En la educación vive el futuro… pero sin conectividad ese futuro se queda lejos

Luis Carlos Gaviria

La nota que les quiero presentar a continuación desnuda, en gran parte, una realidad que vivimos quienes habitamos lejos de las grandes ciudades capitales. Hablamos de quienes vivimos en municipios y regiones, donde día a día se siente con mayor fuerza la falta de conectividad y digitalización, especialmente en nuestras instituciones educativas.

Esta situación es aún más evidente en las instituciones de educación básica primaria y secundaria, que en muchos casos no cuentan con herramientas tecnológicas suficientes para responder a las exigencias del mundo actual. Y si hablamos de educación superior, el panorama es todavía más complejo, pues es muy difícil encontrar universidades o programas formativos en muchas regiones precisamente por esa misma falta de conectividad y desarrollo digital.

El resultado de esta realidad es preocupante: nuestros estudiantes terminan enfrentando desventajas frente a quienes estudian en grandes ciudades, lo que inevitablemente se refleja en el desempeño académico y en las oportunidades de futuro.

Por eso, al hablar de educación no basta con mencionar programas o iniciativas aisladas. Hoy, más que nunca, la conectividad y la digitalización deben ser consideradas pilares fundamentales del sistema educativo en los municipios y territorios.

La reflexión cobra aún más importancia en momentos en que el país se prepara para nuevos procesos electorales. Desde las regiones queremos hacer una invitación clara y directa a quienes aspiran a llegar al Congreso de la República, tanto senadores como representantes a la Cámara: no olviden que el desarrollo educativo de Colombia también depende de lo que ocurra en los municipios.

Invertir en educación es invertir en el futuro. Así lo han entendido diferentes organizaciones, fundaciones y empresas que, en distintas regiones del país, han apostado por fortalecer procesos educativos como una estrategia para construir desarrollo sostenible.

Iniciativas como alianzas por la alfabetización inicial, programas para fortalecer el aprendizaje del inglés o proyectos enfocados en la educación rural demuestran que cuando el sector público, el privado y la sociedad civil trabajan juntos, es posible abrir nuevas oportunidades para miles de niños y jóvenes.

Sin embargo, para que estas apuestas realmente transformen el país, la conectividad debe convertirse en una prioridad nacional. En pleno siglo XXI no es posible hablar de educación de calidad cuando muchos estudiantes aún carecen de acceso estable a internet, herramientas digitales o plataformas educativas.

La educación es, sin duda, la base del desarrollo territorial, la competitividad y el bienestar de una nación. Cada iniciativa educativa, grande o pequeña, representa una columna más en la construcción de un país con mayores oportunidades.

Pero también debemos reconocer que el futuro no se construye solo con buenas intenciones. Requiere decisiones claras, inversiones sostenidas y políticas públicas que entiendan que educar también es gobernar el futuro.

Desde las regiones lo decimos con convicción: en la educación vive el futuro, pero ese futuro solo será posible si garantizamos que todos los niños y jóvenes del país —sin importar si viven en una capital o en un municipio apartado— tengan acceso a las mismas oportunidades de aprendizaje.

Porque cuando la educación llega con calidad, tecnología y conectividad, no solo cambia la vida de un estudiante. Cambia el destino de toda una región.

 

Luis Carlos Gaviria Echavarría

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