El viceministro del METI señaló que la decisión se tomará considerando las circunstancias internacionales y los intereses nacionales del país, reconociendo implícitamente la tensión entre la coherencia con el G7 y la urgencia del abastecimiento energético. La quiebra de competitividad que genera este shock frente a economías con acceso a suministros rusos —particularmente India y China— plantea un quiebre estructural en la industria petroquímica nipona y surcoreana que trasciende la coyuntura inmediata.
China gestiona el shock desde una posición más sólida, aunque no exenta de riesgos. Como mayor importador de crudo del mundo con más de 11 millones de barriles diarios en 2025, Pekín posee reservas estratégicas y comerciales suficientes para garantizar aproximadamente tres meses de independencia energética. Su aparente pasividad ante el conflicto responde a un posicionamiento calculado: Xi Jinping no tiene incentivos para exponer capacidades militares en un teatro de operaciones donde Irán no representa un proveedor estratégico irremplazable —el crudo malayo opera como alternativa eficaz— y donde la fase de reconstrucción posconflicto representa la verdadera oportunidad de penetración económica, como ya ocurrió en Iraq con el protagonismo de empresas como CRRC y CSCEC. Si el conflicto se extiende hacia el verano, la presión sobre el estrecho de Malaca —principal arteria alternativa de suministro— se convertiría en la verdadera línea roja para Pekín.
En el plano de la actividad real, los datos de China de la semana ofrecieron señales mixtas. El crédito bancario de febrero totalizó 900.000 millones de yuanes, por debajo de los 1,009 billones del año previo, reflejando débil demanda interna y controles al exceso de capacidad. Sin embargo, la financiación agregada alcanzó 2,38 billones de yuanes, superando las proyecciones. Las exportaciones aceleraron con fuerza: +21,8% interanual en enero-febrero frente al 6,6% de diciembre, impulsadas por un repunte del 66,5% en semiconductores y crecimiento sostenido en automóviles hacia sus principales destinos, incluido Estados Unidos. Las importaciones también sorprendieron al alza con +19,8% interanual, traccionadas por materias primas. La inflación general repuntó al 1,3% en febrero desde el 0,2% de enero, con la subyacente estable en 1,3%. Parte de la fortaleza exportadora responde a efectos estacionales del Año Nuevo Lunar, por lo que la lectura de fondo requiere cautela. La presión externa se intensifica con investigaciones estadounidenses bajo la Sección 301 sobre prácticas laborales y comerciales.
En el sector inmobiliario, la promotora Fantasia presentó un plan de reestructuración de deuda externa por 4.660 millones de dólares, que contempla la emisión de nuevas acciones, bonos convertibles obligatorios de cupón cero por 501,2 millones de dólares y pagarés garantizados por 1.440 millones de dólares con vencimientos en 2031 y 2034 a una tasa del 3%. La empresa acumula una deuda total de 66.972 millones de yuanes al cierre del primer semestre de 2025. El caso Fantasia es representativo de un proceso más amplio: un número creciente de promotoras chinas en default desde 2021 está avanzando hacia acuerdos de reestructuración con sus acreedores, señal de que el sector inmobiliario transita lentamente desde la crisis aguda hacia una reorganización estructural de largo plazo.
Valoración — Asia
Asia concentra la mayor vulnerabilidad energética de la crisis de Ormuz, pero las respuestas nacionales difieren radicalmente según la posición estructural de cada economía. Japón actúa desde la urgencia: reservas críticas de nafta, industria química operando a capacidad reducida y un yen depreciado que amplifica cada alza del crudo. Su disposición a evaluar compras de crudo ruso —en tensión directa con la posición del G7— revela que la seguridad energética puede superar en la práctica a los compromisos geopolíticos cuando la presión doméstica es suficientemente intensa. China, con tres meses de reservas y acceso a suministros alternativos, puede permitirse observar. Su estrategia real no es el conflicto sino la reconstrucción: mientras el mundo debate quién gana la guerra, Pekín posiciona sus empresas de ingeniería e infraestructura para liderar la fase posterior. El diferencial de exposición entre Japón y Corea del Sur —con más del 60% de sus importaciones petroleras por Ormuz— frente a China e India —con mayor diversificación de suministro— es una variable de riesgo que ya debería estar reflejada en las posiciones de renta variable regional.
V. América Latina: Inflación, Tasas y Fragilidad Comercial
México abrió la semana con una señal de alerta inflacionaria que tensiona el margen de maniobra de Banxico. La inflación de febrero aceleró a 4,02% anual, su peor registro desde junio del año anterior, saliendo del rango objetivo del Banco de México de 3% ± 1 punto porcentual. La Concanaco Servytur advirtió que la superación del rango comprime el bolsillo de las familias y encarece los insumos, el transporte y la energía de los negocios de menor tamaño. El llamado del sector empresarial es a recuperar el rango objetivo sin sacrificar el consumo interno, en un entorno internacional que añade volatilidad de precios energéticos sobre una economía ya expuesta a la incertidumbre comercial con Estados Unidos.
