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En estos días comienza a sentirse con mayor intensidad el movimiento de quienes aspiran a ocupar cargos de elección popular. Entrevistas, reuniones, conversaciones, escenarios de opinión y encuentros con diferentes sectores empiezan a convertirse en espacios para presentar nombres, trayectorias y aspiraciones a Alcaldías, Concejo, Gobernación y Asamblea.
Y hay algo que resulta fundamental y sumamente importante en estos momentos: que todos tengan la oportunidad de ser escuchados.
La democracia no puede construirse a partir de exclusiones ni de simpatías anticipadas. Todos quienes aspiren legítimamente a representar a una comunidad deben encontrar espacios para expresar quiénes son, cuál ha sido su trayectoria, qué experiencia poseen y, especialmente, qué tienen para proponerle a la sociedad.
Pero escuchar a todos también implica una responsabilidad de doble vía.
Quien aspira a recibir la confianza ciudadana debe estar dispuesto a poner sobre la mesa su hoja de vida, sus antecedentes públicos, sus realizaciones, sus capacidades y sus propuestas. Y el ciudadano, por su parte, tiene el derecho y la responsabilidad de preguntar, investigar, comparar y formarse su propio criterio.
No se trata de descalificar a nadie. Tampoco de convertir la política en una competencia de ataques personales.
Se trata, sencillamente, de conocer antes de decidir.
Una democracia saludable necesita ciudadanos que no se conformen con escuchar un nombre, una promesa o un discurso bien elaborado. Necesita ciudadanos interesados en saber quién está detrás de ese nombre, qué ha hecho durante su vida pública o privada, qué resultados puede mostrar y cuál es la visión que tiene para el territorio.
Por eso, en esta nueva etapa de la actividad política, sería conveniente abrir las puertas para que todos los aspirantes puedan presentar sus ideas y, al mismo tiempo, abrir espacios para que la ciudadanía pueda formularles preguntas y conocer sus respuestas.
Porque la política no debería consistir únicamente en buscar votos.
También debería consistir en ganarse la confianza de los ciudadanos con trayectoria, transparencia, propuestas y capacidad de servicio.
Escuchar a todos. Conocer sus méritos. Revisar sus trayectorias. Confrontar sus propuestas con las necesidades del territorio. Y decidir, finalmente, con conciencia y responsabilidad.
PORQUE ANTES DE VOTAR, HAY QUE ESCUCHAR; Y ANTES DE DECIDIR, HAY QUE CONOCER.














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