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Resumen Ejecutivo
La semana del 02 al 06 de marzo quedó definida por la convergencia de tres shocks simultáneos que recompusieron el mapa de riesgo global. La Operación Furia Épica—el ataque conjunto de Estados Unidos e Israel sobre Irán— bloqueó prácticamente el tráfico en el Estrecho de Ormuz y disparó el Brent +27,6% hasta USD 92,52 y el WTI +35,5% hasta USD 90,82, devolviendo ambos contratos a niveles de abril de 2024. De manera independiente, la economía estadounidense destruyó 92.000 empleos netos en febrero y la tasa de desempleo subió al 4,4%, reinstalando el debate sobre estanflación en la antesala de la reunión del FOMC del 18 de marzo. Simultáneamente, la Corte Suprema invalidó el régimen de la IEEPA y obligó al gobierno a devolver USD 166.000 millones en aranceles recaudados, dejando la política comercial en suspenso jurídico. En Europa, la inflación núcleo sorprendió al alza en 2,4% y los gilts británicos registraron su mayor alza semanal desde 2022. En Asia, China redujo su objetivo de crecimiento al mínimo desde 1991 (4,5%–5%) y Japón, con el 95% de su petróleo importado desde Oriente Medio, enfrenta riesgo explícito de estanflación en el escenario adverso.
Los mercados accionarios corrigieron—S&P 500 -2,0%, Dow Jones -3,0%— pero aún cotizan un conflicto de corta duración y una Fed que puede esperar: si alguno de esos supuestos resulta equivocado, la corrección pendiente será de mayor magnitud. El DXY avanzó 1,3% hasta 98,91, con el peso colombiano como mejor desempeño regional con apenas -0,5%, amortiguado por el crudo. Los fondos extranjeros establecieron un máximo histórico mensual de compras en TES: COP$8,14 billones. En Colombia, la inflación de febrero cedió al 5,29% por intervención sobre precios regulados, pero Credicorp Capital proyecta el cierre del año en 6,3% con tasa repo en 11,50%. La agenda local reunió con inusual densidad los dilemas estructurales del país: producción cafetera -36% en febrero, pérdida de 109.000 empleos en hotelería, conversión de deuda con la CAF por USD 3.177 millones a francos suizos y el debate sobre inversiones forzosas en el sistema financiero. El IPEC de Fedesarrollo cerró en 298 puntos: 89 meses consecutivos sin retornar al promedio histórico. Las reuniones del FOMC y el BCE el 18 y 19 de marzo serán el primer test de cuánto espacio tienen los bancos centrales para navegar la bifurcación que esta semana dejó abierta.
La lectura estratégica de la semana se puede resumir en una sola idea: el mundo no está ante una crisis; está ante una bifurcación. Si el conflicto en Oriente Medio se resuelve en semanas, como aún descuentan los mercados, el impacto será absorbible. Si se prolonga o escala, la cadena de consecuencias —estanflación en Estados Unidos y Europa, recesión en Japón, desaceleración adicional en China y reapreciación estructural del dólar— cambiaría las condiciones financieras globales de manera más profunda de lo que los precios actuales reflejan. En ese escenario, la resistencia relativa que muestran hoy los activos colombianos por el canal del petróleo y el flujo externo de TES tendría un horizonte más acotado del que sugiere la coyuntura inmediata. Las próximas dos semanas —con las reuniones del FOMC (18 de marzo) y el BCE (19 de marzo)— serán el primer verdadero test de qué tan preparados están los bancos centrales para navegar la bifurcación.
Estados Unidos
Mercado laboral: una fractura en la narrativa de estabilización
El informe de empleo de febrero de 2026 sacudió los mercados en un momento de extraordinaria sensibilidad macroeconómica. La economía estadounidense eliminó 92.000 puestos de trabajo en el mes, una contracción sin precedentes desde el período pandémico que revirtió con creces el avance de 126.000 empleos registrado en enero, y que se situó muy por debajo de las expectativas del mercado, las cuales oscilaban entre 58.000 y 60.000 nuevas plazas. La tasa de desempleo escaló de 4,3% a 4,4%, y las revisiones incorporadas al reporte acumularon una pérdida adicional de 69.000 empleos en los meses de noviembre y diciembre, lo que profundiza el deterioro estructural del cuadro laboral.
La contracción sectorial tuvo una concentración notable. El sector salud registró la mayor pérdida con 28.000 empleos eliminados, en gran medida asociados a la huelga de trabajadores de Kaiser Permanente que concluyó el 23 de febrero y cuya normalización debería impulsar las cifras de marzo. A ello se sumaron las pérdidas en información (-11.000) y en el gobierno federal (-10.000). El único renglón con dinamismo positivo fue la asistencia social, con cerca de 9.000 plazas adicionales. Los salarios promedio por hora crecieron 0,4% mensual y 3,8% en términos anuales, cifra que, en el contexto de tasas elevadas, no alivia las tensiones del costo de vida.
Para la Reserva Federal, el reporte llega en el peor de los momentos. Tras tres recortes de tasas en el último trimestre de 2025, los funcionarios del banco central habían convergido en la lectura de que el mercado laboral mostraba señales suficientes de estabilización para justificar una pausa prolongada. Ese consenso queda ahora cuestionado. El gobernador Christopher Waller, quien ha advertido sobre fragilidad laboral desde el verano pasado, anticipó con precisión el dilema: una mala cifra de empleo plantea directamente la pregunta de por qué el banco permanecería inactivo. A ello se contrapone el incremento del precio del petróleo derivado del conflicto en Oriente Medio, que añade presión inflacionaria en un entorno donde la inflación ya supera en casi un punto porcentual el objetivo del 2%.
La próxima reunión del FOMC, programada para el 18 de marzo, llega pues con una ecuación de política monetaria más compleja de lo previsto. Los economistas de Jefferies señalaron que, incluso descontando los factores transitorios del clima y la huelga, la cifra de empleo “sigue siendo baja”, y advierten que el riesgo de recesión “ha aumentado”. Desde Fitch Ratings, Olu Sonola resumió con exactitud el estado del tablero: la Fed queda “prácticamente deslumbrada” hasta que las cifras se estabilicen en una tendencia sostenible, en un entorno donde el ruido arancelario, la energía y los nuevos impulsos inflacionarios actúan de manera simultánea.
En cuanto al crédito al consumidor, enero arrojó una expansión de $8.050 millones, por debajo de las expectativas de $12.000 millones y muy lejos de los $25.200 millones revisados de diciembre. El crédito rotativo creció $4.710 millones y el no rotativo —préstamos para automóviles y estudiantiles— sumó $3.340 millones. La desaceleración del crédito confluye con las señales del Libro Beige de la Fed, que identificó en múltiples distritos un freno al consumo derivado de la incertidumbre económica, el aumento de la sensibilidad a precios y la reducción del gasto de los hogares de menores ingresos.
Política Comercial: Aranceles y el Fallo de la Corte Suprema
El frente comercial de Estados Unidos entró en una fase de doble tensión jurídica y ejecutiva. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, confirmó que el aumento de la tasa arancelaria del 10% al 15% ocurriría en el transcurso de la semana, constituyendo la indicación más concreta ofrecida por la administración Trump sobre la escalada de su política comercial. La Unión Europea, sin embargo, anticipó gestiones para quedar exenta del nuevo gravamen con base en el acuerdo marco suscrito con Washington, mientras el representante comercial Jamieson Greer insinuó que el aumento no tendría carácter universal.
El contexto jurídico es de máxima complejidad. El mes anterior, la Corte Suprema había invalidado la mayor parte del régimen arancelario anterior al declarar que el presidente excedió sus atribuciones al utilizar la Ley de Poderes de Emergencia Económica Internacional (IEEPA) de 1977 como fundamento de su guerra comercial en tiempos de paz. El fallo generó de inmediato la obligación de procesar reembolsos por una cifra que la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) cifra en aproximadamente $166.000 millones recaudados bajo los aranceles de emergencia ahora anulados.
El ejecutivo de la CBP, Brandon Lord, reconoció ante el Tribunal de Comercio Internacional que la agencia no puede cumplir con las órdenes de devolución en los plazos establecidos, y que un sistema automatizado de reembolso podría estar operativo en 45 días. El proceso manual alternativo requeriría 4 millones de horas-hombre. El propio presidente Trump proyectó que el proceso de litigación podría extenderse hasta cinco años. Mientras tanto, Bessent reafirmó su convicción de que los aranceles volverán a sus niveles anteriores en cinco meses mediante las disposiciones de las Secciones 301 y 232, que requieren un proceso más lento pero que resultan jurídicamente más robustas que el mecanismo de emergencia invalidado.
Geopolítica y Mercados Energéticos: La Amenaza Estanflacionaria
El conflicto entre Estados Unidos e Israel contra Irán instaló en los mercados globales una prima de riesgo de naturaleza distinta a la de episodios anteriores. La “Operación Furia Épica” alcanzó, en sus primeras 100 horas, un costo estimado de $3.700 millones según el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), con una cadencia diaria que el mismo organismo sitúa en cerca de $891 millones. El secretario de Defensa, Pete Hegseth, señaló que las operaciones apenas comienzan, con estimaciones de duración que varían entre dos y seis semanas según distintos voceros de la administración Trump. Penn Wharton proyecta un costo total de entre $40.000 y $95.000 millones para un conflicto de dos meses, dependiendo del despliegue terrestre y la velocidad de reabastecimiento de municiones.