En el frente industrial, la producción de México se contrajo 1,1% mensual en enero según el INEGI, con retrocesos transversales en los cuatro sectores principales: energía eléctrica, agua y gas (-1,9%), minería, construcción y manufacturas (-1,1% cada una). La caída rompe tres meses consecutivos de crecimiento industrial. En términos interanuales el retroceso fue apenas -0,1%, con la construcción avanzando 5,0% y la minería 1,0%, mientras las manufacturas cedieron 1,7%. El dato sugiere un inicio de año con pérdida de impulso real, en parte atribuible a la incertidumbre generada por las investigaciones comerciales de Washington bajo la Sección 301 y la presión para bilateralizar el T-MEC, cuya revisión en julio próximo representa tanto una fuente de riesgo como una oportunidad de extensión hasta 2042 si los tres socios alcanzan consenso. La posición empresarial mexicana defiende la trilateralidad del acuerdo y llama a mantener a Canadá dentro del tratado como condición de estabilidad jurídica para la inversión.
La presión sobre el sistema financiero fronterizo se intensificó con la ampliación de la orden de la FinCEN, vigente del 7 de marzo al 2 de septiembre, que obliga a las empresas de servicios monetarios en 14 condados de Arizona, California, Nuevo México y Texas a reportar transacciones en efectivo entre US$ 1.000 y US$ 10.000.La medida apunta a remesadoras, casas de cambio y transportadoras de valores que, según las autoridades estadounidenses, estarían siendo utilizadas por el crimen organizado para mover efectivo destinado a la compra de armas. La presidenta Claudia Sheinbaum negó la existencia de vínculos entre remesas y lavado de dinero, respaldada por revisiones de la Unidad de Inteligencia Financiera y del propio Banco de México. La disputa tiene fondo estratégico: las remesas representan uno de los principales flujos de divisas hacia México y cualquier restricción o estigmatización del canal impacta directamente el ingreso de millones de hogares.
Brasil enfrenta su propio dilema entre crecimiento e inflación en un contexto de tasas en máximos históricos recientes. El ministro de Hacienda Fernando Haddad estimó un crecimiento del 0,8% al 1,0% trimestral en el primer cuarto de 2026, apoyado en estímulos de crédito y demanda interna bajo el gobierno de Lula da Silva. La secretaría de política económica proyecta un avance anual del 2,3% para el año completo, aunque Haddad fue explícito: el crecimiento por encima del 2% depende de la trayectoria de las tasas de interés, que en su lectura actual actúan como freno de mano sobre la actividad. La tasa de referencia se mantiene en 15%, su máximo de casi dos décadas, estable desde julio. El banco central había señalado en enero su intención de iniciar recortes en la reunión de esta semana, pero la volatilidad del petróleo derivada del conflicto en Irán enturbia las perspectivas inflacionarias y comprime el espacio de maniobra: los futuros pasaron de descontar un recorte de 50 puntos básicos a dividirse entre 25 puntos básicos y sin cambio.
El sector exportador de Brasil acusa además una presión adicional por el lado del comercio agrícola. Las exportaciones de soja hacia China enfrentan disrupciones por controles fitosanitarios que detectaron residuos de pesticidas y contaminantes, generando una caída interanual del 7,8% en las importaciones chinas durante el primer bimestre. El alza del petróleo por encima de US$ 100 elevó los fletes desde el puerto de Santos un 24%, llevando las primas de la soja a US$ 1,22 por bushel. Grandes exportadores han suspendido envíos temporalmente, abriendo espacio para que proveedores estadounidenses cubran el déficit de suministro. La confluencia de obstáculos fitosanitarios, costos logísticos elevados y competencia de origen alternativo configura un escenario de pérdida de cuota de mercado en el destino más importante para la soja brasileña.
Valoración — América Latina
México y Brasil comparten el denominador común de una inflación que no cede lo suficiente en el momento en que los bancos centrales necesitarían flexibilizar. En México, el repunte al 4,02% en un entorno de debilidad industrial y tensión comercial con Washington limita el margen de Banxico y eleva el costo de la incertidumbre sobre el T-MEC. En Brasil, la tasa en 15% opera como ancla antiinflacionaria pero comprime la inversión y el crecimiento potencial. El shock energético global añade una capa de riesgo inflacionario importado que ninguno de los dos países puede aislar con facilidad. La soja brasileña bajo presión logística y fitosanitaria, y el peso mexicano expuesto a la volatilidad del dólar y al escrutinio del sistema financiero fronterizo, son los dos vectores de vulnerabilidad más inmediatos de la región en esta coyuntura.
