Es realmente necesario el encuentro honesto con las letras, prescindir del complejo social de perfección para abortarse de la matrix; aquí no curarán los LLMs.
Mis intransigentes experiencias son un álbum de aventuras carcomido por termitas en el armario de la conciencia, cada vez más vintage con el paso de los días: mueble del salón secreto de una moral única donde habitan memorias que adolecen mientras maduran. Juzgar mi naturaleza es sencillamente necio.
El papel no es otra cosa que un oasis de sosiego después del mundo y su desierto de sentido. Anécdotas promiscuas son fragmentos de una oda a la pasión que se hizo néctar mientras pervivían los sueños al suspirar por la respiración ajena.
Con los años entendí que el amor finalmente se hacía en el cuaderno: fugaz, profundo, intenso; lo que ahora existe solo porque puedo leerlo.
La creación no será nunca un exceso. Hice tantos poemas como emociones se hicieron carne al saberme habitante y soberana de mi propio cuerpo. Sonreí con tantos rostros que entrené respuestas amables hasta en los peores momentos. Aprendí a contemplar con asombro nuevas miradas que, mientras exista, seguiré descubriendo, haciendo de la tristeza una musa y del dolor un instante bohemio.
¿Qué reemplazará la descarga de las entrañas en el texto? Las sábanas intactas carecen de contexto. Una obra solo es maestra cuando convierte al autor en maestro. Putamente talentosa es la condición humana cuando se expone, dotando de belleza el horror, la miseria y el sufrimiento.
Entre mis piernas sucumbe el miedo a edificar imperios con mi boca. Todo lo que existe fue alguna vez la creencia en un manifiesto.
LIBERTAD es una mujer que arde en su fuego.














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