La dimensión energética del conflicto define su potencial macroeconómico global. El Estrecho de Ormuz, por el que transita aproximadamente el 20% del consumo mundial de petróleo y entre el 20% y 25% del comercio mundial de gas natural licuado, actúa como cuello de botella estratégico. Qatar, productor relevante de gas natural, suspendió operaciones tras ataques con drones iraníes sobre sus instalaciones. Arabia Saudita, el mayor productor mundial de petróleo, interrumpió actividades en una refinería bajo condiciones similares. La respuesta institucional de Washington incluyó el anuncio de la Corporación Financiera de Desarrollo Internacional (DFC) de un plan asegurador de $20.000 millones para respaldar cargamentos marítimos en la región, coordinado con el Mando Central de las Fuerzas Armadas (CENTCOM).
El diagnóstico de BlackRock, el mayor fondo de inversión del mundo con $14 billones bajo administración, nombró con precisión el riesgo: estanflación. La firma identificó tres variables determinantes: la duración de las hostilidades, el grado de interrupción del transporte energético y el desenlace político. La interacción de estas variables definirá si el episodio se limita a un shock de volatilidad de corto plazo o si deriva en algo más persistente. BlackRock estima una ventana de 10 a 14 días como margen de gestión antes de que las disrupciones energéticas se trasladen a precios con efectos persistentes sobre las expectativas de inflación global.
El análisis de Franklin Templeton ofrece una lectura comparativa relevante: la tensión actual en los mercados financieros resulta, hasta ahora, más contenida que la generada por el “Liberation Day” de Trump en abril de 2025, que desató volatilidad simultánea sobre bonos, acciones, petróleo y divisas. Lo que existe hoy es, en términos de la gestora, una arritmia con evolución que demanda seguimiento, no una fibrilación sistémica. Sin embargo, los inversionistas han comenzado a descontar que los recortes de tasas podrían postergarse o ejecutarse a un ritmo más lento, lo que presiona tanto los instrumentos de deuda como los mercados accionarios que habían incorporado un escenario de normalización monetaria.
Para la Reserva Federal, la combinación de un mercado laboral deteriorado y presiones inflacionarias de oferta provenientes de los mercados energéticos recrea las condiciones de un dilema clásico de política monetaria: actuar sobre el empleo en un entorno donde la inflación sigue elevada introduce el riesgo de desanclar expectativas; mantener la tasa sin cambios en un mercado laboral en deterioro prolonga el costo sobre el crecimiento. La reunión del 18 de marzo del FOMC se celebrará sin mapas claros.
La semana que cierra concentra una coincidencia de vectores disruptivos que no había ocurrido de manera simultánea desde los peores episodios del ciclo pandémico. Un mercado laboral que pierde empleo en términos netos, una política comercial en suspenso jurídico, un conflicto militar con impacto directo sobre los mercados de energía y una Reserva Federal que enfrenta el más incómodo de sus dilemas institucionales: el de verse obligada a elegir entre sus dos mandatos en el momento en que ambos apuntan en direcciones opuestas.
No se trata de una crisis sistémica en el sentido técnico del término, pero tampoco de turbulencia ordinaria. Lo que los datos de esta semana revelan es la acumulación de vulnerabilidades que venían construyéndose en distintos frentes —el agotamiento del ciclo laboral post-pandémico, la fragilidad jurídica del andamiaje arancelario, y la dependencia energética de una arquitectura geopolítica inestable— y que ahora confluyen en el mismo instante de incertidumbre.
El dato más revelador no es el número de empleos perdidos en febrero, ni el costo diario de la operación en Irán, ni siquiera el monto de los $166.000 millones en aranceles que deben devolverse. El dato más revelador es la calidad de la incertidumbre: no es la incertidumbre de un ciclo que se desacelera de manera ordenada, sino la de un ciclo que se puede bifurcar. Los mercados lo saben, y por eso la volatilidad de esta semana, aunque más contenida que en episodios previos, tiene una textura diferente. Es la textura de quienes esperan, sin convicción, que el tablero no cambie de juego.
Europa
La economía europea continúa transitando una fase de crecimiento moderado, con señales de resiliencia en el mercado laboral, pero con una dinámica de inversión y producción que todavía refleja debilidad estructural. Al cierre de 2025, el PIB de la Eurozona creció un 0,2% trimestral y 1,4% en términos anuales, confirmando que el bloque mantiene una expansión limitada, afectada principalmente por la desaceleración de la inversión fija y del gasto público, mientras el consumo doméstico ha mostrado mayor capacidad de sostener la actividad. El mercado laboral sigue siendo uno de los principales pilares de estabilidad: el número de ocupados alcanzó 172,6 millones de trabajadores, completando 19 meses consecutivos de crecimiento del empleo.
Los indicadores adelantados de actividad mostraron una ligera mejora durante febrero. El PMI de servicios de la Eurozona subió a 51,9 puntos, desde 51,6 en enero, apoyado por una recuperación de la demanda interna y una reducción de los pedidos pendientes. El PMI compuesto del bloque también avanzó hasta 51,9 puntos, su nivel más alto desde noviembre de 2025, reflejando un mayor dinamismo en los nuevos pedidos y una leve recuperación del ciclo industrial.
La evolución entre las principales economías fue heterogénea. Alemania registró una mejora significativa, con el PMI de servicios en 53,5 puntos y el PMI compuesto en 53,2, impulsado por una recuperación de la demanda y por un mayor dinamismo exportador. Francia permaneció cerca del umbral de contracción, con un PMI compuesto de 49,9, afectado por la debilidad de los nuevos pedidos y del volumen de ventas. España mostró una moderación más visible: el PMI de servicios descendió a 51,9 puntos, su nivel más bajo desde mayo de 2025, debido a la desaceleración de la demanda externa. Italia, por su parte, mantuvo una expansión moderada, con el PMI compuesto en 52,1 puntos, apoyado por la mejora de la producción y de los nuevos negocios.
En el mercado laboral, la región continúa exhibiendo una resistencia notable. Según Eurostat, la tasa de desempleo de la Eurozona descendió a 6,1% en enero, desde 6,2% en diciembre, superando ligeramente las expectativas del mercado. El desempleo juvenil también mostró una reducción hasta 14,8%. Las mayores tasas de paro se registraron en Finlandia (10,2%), España (9,8%), y Francia y Grecia (7,7%), mientras Bulgaria (3,1%), Malta (3,4%) y Eslovenia (3,9%) mantienen los niveles más bajos del bloque.
Las presiones inflacionarias volvieron a situarse en el centro del debate monetario. La inflación armonizada de la Eurozona se ubicó en 1,9% interanual en febrero, ligeramente por encima de la lectura anterior, mientras la inflación subyacente repuntó a 2,4%, reflejando un incremento en los precios de bienes industriales no energéticos y servicios. Aunque el componente energético sigue mostrando una contribución negativa, el repunte de los componentes núcleo sugiere que el proceso de desinflación continúa siendo gradual.
Los precios de producción también mostraron un giro en el corto plazo. El IPP de la Eurozona aumentó 0,7% mensual en enero, tras la caída de -0,3% en diciembre, aunque en términos interanuales todavía registra una contracción de -2,1%, prolongando una tendencia de moderación que se extiende por más de medio año.
Este panorama se desarrolla en medio de un nuevo foco de incertidumbre externa. La escalada del conflicto en Oriente Próximo volvió a presionar los precios de la energía, un factor especialmente relevante para Europa debido a su elevada dependencia energética. El Estrecho de Ormuz, por donde transita cerca del 20% del comercio mundial de petróleo y una proporción significativa del gas natural licuado, reaparece como un punto crítico para la estabilidad de los mercados energéticos. Incluso interrupciones parciales en el transporte o aumentos en las primas de riesgo del transporte marítimo podrían trasladarse rápidamente a los costos energéticos del continente.
El impacto potencial de este choque energético adquiere especial relevancia para economías altamente industrializadas como Alemania, cuya estructura productiva depende de un suministro energético estable y competitivo. El encarecimiento del petróleo y del gas eleva los costos de producción en sectores intensivos en energía como química, metalurgia, vidrio y manufactura, lo que podría afectar tanto la competitividad exportadora como las decisiones de inversión empresarial.
En este contexto, el Banco Central Europeo mantiene una estrategia de prudencia basada en una evaluación constante de los datos. Con la tasa de depósito en 2,0%, la política monetaria se ubica en un terreno considerado neutral, y las autoridades monetarias han reiterado que las decisiones seguirán adoptándose reunión por reunión, evitando reaccionar de forma excesiva ante movimientos puntuales de los indicadores.
Fuera de la Eurozona, el Reino Unido enfrenta un entorno económico algo más desafiante. Las proyecciones de crecimiento para 2026 fueron revisadas a la baja desde 1,4% hasta 1,1%, reflejando el impacto de los mayores costos energéticos y de presiones inflacionarias persistentes. A pesar de ello, el PMI compuesto británico se mantuvo en 53,7 puntos, respaldado por la expansión del sector manufacturero, lo que compensó parcialmente la moderación del sector servicios.
Europa llega a esta semana con una arquitectura macroeconómica que luce razonablemente sólida en sus indicadores de superficie —empleo en máximos históricos, inflación cerca del objetivo, PMI en zona de expansión en los principales países— pero con una vulnerabilidad de fondo que el conflicto en Oriente Medio ha puesto en primer plano: la dependencia energética estructural del bloque y su incapacidad para aislar su ciclo económico de los shocks de oferta externos. La estimación de +0,4 puntos porcentuales de inflación adicional para 2026 derivada del encarecimiento del petróleo y el gas no es, en sí misma, un número alarmante. Lo que sí resulta estratégicamente relevante es que ese impacto recae de manera asimétrica: Alemania, el motor industrial del bloque, es la economía más expuesta, y su Gobierno llega a esta crisis con escaso margen político y una recuperación económica aún inconclusa.