VI. Colombia: Fiscal sin Ancla, Tasas en Ascenso y Decreto de Emergencia bajo Fuego
La semana estuvo marcada por la publicación de la actualización del Plan Financiero 2026 del Ministerio de Hacienda y por la respuesta inmediata del Comité Autónomo de la Regla Fiscal (CARF), que calificó el escenario fiscal del Gobierno de “poco creíble”. El cierre fiscal de 2025 arrojó un déficit del 6,4% del PIB, con un déficit primario de 3,5% del PIB, el más alto en treinta años excluyendo periodos de crisis macroeconómica. El CARF estimó que entre el MFMP 2022 y el cierre real de 2025, los ingresos se sobrestimaron en 2,5 puntos del PIB y el gasto primario se subestimó en 2,0 puntos. La reducción del déficit total frente al año anterior se explica, en parte determinante, por operaciones de manejo de deuda que redujeron temporalmente el gasto en intereses —de 4,3% del PIB en 2024 a 2,8% en 2025— mediante canjes de bonos a valores por debajo de la par, un alivio contable que no refleja mejora estructural de las finanzas públicas.
Para 2026, el Gobierno proyecta reducir el déficit total al 5,1% del PIB y el primario al 2,1% del PIB, con ingresos totales de $322,3 billones y gasto total de $424,5 billones. El CARF elaboró un escenario inercial sin medidas adicionales en el que el déficit primario sería de 3,7% del PIB y el total alcanzaría 6,7% del PIB, con la deuda neta subiendo a 60,3% del PIB. El faltante estimado para cumplir la meta del Gobierno asciende a $32,1 billones (1,6% del PIB). El Comité advirtió que ni la actualización del Plan Financiero ni el documento técnico del Gobierno detallan la magnitud ni la composición del ajuste de gasto prometido, y que la fecha, el monto y la estructura del decreto de aplazamiento aún no han sido anunciados. En el escenario de materialización de riesgos —reforma laboral, pensional y presiones salariales—, el déficit primario podría escalar a 4,2% del PIB y el total a 7,2% del PIB. El ajuste necesario para estabilizar la deuda se ubica entre 3,5 y 4,5 puntos del PIB, una magnitud sin precedente histórico en plazos cortos para Colombia.
El diagnóstico de los analistas privados es convergente y más severo que el oficial. Corficolombiana proyecta un déficit fiscal del 6,8% del PIB en 2026, con un primario del 3,7% del PIB. Investigaciones Bancolombia sitúa su escenario en torno al 7% del PIB, con una inflación de cierre más cercana al 6,4% que al 5,8% oficial. Moody’s proyecta un déficit del 6%, mantiene la calificación en Baa3 pero advierte que sin ajustes estructurales —especialmente en la rigidez del gasto y la tendencia a sobrestimar ingresos— el perfil crediticio podría deteriorarse hasta perder el grado de inversión. La agencia señaló que con tasas de endeudamiento interno entre el 13% y 14%, la carga de intereses volverá a subir al 3,1% del PIB en 2026, y que el balance primario se mantendrá por encima del 3%, más alto de lo permitido por la regla fiscal, que vuelve a ser vinculante en 2028. El resultado electoral de mayo es para Moody’s una variable directa de la calificación: un gobierno favorable a los negocios que aplique corrección fiscal mejoraría las condiciones de financiamiento; uno que prolongue la laxitud actual comprometería el grado de inversión.
La nota técnica del Ministerio de Hacienda sobre las proyecciones de inflación para 2026 mereció una lectura crítica detallada. El documento proyecta una inflación de cierre de 5,8%, sustentada en tres factores: tensiones energéticas externas, fenómenos climáticos y costos de producción. Sin embargo, el supuesto central de petróleo de US$ 59,2 por barril coexiste en el mismo documento con la advertencia de que el conflicto en Oriente Próximo podría llevar el crudo a US$ 79, unos US$ 20 por encima del supuesto central. Presentar como riesgo futuro lo que es una condición presente reduce la credibilidad técnica del ejercicio. Adicionalmente, el documento trata el alza del salario mínimo con llamativa ambigüedad: en un punto reconoce su transmisión a costos de producción y precios finales, y en el siguiente lo celebra como estímulo a la demanda, sin reconciliar ambas afirmaciones. El Banco de la República subió su tasa de política en 100 puntos básicos en enero, llevándola al 10,25%, precisamente para contener las presiones inflacionarias. Sin embargo, la nota técnica de Hacienda presenta ese mismo endurecimiento monetario como un factor que encarece el financiamiento de las empresas y se traslada a precios finales, tratándolo como causa de inflación y no como remedio. Esa lectura es cuestionable dentro del marco ortodoxo de banca central, y revela una tensión de fondo entre el Gobierno y el Banco de la República sobre el diagnóstico de las causas reales de la inflación en Colombia. El documento no resuelve esa contradicción: la deja coexistir con la proyección de 5,8% sin explicar por qué el ciclo restrictivo en curso no moderará el escenario base ni en qué horizonte se espera que lo haga.
