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Santiago de Cali, marzo 12 de 2026
Honorables congresistas electos
¡Bienvenidos! Los que se lo merecen y honran dicho lugar. Y los que se colaron. Colados porque pusieron por delante el dinero sobre las ideas, las propuestas y el diálogo con la comunidad. Ojalá hubiera un Estado eficaz que los sancionara y les impidiera tomar posesión. Esta carta recoge unas líneas de discusión y acción para los congresistas reelegidos y los nuevos.
(1). Llegan a una institución que representa la peor legitimidad de lo público. Una institución que los asociados definen como la sumatoria de corruptos, parlanchines y saqueadores. Incompetentes y camaleónicos. La gente dice de ustedes: “Llegaron a recuperar la inversión de su campaña.” “A ellos solo les interesa perpetuar sus privilegios.” Una fama que, en muchas ocasiones, ustedes o sus predecesores, han dado mérito para que así sea. Representan las castas políticas que, teniendo la posibilidad de transformar el país, han preferido sus intereses personales, los de sus partidos o sus cauces electores.
(2). Sobre sus espaldas radica la obligación de dotar de moralidad, transparencia, publicidad, celeridad, mérito y defesa de lo público en cada una de sus actuaciones. Ustedes están en la obligación de honrar el cargo que la sociedad democrática les ha confiado. Esperamos que se hagan del lado de lo justo y de lo digno que orienta la realización del Estado social, constitucional y democrático de derecho. ¿Qué hacen los congresistas? Aunque muchos de ustedes tienen formación jurídica, parecen olvidar que sobre ustedes reposa la enorme responsabilidad de (i) reformar la Constitución (Artículo 374 Superior); (ii) hacer las leyes (Artículo 150 Superior); (iii) adelantar la moción de censura (Artículo 135 # 9 Superior); (iv) ejercer control social, político y legal sobre las actuaciones del Presidente de la República, el Fiscal general y lo magistrados de las altas Cortes (Artículo 174 Superior); (v) también está la función de protocolo, electoral y administrativa (Artículo 141 Superior).
(3). En un sistema republicano es el legislador quien representa el seno natural de la discusión pública sobre las demandas ciudadanas y la garantía de los derechos fundamentales. El Congreso es el escenario natural donde concluyen las tensiones institucionales que se trazan a través de las leyes o los actos legislativos. Pero en Colombia esa función protagónica se desplazó hacia la Corte Constitucional. Ha sido ella, quien ha metido la mano al fuego por la realización de los derechos fundamentales. Ha sido ella la receptora de las esperanzas ciudadanas y los litigios estratégicos de las minorías. Ustedes han postergado, en una omisión dolosa infinita, la defensa de derechos que encarnan la naturaleza del Estado constitucional. La Corte Constitucional ha debido decidir sobre temas que ustedes han mandado al cuarto de rebujo con una indiferencia vulgar.
(4). Colombia es un país donde las minorías (constitucionalmente hablando) encuentran cortapisas que les impide acceder a la protección efectiva de sus derechos. La Corte Constitucional legisla porque al Congreso le ha quedado grande asumir los retos que reclama una sociedad estructuralmente desigual. ¿Quién permitió el matrimonio igualitario? No fue el Congreso sino la Corte Constitucional a través de la Sentencia SU-214 de 2016. ¿Quién permitió el derecho a morir dignamente? La Corte Constitucional a través de la Sentencia T-445 de 2024. ¿Quién permitió el derecho a la IVE? La Corte Constitucional mediante Sentencia C-055 de 2022. Y así ocurrió con el derecho fundamental al agua: Sentencia T-118 de 2018. El derecho a que sea intentado: Sentencia T-057 de 2015. El derecho a un medio ambiente sano: Sentencia C-632 de 2011. El derecho a la seguridad social: Sentencia T-760 de 2008. El derecho a la reparación: Sentencia T-299 de 2025. El derecho a la conectividad digital: Sentencia C-206 de 2025. Y el derecho al cuidado: Sentencia T-124 de 2025.
(5). Si las normas de frontera provienen de la Corte Constitucional, entonces ¿PARA QUÉ CONGRESO? Ojalá sus actuaciones ayuden a enderezar el camino y liderar propuestas valientes que salden las deudas históricas que perpetúan condiciones de desigualdad. Ustedes tienen la obligación de devolvernos a todos los colombianos la salud como un derecho fundamental y no como un negocio macabro. Ustedes serán responsables, y pagarán con sus curules, por cada paciente que muera en una sala de urgencias mientras mendiga una atención especializada o el suministro de un medicamento. Y así debe extenderse la responsabilidad ante la crisis carcelaria o la pésima educación pública que reciben nuestros niños, niñas y adolescentes. Falta agua potable, electricidad y malla vial. Falta cultura ciudadana y educación para lo público. Falta una reforma constitucional que les impida la relección inmediata. Falta una reforma que desatasque la lentitud judicial. Ustedes tienen la competencia para proponer las reformas constitucionales que modifiquen los criterios de elección de los altos funcionarios del Estado, por medio del concurso público de méritos. Y asegurar así que las decisiones institucionales obedezcan a criterios de autonomía, probidad y mérito. Ustedes, y solo ustedes, con voluntad pueden configurar el modelo de Estado que facilite la mayor esfera de dignidad y libertad para todos los sujetos. Tienen cuatro años para hacer apuestas a largo plazo. Para justificar sus curules y entregarnos un país diferente. Por el bien de todos los colombianos, un buen Congreso es una oportunidad maravillosa de cambio. Un Congreso que esté a la altura de las expectativas que exige su lugar dentro de la institucionalidad. Tenemos todo por exigirles y no esperamos menos.
John Fernando Restrepo Tamayo
Ciudadano, sufragante y profesor de derecho constitucional














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