El BCE puede permitirse, por ahora, la postura de “reunión a reunión” sin hipercalibrar. Pero esa comodidad tiene un límite temporal: si las tensiones energéticas se prolongan más allá de las semanas que recogen los futuros actuales, la ecuación cambia. Un shock de oferta sostenido, con inflación núcleo ya por encima del objetivo y expectativas que comiencen a moverse al alza, obligaría al banco central a tomar decisiones en un entorno donde el crecimiento del bloque no tiene margen para absorber un endurecimiento adicional. Ese es el escenario que hoy se cotiza con baja probabilidad, pero que de materializarse definiría el ciclo europeo para los próximos doce meses.
En el plano geopolítico, el distanciamiento entre Reino Unido y Estados Unidos no es un episodio diplomático menor. Es la primera señal visible de que la recomposición del orden atlántico bajo Trump tiene límites que ni los socios más cercanos están dispuestos a cruzar sin condiciones. Para Europa, eso es simultáneamente un problema y una oportunidad: un problema porque debilita la cohesión occidental en un momento de máxima tensión geopolítica; una oportunidad porque abre espacio para que la Unión Europea consolide su propia voz estratégica, tal como lo sugiere el avance del acuerdo UE–Mercosur en un momento en que Washington reorienta su agenda comercial hacia adentro. El tablero europeo está más cargado de lo que los indicadores de corto plazo sugieren.
Asia
China reajusta sus ambiciones; Japón enfrenta su mayor vulnerabilidad energética en décadas
La segunda economía más grande del mundo inauguró la semana con una decisión que define el tono de su ciclo para los próximos cinco años: China redujo su objetivo de crecimiento anual a un rango de entre el 4,5% y el 5%, el nivel más bajo desde 1991, en el marco de las “dos sesiones” celebradas en Pekín. La decisión no es una capitulación ante la debilidad, sino una lectura realista de un entorno donde la crisis inmobiliaria, el bajo consumo interno, el envejecimiento poblacional, las presiones arancelarias de Washington y la pérdida de acceso a petróleo barato de Irán y Venezuela operan de manera simultánea. El primer ministro Li Qiang presentó un informe de 46 páginas que establece más de 100 proyectos prioritarios con énfasis en ciencia, tecnología, inteligencia artificial, energía y transporte. El Plan Quinquenal que se vota al cierre del encuentro describe la arquitectura de una economía que busca sustituir la dependencia exportadora por capacidad industrial propia y consumo doméstico.
Los indicadores de actividad de febrero reflejan las tensiones de ese proceso de reequilibrio. El PMI manufacturero del NBS cayó a los 49,0 puntos (vs. 49,3 en enero), arrastrado por la contracción de la producción, los nuevos pedidos y, de manera particular, la demanda externa. El PMI de servicios aportó apenas 49,5 puntos, sostenido por el efecto estacional del Año Nuevo chino pero sin remontar la zona de expansión. El PMI compuesto retrocedió a 49,5 puntos desde 49,8 en enero. El cuadro de actividad de inicio de 2026 era sólido antes del conflicto en Oriente Medio; la guerra con Irán introduce ahora una variable que los datos de febrero aún no capturan en su totalidad.
Las reservas de divisas de China alcanzaron 3,428 billones de dólares en febrero, su nivel más alto desde noviembre de 2015, con un incremento mensual de 28.700 millones de dólares que extiende a siete meses la racha de ganancias consecutivas. El Banco Popular de China amplió además sus tenencias de oro por decimosexto mes consecutivo, con reservas que alcanzaron 74,22 millones de onzas hoy valuadas en 387.590 millones de dólares, reflejando tanto el alza del metal a nivel global como una estrategia deliberada de diversificación de reservas frente al dólar.
El factor energético es el punto de mayor exposición estratégica de Pekín. Más del 80% del petróleo que transita por el Estrecho de Ormuz tiene como destino compradores asiáticos, con China, India y Japón a la cabeza. China absorbía además más del 80% de las exportaciones petroleras de Irán, una relación construida sobre la base de los descuentos que generan las sanciones occidentales. La interrupción de ese flujo no solo encarece el insumo energético, sino que obliga a Pekín a competir en mercados spot globales en condiciones menos favorables, justo cuando su transición hacia energías renovables aún no cubre la totalidad de su demanda industrial.
La situación de Japón es estructuralmente más vulnerable. El país importa el 95% de su petróleo crudo desde Oriente Medio, con Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita representando cada uno el 40% del total, ambos flujos dependientes del Estrecho de Ormuz. Los combustibles fósiles representan el 80% de su matriz energética primaria, una proporción que persiste en parte por el bajo rendimiento de la energía nuclear tras el accidente de Fukushima en 2011. El PMI compuesto de febrero alcanzó 53,9 puntos, su mayor nivel desde mayo de 2023, impulsado por nuevos pedidos y exportaciones de bienes; pero ese dinamismo de corto plazo contrasta con el riesgo estructural que el conflicto introduce sobre su cadena de costos.
Las proyecciones del Instituto de Investigación Nomura elaboradas por Kiuchi Takahide delinean tres escenarios. En el caso base, con trastornos prolongados pero sin bloqueo total, el petróleo llegaría a 87 dólares por barril, el PIB japonés retrocedería 0,18% y los precios de venta subirán 0,31%. En el escenario adverso, con un bloqueo completo del Estrecho durante un año, el crudo podría alcanzar 140 dólares, replicando los máximos de 2008, con riesgo explícito de estanflación y recesión. El precio minorista de la gasolina en Japón ya acumula su tercera semana consecutiva de incrementos, situando el promedio nacional en 158,5 yenes por litro. El Banco de Japón, que venía evaluando nuevas subidas de tasas, enfrenta ahora una disyuntiva directa: endurecer la política monetaria en un entorno donde la inflación ya se acelera por factores de oferta podría amplificar el daño sobre el crecimiento.
Asia concentra esta semana las dos caras del mismo fenómeno global. China llega al conflicto de Oriente Medio en un momento de reajuste estratégico deliberado: la reducción del objetivo de crecimiento al rango 4,5%–5% no es una señal de alarma, sino de madurez de ciclo. El régimen de Xi Jinping sabe que no puede sostener un modelo de crecimiento basado en exportaciones y construcción cuando ambos pilares están bajo presión simultánea. La apuesta por la inteligencia artificial, la manufactura de alta tecnología y el consumo interno es la respuesta estructural correcta, pero tiene un horizonte de maduración que no coincide con la urgencia del ciclo actual. En el corto plazo, Pekín gestiona la pérdida de acceso al petróleo barato iraní y venezolano sin los instrumentos de ajuste rápido que tiene una economía con tipo de cambio flexible y política monetaria independiente.
El caso de Japón ilustra con precisión la dimensión de riesgo sistémico que el conflicto introduce en las economías asiáticas altamente dependientes de energía importada. Con reservas equivalentes a 254 días de consumo, Tokio tiene margen de maniobra de corto plazo frente a una interrupción física del suministro. Pero no tiene protección contra el alza de precios en los mercados internacionales, que ya se traslada a combustible, electricidad y costos de transporte. La tensión que esto introduce sobre el Banco de Japón es similar a la que enfrenta la Reserva Federal: una inflación impulsada por oferta que no responde al instrumento de tasa, pero que tampoco puede ignorarse políticamente. En ese escenario, la pausa monetaria se vuelve la opción más probable, aunque no la más cómoda. La región asiática, en su conjunto, es la principal víctima colateral del conflicto en el Golfo: no participa en él, pero absorbe la mayor parte de su impacto energético.
América Latina
México: recorte anticipado, crecimiento revisado al alza y clima inversor deteriorado
El consenso de analistas privados encuestado por Citi México anticipó esta semana un desplazamiento de la ventana de recorte de tasas del Banco de México (Banxico): de 35 especialistas consultados, 18 esperan ahora una reducción de 25 puntos básicos en la reunión del 26 de marzo, frente a 15 que proyectaban ese movimiento en la encuesta anterior. La tasa de referencia finalizaría el año en 6,50%, desde el nivel actual de 7,0%. Las expectativas de crecimiento del PIB para 2026 se ajustaron al alza de 1,4% a 1,5%, con un rango que va del 0,6% al 1,8%, cifra que contrasta con la proyección oficial del gobierno de Claudia Sheinbaum de 2,3%. Para 2027, el consenso mantiene una expectativa de 1,8%. El tipo de cambio de cierre de año se estima en 18,18 pesos por dólar, con un rango entre 17,00 y 19,10.
En materia inflacionaria, el consenso proyecta una inflación general de 3,95% anual para febrero y una inflación subyacente de 4,50%, ambas por encima del objetivo de 3,0% de Banxico. Las expectativas de mediano plazo se endurecieron levemente: la inflación núcleo proyectada para cierre de 2026 subió de 4,15% a 4,20%, y la proyección promedio para el período 2028–2032 se mantiene en 3,70%, persistentemente por encima del objetivo. Esta brecha entre las expectativas de largo plazo y la meta oficial es, en sí misma, una señal de que el anclaje inflacionario en México no está completamente consolidado.