En el frente monetario, la convergencia de proyecciones apunta a un ciclo de alzas más prolongado de lo que el mercado descontaba hace apenas semanas. BBVA Research proyecta 200 puntos básicos adicionales de alza en la tasa del Banco de la República durante 2026, con inicio de recortes hacia finales de 2027. El Banco de Occidente anticipa que la tasa podría alcanzar el 12% hacia junio, con el ciclo restrictivo extendiéndose hasta mediados de 2027. La inflación estimada de cierre por BBVA es 6,5% para 2026 y 5,0% para 2027. En el mercado de deuda pública, los TES tasa fija cero cupón invirtieron su curva por primera vez, con títulos de vencimientos 2028–2032 cerrando con tasas superiores al 14%. Es una señal de mercado que anticipa deterioro del perfil de riesgo soberano en el mediano plazo, más que en el inmediato.
En el plano de la actividad real, la confianza del consumidor medida por Fedesarrollo avanzó apenas 0,1 puntos porcentuales en febrero hasta 18,3%, con el índice de expectativas mejorando 2,5 puntos pero el de condiciones actuales cayendo 3,4 puntos hasta 6,3%. La intención de compra de vivienda se deterioró a -24,4% y la de vehículos a -25,9%. La producción de concreto cayó 1,9% interanual en enero, con la vivienda de interés social desplomándose 23,9%. En el acumulado de doce meses la producción cede 3,2%, con la VIS acumulando una caída del 17,9%. El sector ganadero exportó US$ 25 millones en enero, con 1.513 toneladas de carne —el enero más bajo de la década— afectado por la apreciación del peso: la tasa de cambio pasó de $4.250 en enero de 2025 a menos de $3.700 en enero de 2026, erosionando la competitividad exportadora del sector.
La respuesta fiscal a la emergencia climática abrió otro frente de tensión institucional. El Decreto 0240 de 2026 introdujo un impuesto nacional al consumo de juegos de azar en línea a una tarifa del 16% sobre el GGR, un impuesto de normalización tributaria con tarifa del 19% sobre activos omitidos, y modificaciones al impuesto al patrimonio para personas jurídicas con patrimonio líquido superior a 200.000 UVT. El decreto se articula con el Decreto 0241, que adiciona $8,68 billones al Presupuesto General de la Nación. La crítica del exdirector de la DIAN, Lisandro Junco, y de AmCham Colombia apunta a la misma dirección: el Gobierno está utilizando la emergencia para reactivar medidas tributarias que habían sido suspendidas por la Corte Constitucional o rechazadas por el Congreso, convirtiendo la excepcionalidad en un mecanismo ordinario de política fiscal. La Cámara Colombo Americana advirtió que si la excepción sirve para todo, deja de ser excepción, señalando el deterioro de la predictibilidad jurídica como riesgo para la inversión privada.
El acuerdo entre el Gobierno y el sector financiero bajo el programa Abrigo representa el otro frente de la respuesta a la emergencia. La iniciativa descartó las inversiones forzosas y optó por un esquema voluntario que contempla periodos de gracia de hasta 12 meses sin causación de intereses, conservación de calificación crediticia y suspensión de cobros ejecutivos para deudores en ocho departamentos declarados en emergencia. La meta es otorgar 2,1 millones de créditos durante el primer año, un 15% más que en 2025, con créditos de pequeñas cuantías respaldados por el Fondo Nacional de Garantías con cobertura del 90% y tasas limitadas al IBR más 6 puntos porcentuales. El valor de referencia del programa ronda los $5,2 billones.
Valoración — Colombia
Colombia enfrenta una confluencia de presiones que no tienen solución de corto plazo. El déficit primario más alto en tres décadas, un ciclo monetario que apenas empieza a endurecerse, una curva de TES invertida por primera vez y una calificadora advirtiendo sobre el grado de inversión configuran el escenario más exigente para las finanzas públicas colombianas desde la crisis de fin de siglo. El problema central no es el nivel del déficit sino la ausencia de un mecanismo creíble de ajuste: el Gobierno proyecta una compresión de 1,4 puntos del PIB en el déficit primario sin detallar los recortes que la harían posible, mientras el CARF, Moody’s, Corficolombiana e Investigaciones Bancolombia convergen en estimar un déficit entre 6% y 7% del PIB. La utilización de la emergencia climática para reactivar medidas tributarias suspendidas judicialmente añade un riesgo de credibilidad institucional que va más allá del impacto fiscal inmediato. El ciclo electoral de mayo es la variable que puede reorientar la trayectoria: un ajuste creíble y estructural anunciado por la administración entrante sería la condición mínima para contener el deterioro del perfil soberano antes de que Moody’s convoque su próximo comité de calificación en la segunda mitad del año.
VII. Renta Variable: Otra Semana en Rojo, Estanflación en el Radar
Los mercados accionarios globales cerraron una semana marcadamente correctiva, con Wall Street liderando las caídas y Europa registrando retrocesos más moderados. El S&P 500 cerró en 6.632,19, con una caída semanal del 1,6%; el Dow Jones finalizó en 46.558,47, con un retroceso del 2,0%; y el Nasdaq Composite terminó en 22.105,36, cediendo 1,3%. En el acumulado de 2026, el S&P 500, el Dow Jones y el Nasdaq 100 acumulan caídas superiores al 2%. El Russell 2000, índice más sensible a las condiciones de tasas y crédito doméstico, encadenó su tercera sesión consecutiva a la baja y se sitúa plano desde el 1 de enero tras haber cedido un 9% desde sus máximos históricos de finales de enero.
El driver dominante de la semana fue la escalada del conflicto con Irán y el consecuente shock petrolero asociado al riesgo sobre el estrecho de Ormuz. La combinación de mayores precios de la energía, inflación subyacente rígida —con el PCE subyacente por encima de expectativas y el PIB del cuarto trimestre revisado a la baja hasta 0,7%— y menor margen para recortes de la Reserva Federal elevó los temores de un escenario de estanflación que el mercado aún no descuenta plenamente. La revaluación de ese riesgo se tradujo en compresión de múltiplos especialmente en segmentos de mayor duración como tecnología, donde las valoraciones son más sensibles a la trayectoria de tipos.
En el sector financiero, el Dow Jones fue el índice más castigado por el estrés en el mercado de crédito privado. JPMorgan Chase restringió préstamos a actores de crédito privado, mientras Blackstone enfrentó un aumento en los reembolsos. Las acciones de Blue Owl cayeron con fuerza. En el frente corporativo, Adobe presentó resultados con acogida negativa: la acción cedió un 9% ante las preocupaciones sobre el impacto de la inteligencia artificial en el modelo de negocio del sector de software. En el sector de materias primas, Glencore retomó el interés en una posible fusión con Rio Tinto, favorecida por la subida del precio del carbón, aunque persisten diferencias sobre valoración.
En Europa, el Stoxx 600, el FTSE 100 y el CAC 40 recuperaron parcialmente pérdidas, aunque el balance semanal fue negativo. El IBEX 35 cerró con un descenso del 0,5%, lastrado por Arcelor y el sector industrial, que acusa el encarecimiento de la energía. El CAC 40 retrocedió 0,9% y el EuroStoxx 50 un 0,6%. El episodio más llamativo fue HSBC, cuyas acciones cayeron un 6% después de que el banco anunciara el cierre indefinido de sus sucursales en Qatar, reavivando preocupaciones sobre la exposición del sector financiero europeo a Oriente Medio.
Asia profundizó sus caídas. Corea del Sur descendió 1,7%, Hong Kong un 1,0%, el Topix japonés un 0,6% y el CSI 300 chino un 0,4%. El Nikkei 225 y el Hang Seng también registraron retrocesos. La vulnerabilidad energética de Japón y Corea del Sur ante el bloqueo de Ormuz se tradujo en una prima de riesgo adicional sobre sus mercados, más pronunciada que en China, cuya posición de reservas estratégicas y acceso a suministros alternativos ofrece mayor amortiguación en el corto plazo.
En Colombia, el COLCAP registró un avance semanal del 0,2%, resultado que encubre tres fuerzas contrapuestas. La primera fue el cambio de lectura sobre las elecciones legislativas y consultas del 8 de marzo: lo que inicialmente se interpretó como un resultado favorable derivó hacia una visión más cautelosa ante el aumento de la incertidumbre política de cara al ciclo presidencial. La segunda fue la presión del frente fiscal: la publicación del Plan Financiero y la respuesta del CARF elevaron la percepción de riesgo sobre los activos locales y alimentaron dudas sobre la viabilidad de un ajuste tributario que cubra el faltante de 2026. La tercera fue el efecto parcialmente compensador del shock externo de petróleo: el mayor precio del crudo deteriora el apetito global por riesgo, pero ofrece un soporte específico a Ecopetrol que amortigua parcialmente el impacto negativo sobre la bolsa local.
Valoración — Renta Variable
La dinámica de los mercados accionarios esta semana no es de corrección técnica sino de revaluación de escenario. El riesgo de estanflación —que parecía alejado hace apenas dos meses— vuelve al menú de posibilidades reales: petróleo en US$ 100, inflación subyacente resistente, crecimiento desacelerando y bancos centrales sin espacio para acomodar. En ese entorno, la compresión de múltiplos en tecnología y crecimiento es la reacción racional, no el exceso. El estrés en private credit añade una dimensión sistémica que los índices aún no reflejan plenamente: si JPMorgan restringe préstamos al sector y Blackstone enfrenta reembolsos crecientes, la cadena de transmisión hacia el crédito real es más corta de lo que el mercado descuenta. El COLCAP, por su parte, navega entre el soporte de Ecopetrol y la carga del riesgo fiscal y político doméstico: la divergencia entre ambas fuerzas se resolverá en función de qué dure más, el precio alto del crudo o la incertidumbre preelectoral.