La encuesta mensual del propio Banxico a 42 grupos de análisis y consultoría del sector privado dibuja un cuadro de confianza inversora deteriorada. El 48% de los especialistas considera que el momento actual es “malo” para invertir en México, y el 50% declara no estar seguro, frente a un promedio histórico del 35% en esta categoría. Apenas el 3% considera el entorno favorable para la inversión. Los factores que concentran la preocupación son la gobernanza—que agrupa inseguridad, corrupción y debilidad del Estado de derecho con un peso del 44%— y las condiciones externas, donde la geopolítica y la volatilidad en la estrategia comercial de Estados Unidos representan el 25% de los riesgos identificados. La revisión del T-MEC añade una capa de incertidumbre institucional que el sector privado aún no puede cuantificar.
Brasil: repunte industrial con heterogeneidad sectorial
La producción industrial de Brasil sorprendió al alza en enero de 2026, con un crecimiento mensual de 1,8%, el mayor avance desde junio de 2024 y muy por encima de las expectativas del mercado, que proyectaban 0,7%. El avance fue generalizado entre sectores, con vehículos de motor (+6,3%) y productos químicos (+6,2%) al frente. La excepción fue la maquinaria y equipos, que cayó 6,7% por segundo mes consecutivo, lo que introduce una nota de cautela sobre la sostenibilidad del repunte. En términos interanuales, la industria creció 0,2%, interrumpiendo tres meses consecutivos de contracciones. El Bovespa acumula una ganancia del 12% en lo que va del año, mostrándose como uno de los mercados con mejor desempeño en la región.
Argentina: recomposición de reservas, recaudación débil y riesgo país que lateraliza
La economía argentina presenta en el arranque de 2026 una doble dinámica que define el margen de maniobra del gobierno de Javier Milei. Por un lado, el balance cambiario de enero mostró un déficit de cuenta corriente de US$919 millones, casi la mitad del registrado un año atrás (US$1.656 millones), con exportaciones de bienes de US$6.814 millones impulsadas por el sector oleaginoso y cerealero, e importaciones contenidas en US$4.800 millones, el segundo nivel más bajo desde la normalización del acceso al mercado cambiario en 2024. La cuenta financiera exhibió un superávit de US$3.147 millones, apoyado en el REPO de US$3.000 millones del Banco Central (BCRA) y en el flujo de préstamos privados. Las reservas brutas cerraron la semana en US$46.004 millones, con una recomposición de US$444 millones en el período.
La recaudación de febrero registró una caída real interanual de 9,7%, acumulando siete meses consecutivos de retrocesos desde agosto de 2025, con una caída promedio de 6,4%. Los derechos de exportación se desplomaron 40% interanual real y los de importación 27%, reflejando la debilidad del comercio exterior. Los impuestos vinculados a la actividad interna también ceden: el IVA interno bajó 3,4%, créditos y débitos 7,7% y contribuciones patronales 4,5%. La inflación semanal del indicador IPC Invecq se ubicó en 0,4%, con alimentos y bebidas en 0,6%, y el promedio móvil de cuatro semanas descendió a 2,7% desde el 2,9% del cierre de febrero.
En los mercados financieros, el petróleo Brent acumuló una suba cercana al 28% en la semana, cerrando en torno a US$93 por barril, lo que genera para Argentina un efecto mixto: mejora la balanza energética en un contexto de creciente producción local, pero introduce presiones inflacionarias globales y locales. El Merval varió apenas 0,2% semanal y acumula una caída del 11% en el año. El riesgo país operó cerca de los 600 puntos básicos durante la semana, cerrando en 575 puntos, con un alza de 64 puntos desde finales de enero, mientras que el EMBI latino solo avanzó 6 puntos en el mismo período, lo que evidencia que el deterioro argentino tiene componentes propios adicionales a la volatilidad regional. El BCRA compró US$291 millones en la semana y acumula compras por US$3.006 millones en el año.
Venezuela: retorno de la inflación oficial tras más de un año de opacidad
El Banco Central de Venezuela publicó esta semana las cifras de inflación que habían permanecido ocultas por más de un año. Los datos revelan que la inflación anual de 2025 alcanzó el 475%, muy por encima del 48% registrado en 2024. El repunte estuvo marcado por la inestabilidad política posterior a las elecciones presidenciales de julio de 2024 y por las sanciones económicas de Estados Unidos, que incluyeron el bloqueo petrolero. En enero de 2026, la inflación mensual fue de 32,6%, la más alta desde enero de 2023, aunque en febrero retrocedió a 14,6%. La publicación marca la primera vez que la institución divulga información oficial desde noviembre de 2024.
La región frente al conflicto: efectos mixtos con asimetrías nacionales
El conflicto en Oriente Medio genera para América Latina un conjunto de efectos que no son uniformes ni necesariamente negativos en el corto plazo. Los países productores de petróleo —entre ellos Colombia, México, Brasil y Venezuela— se benefician del alza del crudo, que ya acumula más de 20% desde el inicio de las hostilidades. Las conexiones marítimas y aéreas de la región con el resto del mundo prácticamente no pasan por el Estrecho de Ormuz, lo que la sitúa en una posición de menor vulnerabilidad logística relativa frente a las disrupciones del comercio euroasiático. La principal amenaza económica de un conflicto prolongado llegaría por la vía de un choque inflacionario global de energía y por el impacto sobre el crecimiento de China, el mayor socio comercial de la región. En el plano político, los gobiernos latinoamericanos han optado mayoritariamente por el llamado al diálogo, con la excepción de Argentina y Paraguay, que respaldaron explícitamente las acciones militares de Washington.
América Latina llega a esta semana con una heterogeneidad estructural que el conflicto en Oriente Medio amplifica antes que reduce. México es el caso de mayor complejidad: un ciclo de recorte monetario que se adelanta, una economía que crece por debajo del potencial, un clima inversor deteriorado en el que la gobernanza pesa más que la inflación o la política monetaria, y la revisión del T-MEC como variable de fondo que ningún dato de corto plazo puede despejar. La brecha entre el 2,3% que proyecta el gobierno de Sheinbaum y el 1,5% del consenso privado no es una discrepancia técnica menor: es una divergencia sobre la lectura del ciclo que tiene consecuencias directas sobre la programación fiscal y la credibilidad de las metas.
El caso de Argentina ilustra la fragilidad de una estabilización que aún depende del flujo de capitales para sostener la acumulación de reservas. La recomposición semanal del BCRA y el superávit de cuenta financiera son señales positivas de corto plazo, pero la recaudación débil por séptimo mes consecutivo, el riesgo país que lateraliza por encima de los 500 puntos básicos y el Merval con una pérdida acumulada del 11% en el año dibujan un entorno donde la confianza del mercado no ha terminado de consolidarse. La incertidumbre electoral de 2027 y el perfil de vencimientos de deuda son los dos factores que más pesan sobre ese horizonte. La publicación de cifras de inflación por parte del Banco Central de Venezuela después de más de un año de opacidad es, en el extremo del espectro, un recordatorio de que la transparencia institucional no es un lujo sino una condición mínima de funcionamiento económico.
La oportunidad que abre el conflicto para los exportadores de energía de la región es real, pero tiene una condición: que el alza del crudo no se prolongue hasta convertirse en un choque inflacionario que erosione el poder adquisitivo y las condiciones de financiamiento. La región sabe gestionar volatilidad energética; lo que no puede absorber con la misma facilidad es un ciclo global de tasas altas sostenidas que encarezca su deuda externa y comprima el margen fiscal de los gobiernos justo cuando varios de ellos enfrentan calendarios electorales exigentes.
Colombia
Inflación de febrero: moderación aparente con riesgos estructurales intactos
El DANE reportó para febrero de 2026 una variación mensual del IPC de 1,08%, con una inflación anual de 5,29%, levemente por debajo del 5,35% de enero y significativamente inferior al 5,52% que proyectaba el consenso de Fedesarrollo. El resultado ofrece una apariencia de moderación que, al desagregarse, revela una composición más compleja. Las divisiones con mayor presión sobre el índice fueron Educación (5,64% mensual), Restaurantes y hoteles (1,38%) y Alimentos y bebidas (1,30%). En términos anuales, las presiones más persistentes se concentran en Restaurantes y hoteles (9,61%), Salud (7,82%), Bebidas alcohólicas y tabaco (7,76%) y Educación (7,44%).
El factor que explicó la sorpresa a la baja fue la caída de la inflación de precios regulados al 4,05% anual, frente al 5,48% de enero y el 7,22% de febrero de 2025. El componente energético cerró en -2,73%, directamente vinculado a la decisión del Gobierno Petro de reducir el precio de la gasolina en $500 por galón el mes anterior. Credicorp Capital interpretó esta estrategia como una lógica de “martingala”: medidas de corto plazo que sesgan positivamente la distribución de retornos inflacionarios en lo inmediato, a cambio de una exposición creciente a riesgos fiscales y regulatorios de cola. En otras palabras, la moderación de febrero no refleja una desinflación autónoma del ciclo, sino una intervención de precios con costo diferido.
La lectura de Credicorp Capital para la trayectoria de política monetaria es reveladora. La firma mantiene su estimación de inflación de cierre de 2026 en 6,3% y prevé que la tasa repo del Banco de la República alcanzará el 11,50% en diciembre, con un incremento de 75 puntos básicos como escenario base para la reunión de marzo. La composición del índice —con inflación básica que sigue subiendo mientras la titulares cede por regulados— exacerba, según la firma, la divergencia de opiniones dentro de la Junta Directiva del BanRep: la mayoría subrayará el comportamiento al alza de los componentes subyacentes; la minoría destacará la moderación del titular. Esa tensión interna no es menor en un banco central cuya credibilidad depende de la consistencia entre su lectura del ciclo y sus decisiones de tasa.