VIII. Renta Fija: Tasas Soberanas al Alza, Curvas bajo Repricing y TES con Soporte Externo
El mercado global de renta fija cerró la semana con un sesgo estructural de presión alcista sobre las tasas soberanas, en un entorno dominado por la persistente incertidumbre geopolítica y la reevaluación de las expectativas de política monetaria. Los Tesoros estadounidenses registraron aumentos generalizados en sus rendimientos: el bono a 2 años subió +15,6 puntos básicos, el de 10 años avanzó +13,8 puntos básicos para cerrar en torno al 4,29%, y el de 30 años subió +14,7 puntos básicos acercándose al 4,9%. El movimiento respondió principalmente a la volatilidad geopolítica derivada del conflicto en Oriente Medio y al repunte del petróleo, aunque hacia el cierre de semana la revisión bajista del PIB del cuarto trimestre y el deterioro de la confianza del consumidor moderaron parcialmente la presión, especialmente en el tramo corto. La curva mostró señales de aplanamiento bajista: los inversionistas exigen mayor prima por plazo en los tramos largos ante la posibilidad de que el choque energético derive en presiones inflacionarias más persistentes, retrasando el calendario de recortes de la Reserva Federal.
El mercado europeo de deuda soberana volvió a deteriorarse con fuerza. El bund alemán a 10 años cerró en 2,98%, su nivel de cierre más alto desde 2011, mientras el tramo corto alemán se mantuvo tensionado cerca del 2,44%. Los gilts británicos continuaron rezagados, con el 2 años en 4,13% y el 10 años en 4,82%, consolidando un repricing que contrasta radicalmente con las dos bajas de tasas que se descontaban al cierre de febrero: el mercado ahora descuenta una subida este año. En la periferia, el BTP italiano a 10 años subió a 3,79% y el spread frente al bund se amplió a 81 puntos básicos, señal de que el endurecimiento financiero empieza a reflejar una prima de riesgo adicional en emisores periféricos. Parte de la violencia del movimiento en tasas respondió a factores de posicionamiento: el desmonte de operaciones apalancadas en estrategias de pendiente y duración amplificó la magnitud de los desplazamientos más allá de lo que justificarían los fundamentos inmediatos.
El mercado de TES en moneda local mostró un comportamiento mixto con predominio de valorizaciones en la curva tasa fija, sostenidas al inicio de la semana por dos factores: el descenso de la prima de riesgo y la lectura del resultado electoral del 8 de marzo como señal de un Congreso más dividido, lo que reduciría la probabilidad de reformas estructurales de rápida aprobación. Las valorizaciones más destacadas se concentraron en el tramo medio: TES agosto 2029 (-23,3 pbs), noviembre 2027 (-22,8 pbs), abril 2028 (-20,3 pbs) y febrero 2030 (-17,2 pbs). Sin embargo, el tramo largo registró presiones: octubre 2050 (+8,8 pbs), febrero 2033 (+4,2 pbs) y noviembre 2040 (+4,1 pbs) cerraron con desvalorizaciones, afectados por el alza de los Treasuries, la subasta de TES de la Nación y la incertidumbre fiscal derivada de la falta de claridad sobre el financiamiento del Plan Financiero 2026. La curva nominal mantuvo una pendiente relativamente empinada con los TES 2033 cerrando en 13,90% y los TES 2028 en 14,00%. La primera inversión de la curva cero cupón, con títulos entre 2028 y 2032 por encima del 14%, es una señal de mercado que anticipa deterioro del perfil de riesgo soberano en el mediano plazo.
En los TES UVR, el comportamiento fue heterogéneo. Las desvalorizaciones en UVR marzo 2027 (+9,0 pbs) respondieron principalmente a una sorpresa inflacionaria a la baja al inicio de la semana que redujo el atractivo relativo de los títulos indexados. En contraste, los nodos UVR febrero 2037 (-13,2 pbs) y UVR febrero 2062 (-10,6 pbs) se valorizaron, respaldados por la expectativa de que la inflación cerrará el año por encima de la meta del Banco de la República, lo que preserva el valor de los títulos de largo plazo indexados.
Desde el punto de vista de flujos, los inversionistas extranjeros extendieron su participación compradora al inicio de marzo con adquisiciones netas por COP$ 602.000 millones, principalmente en TES denominados en pesos. Los bancos lideraron ventas por COP$ 2,58 billones, probablemente por toma de utilidades tras las fuertes compras de febrero. Las AFP y aseguradoras actuaron como compradores marginales. El Gobierno continuó su estrategia de manejo de deuda mediante canjes entre referencias 2029 y 2033 por COP$ 240.000 millones, extendiendo el perfil de vencimientos del portafolio soberano. La demanda externa persistente actúa como amortiguador, pero no neutraliza las presiones fiscales domésticas que pesan sobre el extremo largo de la curva.
Valoración — Renta Fija
El mercado de renta fija global está procesando una transición de régimen: del escenario de desinflación gradual con recortes de tasas predecibles al de inflación resistente con bancos centrales anclados o incluso endureciendo. El bund en niveles no vistos desde 2011 y los gilts revirtiendo completamente las expectativas de baja son señales de que el repricing no es táctico sino estructural. En ese marco, la duración larga es el activo más expuesto: cada dato de inflación por encima de expectativas o cada semana adicional de conflicto en Oriente Medio alimenta la prima por plazo. En Colombia, la demanda externa sostenida en el tramo medio ofrece una ventana de liquidez que el Gobierno aprovecha con canjes para extender vencimientos. Pero la inversión de la curva cero cupón y las tasas por encima del 14% en tramos medios son señales que el mercado está mandando con claridad: sin un ajuste fiscal creíble y cuantificado, la presión sobre la curva nominal no cederá, y el costo de refinanciación de la deuda pública seguirá escalando.
IX. Divisas: DXY en Zona de 100, Aversión al Riesgo y Peso Colombiano como Excepción Regional
El mercado cambiario global vivió una semana de dos velocidades. El inicio fue favorable para las divisas distintas al dólar, pero el cierre estuvo dominado por la aversión al riesgo: el DXY revirtió las caídas del comienzo de semana y terminó con sesgo alcista llegando nuevamente a la zona de 100,3 puntos, acumulando su segunda semana consecutiva de avances. El conjunto de factores que impulsó el fortalecimiento del dólar incluyó la mayor demanda de refugio derivada del conflicto con Irán, el repunte del Brent del 11,8% semanal, el alza del VIX, nuevas tensiones comerciales por investigaciones arancelarias de Estados Unidos y un dato de inflación estable en 2,4% anual con subyacente en 2,5% que redujo la probabilidad de recortes de la Reserva Federal.
Entre las monedas desarrolladas, el euro retrocedió 1,7% hacia la zona de 1,14, presionado por la elevada exposición de la eurozona al encarecimiento de la energía. La libra esterlina cedió 1,4%. El franco suizo, activo refugio por excelencia, retrocedió 1,9%, señal de que la preferencia por liquidez en dólares se impuso incluso sobre otros activos defensivos. El yen japonés continuó debilitándose hacia niveles cercanos a 160 por dólar con una caída del 1,2%, aumentando las preocupaciones sobre una posible intervención de las autoridades japonesas, en un contexto donde la vulnerabilidad energética del país amplifica el impacto inflacionario importado. El dólar canadiense cedió 1,1% y el dólar australiano 0,7% por el deterioro del apetito por riesgo. El yuan chino mostró una depreciación marginal del 0,1%, encontrando soporte en el sólido desempeño exportador de China con un crecimiento del 21,8% anual en los dos primeros meses de 2026.
En América Latina el desempeño fue mayoritariamente negativo, con las divisas andinas particularmente afectadas por la combinación de dólar fuerte, caída de los precios de metales industriales y alta volatilidad en materias primas. El real brasileño cedió 1,6%, el peso chileno 0,9% y el peso mexicano 0,8%. El sol peruano fue la excepción positiva con una apreciación del 0,8% por su mayor resiliencia relativa.
El peso colombiano fue la moneda de mejor desempeño de la región con una apreciación del 1,9% en la semana, aunque moderó parte de su fortaleza hacia el cierre. El USD/COP cerró en COP$ 3.697 tras una sesión volátil con fluctuaciones entre COP$ 3.650 y COP$ 3.715 y un volumen de negociación cercano a US$ 1.400 millones. El comportamiento del peso respondió a una confluencia de factores favorables: el alza del Brent como soporte para una economía exportadora de crudo, una encuesta electoral que sugiere escenarios más favorables para el mercado de cara al ciclo presidencial, y el avance de operaciones de manejo de deuda por parte del Gobierno. La moderación hacia el cierre reflejó la revaluación del DXY y el incremento de la prima de riesgo soberano ante las dudas sobre la credibilidad del Plan Financiero 2026.
Valoración — Divisas
La dinámica cambiaria de la semana sintetiza con precisión el estado del mercado global: dólar como refugio dominante, emergentes bajo presión generalizada y el peso colombiano como anomalía positiva cuya solidez descansa en bases frágiles. El soporte del Brent sobre el peso es real pero reversible: si el precio del crudo modera —por resolución del conflicto o por liberación sostenida de reservas— el factor que diferencia al COP de sus pares regionales se diluye. Lo que queda entonces es el riesgo fiscal y la incertidumbre electoral, que ya empezaron a pesar en el cierre de semana. El yen cerca de 160 es una señal de alerta adicional: si las autoridades japonesas intervienen, el movimiento de reversión puede generar volatilidad cruzada en todos los mercados de divisas. El escenario base apunta a un dólar que mantiene su fortaleza mientras el conflicto en Oriente Medio no se resuelva y la Fed no señale con claridad el inicio del ciclo de recortes.