Incertidumbre económica: 89 meses sin retornar a la normalidad
El Índice de Incertidumbre de la Política Económica de Fedesarrollo (IPEC) se ubicó en 298 puntos en febrero, una reducción de 91 puntos frente al convulsionado enero (389) y 3 puntos por encima del mismo mes de 2025 (295). La mejora mensual es real, pero el contexto histórico la relativiza con precisión: el índice completa 89 meses consecutivos por encima de su promedio histórico de largo plazo (100), y el nivel de febrero supera en 41 puntos el promedio de todo 2025. La incertidumbre estructural en Colombia no ha retornado a ningún parámetro de normalidad prepandemia ni pre-crisis de 2022. La categoría que concentra el mayor peso del índice es la de política económica, social y geopolítica con el 44,9% del total, aunque con una caída de 11,8 puntos porcentuales frente a febrero de 2025. El ascenso de la categoría de Seguridad (+7,7 pp interanual) es la señal más preocupante del período: el conflicto armado y las negociaciones de paz pesan cada vez más como factor de riesgo económico en la percepción de los agentes.
Salario mínimo, empleo hotelero y desindustrialización: tres lecturas de un mismo problema
La Asociación Hotelera y Turística de Colombia (Cotelco) reportó la pérdida de aproximadamente 109.000 empleos en el subsector de alojamiento y servicios de comida desde la entrada en vigencia del nuevo salario mínimo de $2 millones —un alza de 23,7%—, con una reducción de la población ocupada del sector de 1,75 millones a 1,64 millones de personas. El valor de la nómina de los establecimientos de alojamiento aumentó 19% en enero de 2026 frente al mismo mes de 2025, y el 54,7% de los establecimientos reportó caída en ventas durante enero. El impacto fue total en Cesar, Cundinamarca, Nariño y Norte de Santander, donde la totalidad de los establecimientos consultados registró reducción de ingresos. El presidente Petro contestó citando cifras agregadas de empleo, pero la divergencia entre el dato macro y el sectorial es justamente lo que advierte la teoría: un salario mínimo que supera en exceso el crecimiento de la productividad genera destrucción de empleo formal concentrada en sectores intensivos en mano de obra, aunque los totales nacionales puedan mostrar resistencia transitoria.
El informe de ANIF sobre desindustrialización agrega el marco estructural que conecta estos fenómenos. En los últimos 20 años, la participación de la industria manufacturera en el PIB de Colombia cayó del 16% al 9,9%, una pérdida del 38% de su tamaño relativo a una tasa de reducción promedio del 2,3% anual. El fenómeno no es una transición hacia servicios de alta tecnología como ocurre en economías desarrolladas: el sector servicios creció apenas 0,5% anual en ese período, y sectores como información y comunicaciones redujeron su participación del 3,5% al 2,3%. Lo que ha ganado terreno es el agro, que en 2025 alcanzó un tamaño equivalente al de toda la industria manufacturera. Colombia es el único país del grupo de referencia regional —junto a Chile, Brasil, México y Perú— que no ha recuperado sus niveles de inversión prepandemia, situándose un 8,2% por debajo, con la tasa de inversión más baja de la región: 16%.
La producción de café, principal producto de exportación agrícola del país, añade otra alerta sectorial: en febrero de 2026 cayó 36% interanual, con exportaciones en retroceso del 32% y una producción mensual de apenas 869.000 sacos. En el año móvil (marzo 2025 – febrero 2026), el acumulado totaliza 12,72 millones de sacos, un retroceso del 14% frente a niveles históricos previos. Las condiciones climáticas adversas son la causa inmediata, pero la respuesta del gremio —fertilización intensiva y renovación de cafetales— requiere tiempos de madurez que no coinciden con la urgencia exportadora del corto plazo. El país ha tenido que importar 1,32 millones de sacos en el año móvil para cubrir la demanda industrial interna.
Frente fiscal y financiero: deuda, pensiones e inversión forzosa
El Ministerio de Hacienda ejecutó esta semana la mayor operación de conversión de moneda en préstamos soberanos con la CAF en la historia del país: 13 créditos por un monto total de US$3.177 millones fueron convertidos a francos suizos (CHF) y a una combinación de pesos colombianos y francos suizos, con tasas de interés fijas. En las operaciones en pesos, la tasa quedó en promedio 820 puntos básicos por debajo del rendimiento de los bonos soberanos locales de vida promedio equivalente, con un tipo de cambio utilizado cercano a COP$3.650 por dólar, inferior en $50 al promedio de mercado. La operación busca reducir la exposición a la volatilidad del dólar, diversificar las monedas de referencia de los pasivos y modificar el perfil del servicio de la deuda. La elección del franco suizo no es casual: en la coyuntura actual, la divisa helvética se ha convertido en uno de los activos refugio de mayor demanda global, con el Banco Nacional de Suiza (BNS) emitiendo una nota inusual de intervención cambiaria ante su apreciación por primera vez por encima de 1,1 francos por euro. Para Colombia, endeudarse en una moneda que se aprecia introduce un riesgo de costo de deuda adicional si las tensiones geopolíticas se prolongan.
En materia pensional, el borrador de decreto del Ministerio de Trabajo que obliga a las Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP) a transferir de inmediato cerca de $25 billones a Colpensiones genera una alerta de sostenibilidad fiscal de largo plazo. Según cálculos de ANIF, el nuevo Fondo de Ahorro del Pilar Contributivo (FAPC), administrado por el Banco de la República, arrancaría con $5 billones menos frente al escenario previsto en la reforma pensional, brecha que se ampliaría a $15,2 billones para 2030. El alivio de caja inmediato que genera la medida al gobierno es real pero transitorio: cuando los recursos del fondo se agoten, la diferencia deberá cubrirse con el Presupuesto General de la Nación, lo que implica más impuestos, recorte de gasto o mayor endeudamiento. El sistema pensional reformado arranca con una debilidad de capitalización que hipoteca su sostenibilidad desde el primer día.
La reunión entre el presidente Petro, el ministro de Hacienda Germán Ávila y representantes de la banca privada —encabezados por Asobancaria, Bancolombia, BBVA, Davivienda y Banco Caja Social— giró en torno a tres ejes: el traslado de ahorros pensionales, la política de crédito para la zona de desastre en el Caribe colombiano, y el alcance de las inversiones forzosas contempladas en el decreto de emergencia económica. La figura de la inversión forzosa —que obliga a las entidades financieras a destinar una porción de los recursos captados a instrumentos definidos por el Estado— involucraría a cerca de 38 millones de colombianos con recursos en el sistema bancario. El debate entre el gobierno y el sector financiero aún no ha producido decisiones definitivas, pero la incertidumbre regulatoria que genera es, en sí misma, un costo para la confianza inversora.
La semana económica de Colombia revela, con una claridad poco frecuente, la anatomía de una economía atrapada entre la urgencia política de corto plazo y las necesidades estructurales de mediano plazo. La inflación de febrero baja por regulados administrados, no por enfriamiento autónomo de la demanda ni por desinflación de los componentes subyacentes. La desindustrialización avanza a una tasa de 2,3% anual hace dos décadas sin que ninguna política industrial haya logrado revertirla. El ajuste del salario mínimo genera destrucción de empleo formal en los sectores más intensivos en mano de obra. El café, producto insignia de la economía agrícola, cae un 36% en producción mensual. Y el sistema pensional arranca con una brecha de capitalización que ANIF cuantifica en $15,2 billones para 2030. Cada uno de estos fenómenos tiene su propia lógica; la suma de todos ellos configura un cuadro de fragilidad estructural que el dato superficial de inflación por debajo de las expectativas no puede enmascarar.
El frente fiscal es el que más merece vigilancia estratégica. La conversión de US$3.177 millones de deuda a francos suizos en un momento en que esa divisa se aprecia como refugio global introduce un riesgo de costo no lineal si el conflicto en Oriente Medio se prolonga. Las inversiones forzosas al sistema financiero, el traslado de $25 billones de las AFP a Colpensiones y la presión sobre la banca para financiar la emergencia climática del Caribe son, por separado, decisiones discutibles; acumuladas en el mismo período, ejercen una presión regulatoria y fiscal que el mercado financiero ya descuenta con un clima inversor deteriorado. El IPEC en 298 puntos —casi tres veces el promedio histórico— y el hecho de que la categoría de Seguridad sea el componente de mayor crecimiento interanual del índice son las señales que mejor resumen el estado del país: una economía que no ha encontrado el camino de vuelta a la normalidad porque las condiciones que generarán esa normalidad aún no se han construido.
Renta Variable
Mercados globales: corrección técnica con sustrato macroeconómico
La semana comprendida entre el 2 y el 6 de marzo de 2026 dejó en los mercados accionarios globales una corrección que no fue uniforme en su intensidad pero sí coherente en su origen: la confluencia de un choque energético de oferta, un mercado laboral estadounidense que perdió empleo neto en febrero y una Reserva Federal sin espacio para actuar con claridad recompondrán el mapa de riesgo de manera simultánea. El S&P 500 cerró en 6.740,02 puntos con una caída semanal del 2,0%; el Dow Jones retrocedió 3,0% hasta los 47.501,55 puntos; y el Nasdaq Composite cedió 1,2% para cerrar en 22.387,68 puntos. La menor pérdida del Nasdaq sugiere que el mercado aún mantiene confianza relativa en el bloque tecnológico frente a los sectores más expuestos a costos energéticos y ciclo económico.