X. Commodities: Petróleo por Encima de US$ 100, Carbón en Máximos y Metales bajo Presión del Dólar
El mercado de materias primas estuvo dominado esta semana por el shock energético derivado del bloqueo del estrecho de Ormuz. El Brent avanzó 11,8% semanal para cerrar en US$ 103,65 por barril, mientras el WTI subió 8,6% hasta US$ 98,71. La diferencia de magnitud entre ambas referencias refleja la mayor sensibilidad del Brent a las fricciones geopolíticas de suministro en Oriente Medio. Los países productores del golfo Pérsico sin rutas alternativas —Iraq, Kuwait y Emiratos Árabes Unidos— han comenzado a reducir producción ante el llenado rápido de sus infraestructuras de almacenamiento. Aunque la liberación de 400 millones de barriles por la AIE y la exención temporal al petróleo ruso generaron momentos de estabilización, el mercado mantiene precios elevados con una lógica simple: la bajada duradera del crudo depende de una sola condición, la reapertura del estrecho de Ormuz, y esa condición no se ha cumplido.
El carbón de Newcastle, referencia clave en Asia, subió 9,3% hasta US$ 150 por tonelada, su nivel más alto en más de un año, impulsado por la escasez de petróleo y gas que obliga a varios países a replantear su matriz energética. En Europa, los precios del gas natural aumentaron hasta un 30% en las primeras operaciones de la semana. En Asia, los precios spot del gas se duplicaron en pocos días. Taiwán evalúa ampliar la capacidad de generación eléctrica a base de carbón ante la escasez de GNL, luego de que Qatar suspendiera temporalmente operaciones en su mayor planta exportadora tras un ataque con dron. El repunte del carbón es la expresión más directa de la sustitución energética forzada: cuando el gas escasea y el petróleo es inaccesible, el carbón —por más que contradiga la agenda de transición— vuelve a ser solución de emergencia.
El aluminio fue la excepción positiva entre los metales industriales, alcanzando su nivel más alto desde abril de 2022 por encima de US$ 3.500, impulsado por el riesgo sobre la oferta: Oriente Medio representa cerca del 10% de la producción mundial. El cobre retrocedió 0,9% hasta US$ 575,7, presionado por los temores de desaceleración global y el impacto de los mayores costos energéticos sobre la actividad industrial y el complejo minero.
Los metales preciosos mostraron retrocesos que contradicen, al menos en el corto plazo, su condición de refugio. El oro cayó 2,9% hasta US$ 5.019 la onza y la plata cedió 4,7% hasta US$ 80,6. La dinámica responde a la lógica de la tasa real: el alza del petróleo por encima de US$ 100 reavivó los temores de inflación persistente, reforzó el escenario de tasas altas por más tiempo y fortaleció al dólar, encareciendo el oro para compradores con otras divisas y comprimiendo la demanda. El metal amarillo se negoció en torno a US$ 5.100 la onza en los momentos de mayor tensión, pero no logró sostener esos niveles.
En el mercado cafetero colombiano, la carga de 125 kg de pergamino seco FR 94 cerró el viernes 13 de marzo en COP$ 2.119.000, con una leve disminución frente a los COP$ 2.161.000 del día anterior. El precio interno del café, calculado con base en la cotización internacional y la tasa de cambio, recibió en la semana el efecto contrapuesto de una Bolsa de Nueva York con presión mixta y un peso colombiano apreciado, que reduce el valor en pesos de las exportaciones y presiona a la baja el ingreso de los caficultores. La apreciación del COP —mejor moneda de la región en la semana— opera aquí como factor negativo para el sector exportador agrícola.
Valoración — Commodities
El mercado de materias primas esta semana ofrece una lectura de ciclo con implicaciones que van más allá del corto plazo. El petróleo por encima de US$ 100 no es un pico transitorio si el estrecho de Ormuz permanece bloqueado: es el nuevo piso del escenario base mientras la condición de fondo no cambie. El carbón acercándose a máximos de la década revela que la transición energética es vulnerable a cualquier shock de oferta concentrado geográficamente. El aluminio al alza y el cobre a la baja expresan la tensión entre riesgo de oferta puntual y riesgo de demanda global: si la desaceleración se profundiza, el cobre —termómetro de la actividad industrial— seguirá cediendo. El retroceso del oro frente a un shock geopolítico de esta magnitud es la anomalía más relevante de la semana: indica que el mercado está priorizando el riesgo de tasas reales sobre el riesgo geopolítico puro, lo que confirma que la narrativa de estanflación —y no la de crisis geopolítica clásica— es el marco dominante de interpretación.
Nota del Autor
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