El deterioro tuvo tres capas temporales distintas a lo largo de la semana. La primera fue el impacto inicial de la escalada militar en Irán, que elevó de manera inmediata las expectativas de inflación y comprimió las perspectivas de crecimiento al encarecer el insumo energético en toda la cadena productiva. La segunda fue un alivio táctico el miércoles, cuando la moderación transitoria del crudo y datos mejores de lo esperado en servicios y empleo privado generaron un rebote que el mercado usó para reducir posiciones, no para revertir el sesgo. La tercera y más significativa fue el reporte de empleo del viernes, que con 92.000 puestos eliminados en febrero y una tasa de desempleo de 4,4% clausuró la posibilidad de que el mal desempeño previo de la semana fuera percibido como sobrerreacción. Las acciones de Royal Caribbean acumularon una caída del 10% en la semana ante el alza del combustible.
Europa y Asia: divergencia selectiva en un entorno adverso
Los índices europeos replicaron el tono negativo, con el Stoxx 600, el FTSE 100 y el CAC 40 cerrando a la baja. Sin embargo, la sesión contempló movimientos positivos que revelan las dinámicas sectoriales que el conflicto activa. La empresa alemana de defensa Renk subió un 7%, reafirmando la lógica que ha impulsado al sector defensivo europeo desde el inicio de las tensiones globales. ITV avanzó igual porcentaje tras conocerse negociaciones en curso con Sky sobre una posible venta de su negocio de televisión, mientras que la sueca Sectra lideró al Stoxx 600 con un inbcremento de casi 14% después de reportar un crecimiento del 8% en ventas netas, recordando que la tecnología médica mantiene tracción independiente del ciclo macroeconómico. La finlandesa Neste ganó 18,32%, beneficiándose del efecto de oportunidad que el conflicto genera en el mercado europeo de refino ante las disrupciones en Oriente Próximo y Rusia. Teleperformance avanzó 10,33% apoyada en una valoración deprimida de cinco veces el resultado bruto de explotación y compras oportunistas, aunque la amenaza de la inteligencia artificial sobre su modelo de negocio de subcontratación de servicios sigue sin resolverse. En Asia, la sesión fue mixta, con alzas en el Hang Seng y el Nikkei 225 mientras el Nifty 50 indio profundizó pérdidas.
La situación de Adidas merece lectura particular. La multinacional alemana guio para 2026 un beneficio operativo de alrededor de 2.300 millones de euros, cifra que decepcionó al mercado y llevó a la acción a caer 4% hasta su mínimo en tres años, en una reacción similar a la registrada previamente por On Holding. Sus objetivos de mediano plazo contemplan crecimientos de ventas a tipo de cambio constante a ritmo alto de un dígito en 2027 y 2028, con beneficio operativo creciendo a tasa compuesta de dos dígitos. La extensión del mandato del CEO hasta 2030 busca dar continuidad al giro estratégico: luego de capitalizar la demanda en modelos retro como las Samba y Spezial, la empresa apunta ahora al segmento de rendimiento en running y fútbol, con mayor autonomía operativa. El mercado castiga la transición antes de ver sus frutos, un patrón recurrente en compañías de consumo en fase de reinvención estratégica.
COLCAP: corrección moderada sostenida por Ecopetrol y Grupo Sura
El COLCAP cerró la semana en 2.175,41 puntos, con una caída semanal del 2,1%, en una dinámica donde los factores corporativos locales atenuaron parcialmente el impacto del entorno global adverso. Ecopetrol fue el eje de la sesión: reportó una utilidad de $9 billones para 2025, la más baja desde la pandemia, aunque acompañada de continuidad en su plan de inversión y producción para 2026. La acción cerró con un avance del +2,32% y fue la más negociada de la sesión con COP$111.568 millones en volumen, beneficiándose del alza internacional del crudo que mitiga la lectura negativa de los resultados anuales. Grupo Sura aportó soporte al bloque financiero y de holdings con noticias corporativas favorables: crecimiento sólido de utilidades y una propuesta de dividendo superior a la del año anterior, aunque las acciones preferentes cerraron entre las tres más negociadas con COP$27.510 millones sin lograr compensar el sesgo bajista del índice general.
En el frente de movimientos individuales, el Banco de Occidente encabezó las ganancias con +8,00%, seguido de Conconcreto con +7,56% tras la publicación de resultados del cuarto trimestre de 2025. Las mayores pérdidas correspondieron al Banco de Bogotá con -6,89%, seguido de PF Banco Davivienda (-5,31%) y Enka (-5,00%). En el frente corporativo, ISA comunicó la salida de su director de Aprovisionamiento Corporativo y publicó la lista de candidatos para su Junta Directiva, que contempla cinco nominados por Ecopetrol, tres por las AFP y uno por EPM. Por su parte, la Corte de King’s Alberta en Canadá autorizó a Canacol Energy a suspender sus reportes ante la Superintendencia Financiera y la Bolsa de Colombia en el marco de su proceso de insolvencia y la recepción de ofertas de venta, una situación que refleja las presiones que el entorno de tasas altas y deuda en dólares ha generado sobre las compañías medianas del sector energético local.
Los mercados accionarios de esta semana no tuvieron una corrección de valuación técnica: tuvieron una corrección de narrativa. Hasta hace dos semanas, el escenario base de los mercados era un aterrizaje suave con recortes graduales de tasas, crecimiento sostenido y tensiones comerciales manejables. Esa narrativa descansaba sobre tres supuestos que la semana del 2 al 6 de marzo cuestionó de manera simultánea: que el mercado laboral de Estados Unidos seguiría creando empleo, que la Reserva Federal tendría claridad sobre la dirección de la política monetaria, y que los precios energéticos se mantendrán en rangos predecibles. Los tres supuestos se rompieron o se pusieron bajo presión significativa en la misma semana.
Lo que los índices aún no reflejan completamente es el escenario de estanflación que comenzó a circular como posibilidad real en los análisis de BlackRock, Schroders y Fitch Ratings. Las correcciones del S&P 500 y el Dow Jones son significativas en la semana pero modestas frente a lo que implicaría un cambio de régimen hacia estanflación. El mercado aún cotiza un conflicto de corta duración, una Fed que puede esperar y una inflación de energía que se disipa en semanas. Si alguno de esos supuestos se confirma incorrecto —y la semana ofreció evidencia en contra de los tres— la corrección pendiente sería de mayor magnitud. El COLCAP, sostenido por el efecto precio del crudo sobre Ecopetrol y por resultados corporativos sólidos en el bloque financiero, tiene un amortiguador que los índices globales no tienen en igual medida. Pero ese amortiguador tiene un límite preciso: el mismo nivel del precio del petróleo que hoy lo protege puede, si se convierte en un choque inflacionario sostenido, deteriorar el consumo, comprimir los márgenes sectoriales y endurecer la postura del BanRep más allá de lo que el mercado local tiene descontado.
Renta Fija
Tesoros de EE.UU.: entre la resiliencia económica y el choque de desempleo
La renta fija global transitó durante la semana del 2 al 6 de marzo por una dinámica de doble tensión: los bonos soberanos absorbieron presiones alcistas sobre rendimientos derivadas del choque energético y las expectativas de inflación, para luego recuperar parcialmente terreno al cierre, cuando el deterioro del mercado laboral estadounidense reactivó la demanda por duración. Los Tesoros de EE.UU. cerraron la semana con rendimientos netos más altos en toda la curva: el tramo a 2 años avanzó +17,9 puntos básicos; el 10 años subió +20,3 pbs; y el 30 años cerró con un incremento de +15,3 pbs. El movimiento fue impulsado en la mayor parte de la semana por la combinación del ISM manufacturero en zona de expansión, un reporte ADP de empleo privado mejor a lo esperado y el efecto del alza del petróleo sobre las expectativas inflacionarias. Sin embargo, el reporte de nóminas del viernes introdujo un giro: con 92.000 puestos eliminados en febrero y desempleo en 4,4%, la tasa del 10 años retrocedió cerca de 3 pbs hasta 4,10%, y el 2 años cedió 5 pbs hasta 3,53%, reflejando la mayor sensibilidad del tramo corto a los cambios en las expectativas de política monetaria. Los mercados de swaps ajustaron las probabilidades de flexibilización, pasando a descontar cerca de 44 pbs de recortes acumulados hacia diciembre desde aproximadamente 35 pbs antes del dato laboral.
Europa: bear flattening y la mayor presión sobre gilts desde 2022
El episodio de mayor tensión en los soberanos europeos se concentró en los gilts británicos, donde el tramo a 2 años subió hasta 21 pbs, alcanzando 4,02%, su nivel más alto desde octubre, mientras el 10 años llegó a cotizarse entre 4,67% y 4,72%, registrando su mayor alza semanal desde 2022. La presión se extendió al resto del bloque: el bund alemán a 10 años avanzó hacia 2,86%, el BTP italiano a 10 años cerró en 3,63% con un incremento de +7 pbs, y el diferencial BTP-Bund se amplió a 77 pbs, reflejando un deterioro del sentimiento hacia los activos periféricos en un entorno de mayor riesgo de prolongación del choque energético. La dinámica configurada a lo largo de la semana fue de bear flattening: los tramos cortos suben más que los largos, una señal de que los inversionistas esperan que los bancos centrales no puedan recortar tasas en el corto plazo aun cuando el ciclo de crecimiento se desacelera. Para el Banco de Inglaterra y el BCE, esto restringe el margen de acción en un momento en que la combinación de menor crecimiento y mayor inflación de energía reproduce exactamente el dilema que los mercados temen: no poder recortar sin agravar la inflación, ni subir sin ahogar la actividad.
TES colombianos: mariposa en tasa fija, desvalorización en UVR y máximo histórico de flujo extranjero
La curva de TES Tasa Fija exhibió durante la semana una dinámica tipo “mariposa”: la parte media del tramo sufrió las mayores desvalorizaciones, con el vencimiento febrero 2030 subiendo +22,0 pbs, el agosto 2029 sumando +21,5 pbs y el septiembre 2030 avanzando +19,0 pbs. Estas presiones respondieron al arrastre de los Tesoros estadounidenses, a la depreciación del peso en la primera parte de la semana y a un sesgo de cautela ante el dato de inflación y el ciclo electoral, amplificado por el incremento de montos en las subastas del Ministerio de Hacienda. En contraste, los extremos de la curva se valorizaron: los vencimientos julio 2046 (-29,7 pbs), noviembre 2040 (-23,4 pbs) y octubre 2050 (-22,4 pbs) redujeron rendimientos, apoyados por la compresión de la prima de riesgo soberano y la revaluación del peso hacia la mitad de la semana. Los tramos muy cortos también mostraron valorizaciones moderadas, con el agosto 2026 en -9,9 pbs y el noviembre 2027 en -9,8 pbs, consistentes con la revaluación de las expectativas de recorte del Banco de la República en el margen.
Los TES UVR registraron una desvalorización más generalizada y de mayor magnitud en los tramos cortos e intermedios: el UVR abril 2029 subió +64,5 pbs y el UVR marzo 2027 avanzo +52,0 pbs, reflejando el impacto de la depreciación cambiaria sobre las expectativas inflacionarias de corto plazo y presiones técnicas de oferta asociadas a posibles flujos de extranjeros. El movimiento ocurrió pese a la alta demanda observada en la subasta primaria y a que las expectativas de inflación implícitas frente al cierre de febrero lucen más moderadas. El resto de la curva UVR también ajustó al alza, con el UVR febrero 2062 sumando +24,0 pbs. El mensaje de los TES UVR es que el mercado no tiene plena confianza en que la desinflación colombiana se sostenga en el corto plazo, en particular frente a la volatilidad cambiaria y al impacto energético global.
En el tramo de tasa fija, las operaciones del día de cierre configuraron una sesión de empinamiento moderado con ajuste generalizado: los TES feb-33 subieron 9 pbs hasta 13,89%; los TES nov-27 avanzaron 6 pbs a 13,90%; los abr-28 aumentaron 12 pbs a 14,14%; y en los tramos largos, el jun-32 subió 14 pbs a 14,05%, el oct-34 aumentó 15 pbs a 13,50% y el oct-50 ascendió 9 pbs a 13,07%. El contexto macroeconómico de oferta es relevante: al cierre del primer bimestre de 2026, el Gobierno ejecutó el 12,1% del Presupuesto General de la Nación, con pagos por COP$66,2 billones, a lo que se suma la ejecución de COP$19,5 billones del rezago presupuestal de 2025, equivalente al 40% de ese componente. El servicio de la deuda ha avanzado al 20,9% del total presupuestado para el año, un ritmo de gasto elevado que el mercado monitorea con atención como factor de presión sobre la oferta de papel soberano.
El dato estructuralmente más significativo del período es el flujo de inversores extranjeros: los fondos internacionales realizaron compras netas por COP$8,14 billones en TES durante febrero, un máximo histórico mensual excluyendo operaciones extraordinarias como el TRS o la colocación a Pimco. Este dato confirma el interés estructural de inversionistas internacionales por la deuda soberana colombiana en un momento en que el diferencial de tasas frente a los mercados desarrollados sigue siendo atractivo. El Banco de la República mantuvo una postura neutral durante febrero, sin compras ni ventas de TES, con un portafolio cercano a COP$36,1 billones, dejando el mercado guiado principalmente por flujos privados y por la dinámica fiscal del Gobierno.
El mercado de renta fija global esta semana no solo cotizó inflación: cotizó la posibilidad de que los bancos centrales no puedan hacer nada útil en el corto plazo. Un bear flattening en Europa y una curva de Tesoros que sube con el petróleo y baja con el desempleo en la misma semana es la señal técnica de un mercado que no tiene un escenario base claro. Los inversionistas oscilan entre la narrativa de desaceleración, que justificaría recortes y favorecería la duración, y el riesgo de inflación persistente de oferta, que elimina ese espacio. Esa oscilación es la definición operativa del dilema estanflacionario: no hay precio “correcto” para los bonos mientras no se resuelva si el choque es transitorio o estructural.
Para los TES colombianos, la semana ofrece una lectura de doble cara. Por un lado, el máximo histórico de compras externas en febrero —COP$8,14 billones— es una señal poderosa de que la deuda soberana colombiana sigue siendo atractiva para el capital internacional en términos de diferencial de rendimiento, incluso con un riesgo país que supera los 575 puntos básicos. Por otro lado, la dinámica “mariposa” de la curva tasa fija y la desvalorización pronunciada de los TES UVR en tramos cortos e intermedios revelan que el mercado local no ha terminado de digerir la combinación de presión fiscal —gasto al 12,1% del presupuesto en solo dos meses—, incertidumbre sobre la trayectoria del BanRep y volatilidad cambiaria. El portafolio del BanRep se mantuvo cercano a COP$36,1 billones en febrero, sin compras ni ventas en el mercado secundario de TES. Esta postura operativa deja al mercado guiado principalmente por flujos privados y por la dinámica fiscal del Gobierno, sin despejar las dudas sobre la sostenibilidad fiscal de mediano plazo que los inversionistas ya incorporan en la parte media de la curva.
Divisas
Dólar: la mayor ganancia semanal en más de un año
El dólar estadounidense registró la semana del 2 al 6 de marzo su mayor apreciación en más de un año, con el índice DXY subiendo 1,3% hasta 98,91, impulsado por tres fuerzas que actuaron de manera simultánea durante la mayor parte de la semana: el aumento de la aversión global al riesgo derivado de la escalada en Oriente Medio, la revisión al alza de las expectativas de tasas de la Reserva Federal ante el alza del petróleo y un movimiento estructural de recomposición de portafolios hacia liquidez en dólares. El inicio del ciclo de recortes de la Fed fue desplazado por los mercados hacia septiembre u octubre, reforzando el diferencial de tasas que sostiene la demanda por la divisa estadounidense frente al resto del mundo. Solo hacia el cierre del viernes, el reporte de empleo más débil de lo esperado —con 92.000 puestos eliminados en febrero— modero parcialmente el movimiento alcista del dólar, al reactivar expectativas de flexibilización monetaria de corto plazo.
Monedas desarrolladas: el refugio no siempre es el franco ni el yen
El comportamiento de las monedas desarrolladas esta semana contradijo parcialmente la lógica tradicional de activos refugio. El euro cedió 1,7%, cotizándose alrededor de 1,16 dólares, afectado por la vulnerabilidad energética estructural del bloque y por el menor margen de acción del BCE ante la doble amenaza de menor crecimiento e inflación de oferta. La libra esterlina retrocedió 0,6%, presionada por la combinación del tensionamiento de los gilts y la fricción política con Washington que rodea al gobierno de Keir Starmer. Lo más llamativo fue el comportamiento del franco suizo (-0,9%) y del yen japonés (-1,2%): ambas divisas, consideradas refugios clásicos en episodios de incertidumbre, cedieron frente al dólar porque el sesgo pro-dólar y el diferencial de tasas prevalecieron sobre la demanda defensiva. En el caso del franco suizo, la paradoja es aún más aguda: el Banco Nacional de Suiza (BNS) emitió una nota inusual de intervención ante la apreciación histórica de la divisa frente al euro —por primera vez por encima de 1,1 francos por euro—, pero esa fortaleza no fue suficiente para superar la tracción del dólar en el mercado global. La única excepción notable entre las monedas desarrolladas fue el dólar canadiense (+0,5%), que se apreció apoyado directamente en el fuerte avance del precio del petróleo, reflejando su condición de divisa con alta correlación al crudo.
Emergentes: depreciación generalizada con asimetrías en la región
En los mercados emergentes predominó una depreciación amplia y pronunciada. El peso chileno lideró las pérdidas con -4,5%, seguido del sol peruano (-3,7%), el peso mexicano (-3,3%) y el real brasileño (-2,2%). La profundidad de estas caídas refleja la combinación de mayor aversión al riesgo global, rotación de flujos hacia el dólar y la presión sobre activos vinculados a materias primas en un entorno de incertidumbre sobre el crecimiento mundial. Para México, la depreciación del 3,3% sobre el peso ocurre en un contexto donde la revisión del T-MEC y las tensiones comerciales con Estados Unidos añaden una capa de riesgo idiosincrático al movimiento global, situando al USD/MXN en el extremo superior de las expectativas del consenso de analistas para el año.
El peso colombiano mostró el mejor desempeño relativo de la región con una depreciación de apenas 0,5%, cerrando el USD/COP en COP$3.770. El amortiguador principal fue el fuerte avance del Brent, que benefició a Ecopetrol y redujo transitoriamente la prima de riesgo soberana a través de episodios puntuales de compresión del CDS soberano a 10 años. Sin embargo, el peso colombiano no escapó completamente a las presiones del entorno: la fortaleza del DXY, el repunte posterior de la prima de riesgo local y el ruido asociado a las tensiones arancelarias con Ecuador mantuvieron al tipo de cambio con sesgo alcista. Los factores idiosincráticos —el posicionamiento previo al ciclo electoral y la incertidumbre regulatoria derivada del debate sobre inversiones forzosas y reformas pensionales— amplifican la sensibilidad del USD/COP a cualquier deterioro adicional del sentimiento hacia activos emergentes.
El mercado cambiario de esta semana ofrece una lectura que trasciende los movimientos de precio: revela el estado de la jerarquía monetaria global en un episodio de estrés. El dólar ganó terreno no porque la economía estadounidense luzca sólida —el reporte de empleo del viernes demostró lo contrario— sino porque sigue siendo el activo de liquidez global irreemplazable cuando la incertidumbre sube. Ni el franco suizo, con su fortaleza histórica y el apoyo del BNS, ni el yen japonés, con su perfil de refugio clásico, pudieron competir con la tracción del dólar en un entorno donde el diferencial de tasas y la demanda de liquidez convergieron. Esa concentración en el dólar, cuando ocurre con una economía estadounidense que pierde empleo, es la señal más inquietante del período: el mundo busca refugio en una economía que no está exenta de los problemas que generan esa demanda de refugio.
Para Colombia, el mejor desempeño relativo del peso frente a sus pares regionales es una buena noticia de corto plazo, pero no despeja las vulnerabilidades de fondo. La correlación del tipo de cambio con el precio del Brent es un amortiguador útil mientras el petróleo sube; si el conflicto se prolonga y el choque energético se traduce en una recesión global que comprima la demanda de crudo, ese amortiguador se invierte. El USD/COP sigue siendo un termómetro fiel del posicionamiento inversor sobre Colombia: mientras el riesgo país lateraliza por encima de los 575 puntos básicos, la incertidumbre fiscal no se despeja y el ciclo electoral se aproxima, la precisión estructural sobre el peso no desaparece. El tipo de cambio puede administrarse en el corto plazo con petróleo caro; la confianza inversora de mediano plazo requiere señales de otra naturaleza.
Commodities
Petróleo: prima geopolítica y riesgo de oferta en el Golfo
El petróleo protagonizó el movimiento de mayor magnitud en los mercados de materias primas durante la semana del 2 al 6 de marzo, con alzas que no tienen precedente reciente en tan corto plazo. El WTI cerró en USD 90,82 por barril tras avanzar 35,5% en la semana, mientras el Brent terminó en USD 92,52 con una ganancia semanal de 27,6%, devolviendo ambos contratos a niveles no vistos desde abril de 2024. El motor del movimiento fue la escalada bélica en Irán y el riesgo de disrupción del tráfico en el Estrecho de Ormuz, arteria por la que transita aproximadamente el 20% del consumo mundial de crudo. El bloqueo práctico de la ruta obligó a las aseguradoras a cancelar coberturas sobre los buques que operan en la zona de conflicto, encareciendo el transporte y reduciendo la oferta efectivamente disponible en los mercados spot independientemente del volumen físico extraído.
La respuesta de la administración Trump buscó calmar al mercado mediante escoltas navales y la evaluación del uso de las reservas estratégicas de petróleo. Además, Washington concedió exenciones que permiten la compra de petróleo ruso almacenado en buques, en particular con destino a la India, con el objetivo de liberar existencias flotantes en la región asiática y aliviar la presión sobre la oferta. Arabia Saudita reorganizó el envío de parte de su producción hacia el mar Rojo para eludir el bloqueo del estrecho. Sin embargo, estas medidas no lograron contener el alza: mientras los flujos no se reanuden con normalidad a través del Estrecho de Ormuz, la prima de riesgo geopolítico seguirá apuntalando los precios en niveles elevados. El gran beneficiario estratégico de la coyuntura es Rusia, cuyo petróleo gana atractivo relativo al quedar al margen de las disrupciones logísticas del Golfo.
Metales: aluminio al alza por Oriente Medio, cobre lastrado por exceso de oferta
El aluminio superó la barrera de los USD 3.400 por tonelada en la Bolsa de Metales de Londres, con una ganancia semanal superior al 5%, impulsado por interrupciones de suministro directamente vinculadas al conflicto: el cierre de una fundición en Catar y la paralización de envíos desde Baréin generaron una reacción alcista inmediata en un mercado cuyas existencias ya se encontraban en su nivel más bajo desde 2023. La combinación de oferta restringida y demanda energética industrial sostenida configura un soporte que podría mantenerse mientras el conflicto no se resuelva.
El cobre siguió la dirección contraria, retrocediendo 3,6% hasta USD 584,4 (precio de referencia semanal), con la tonelada cotizándose alrededor de USD 12.900 al contado en la Bolsa de Metales de Londres. Pese a que los datos manufactureros de China aportaron cierto soporte al inicio de la semana, al sugerir una demanda industrial más resiliente de lo previsto, la rápida acumulación de reservas apuntó a un exceso de oferta de corto plazo que el optimismo chinó no pudo compensar. Para Colombia, la caída del cobre es relevante en la medida en que presiona los ingresos del sector minero y reduce el aporte de la actividad extractiva no petrolera a la balanza comercial.
Metales preciosos: oro bajo tensión entre el refugio y la fortaleza del dólar
El oro presentó una corrección semanal de 2,1% hasta los USD 5.170 por onza, oscilando en torno a los USD 5.080 en las sesiones intermedias de la semana. El metal amarillo quedó atrapado entre dos fuerzas de signo contrario: por un lado, la escalada militar en Oriente Medio y la incertidumbre geopolítica sostuvieron la demanda defensiva; por otro, la fortaleza del dólar y el aumento de los rendimientos de los Tesoros de EE.UU. redujeron el atractivo relativo de un activo sin devengo. El encarecimiento del petróleo agravó esta dinámica al avivar los temores inflacionarios, lo que refuerza la expectativa de que la Reserva Federal mantendrá las tasas elevadas por más tiempo, incrementando el costo de oportunidad de mantener oro. La plata sufrió con mayor intensidad, retrocediendo 10,2% hasta USD 84,3, afectada tanto por los factores monetarios globales como por la debilidad de la demanda industrial asociada a la desaceleración del ciclo manufacturero.
Café: precio histórico en Colombia con soporte cambiario y externo
En el mercado cafetero, la semana cerró con una trayectoria alcista sostenida que benefició directamente a los agricultores y exportadores colombianos. El precio de referencia de la Federación Nacional de Cafeteros (FNC) para el café pergamino seco FR 94 de 125 kilogramos cerró el viernes 6 de marzo en COP$2.223.000, frente a COP$2.192.000 el jueves y COP$2.146.000 al inicio de la semana, registrando así un avance semanal de 3,6%. El alza combina dos factores que actúan de manera simultánea: la referencia de las cotizaciones en la Bolsa de Nueva York y el comportamiento del tipo de cambio, que al depreciarse eleva en pesos el valor recibido por las exportaciones. Este efecto de doble palanca —precio internacional al alza y peso débil— ofrece un alivio temporal al sector, cuya producción mensual cayó 36% en febrero. Las ventas internacionales del grano alcanzaron un récord de USD 5.400 millones en el último ejercicio, pero la caída productiva impone un límite físico a la capacidad de capturar esos precios favorables en el corto plazo.
El mercado de materias primas esta semana funciona como el mejor termómetro de la naturaleza del conflicto. El petróleo sube 27%–35% porque la disrupción es física y geográficamente concentrada en el cuello de botella más estratégico del comercio global de energía. El aluminio sube porque las interrupciones de fundición en Catar y Baréin son también físicas y de efecto inmediato sobre inventarios ya deprimidos. El cobre cae porque su demanda depende del ciclo industrial global, que el mismo conflicto amenaza con desacelerar. Y el oro corrige porque el dólar y las tasas compiten con su función de refugio en un entorno donde la liquidez en divisa de reserva es más útil que el metal.
El patrón que emerge es el de un shock de oferta energética con transmisión asimétrica: los productores de petróleo ganan en la coyuntura inmediata; los consumidores industriales de energía y las economías importadoras pagan el costo. Para Colombia, la ecuación es mixta pero con matices importantes. El Brent alto mejora los ingresos de Ecopetrol y la balanza energética, y el precio del café en pesos se beneficia del doble efecto cambiario y de mercado. Sin embargo, la producción caída del café limita la captura de esos precios, y el encarecimiento de la energía presiona costos en la industria y el transporte, realimentando la inflación interna en un momento en que el Banco de la República ya evalúa una nueva alza de tasas. La ventaja de ser exportador de petróleo tiene un plazo de vencimiento: si el conflicto deriva en recesión global, la demanda de crudo cae y con ella el precio. Ese es el escenario que los mercados aún no cotizan completamente, pero que los análisis de BlackRock y Schroders ya sitúan como riesgo de cola no despreciable.
Nota del Autor
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Las inversiones en mercados financieros conllevan riesgos inherentes, incluidas posibles pérdidas parciales o totales del capital invertido. En consecuencia, se recomienda a los lectores realizar su propio análisis independiente y, de considerarlo necesario, acudir a asesores financieros debidamente habilitados conforme al marco regulatorio aplicable antes de adoptar decisiones con impacto económico.
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