Opinión Política Selección del editor

16 horas

lo que se espera del presidente de la República es mayor acompañamiento, que de mayor prioridad a generar estrategias que busquen frenar estos actos y que priorice la protección de la vida y el bienestar de los colombianos.


Los hechos ocurridos en lo que va de agosto a lo largo del país son lamentables, 2 jóvenes asesinados en Leiva, 1 joven mutilado por homofobia en Sincelejo, 2 indígenas asesinados en Corinto, 3 indígenas asesinados en Ricaurte, 5 jóvenes masacrados en Cali, 5 personas asesinadas en Arauca y 9 jóvenes masacrados en Samaniego han estremecido a toda la población, que ve estos actos con temor y rechazo de que Colombia regrese a sus épocas más oscuras donde reinaba la violencia.

Tras la masacre en Samaniego, Nariño, el alcalde, Oscar Pantoja, viajó hasta la Casa de Nariño para reunirse con el Presidente Duque con la intención de explicarle la situación por la que atraviesa el municipio. La polémica surgió luego de que Pantoja, en una entrevista con Yamid Amad, mencionara que tuvo que viajar alrededor de 16 horas por vía terrestre para poder cumplir la cita con Duque.

Durante los días posteriores a la masacre el presidente Duque no es que haya estado demasiado ocupado, y que se priorizara los eventos que tuvo sobre la tragedia en Nariño, Valle, Arauca y demás deja bastante que desear. Por ejemplo, Duque viajó al aeropuerto internacional José María Córdova en Rionegro, Antioquia, para recibir un vuelo nacional con pocos pasajeros, cosa importante, ya que marca la reactivación de vuelos nacionales, sin embargo insignificante comparado con las situaciones mencionadas. Además, Duque no dejó de atender su programa de televisión diariamente, que no es que tenga mucha audiencia. Entre otras cosas que se han visto hacer al presidente se encuentran asistir a varias entrevistas y reuniones virtuales que tampoco lo dejan muy bien parado, como en la que habló de “relaciones incestuosas de socialismo con los grupos armados ilegales en Colombia”.

La ola de violencia en Colombia está creciendo, la situación en varias zonas del país demuestra la poca presencia del Estado y las problemáticas que tienen los jóvenes, líderes sociales, líderes ambientales y demás para salir adelante. Son despreciables los hechos donde la violencia es la herramienta utilizada para causar daño o acabar con la vida de otra persona por tener diferentes opiniones, por alimentar negocios ilícitos o por generar presión al gobierno. Sin embargo, la respuesta del gobierno nacional abre la puerta a varias preguntas, ¿no puede el presidente asistir a la zona?, ¿no es el aumento de violencia algo que se debe priorizar?, ¿no puede al menos brindarse transporte aéreo al alcalde de Samaniego para que este no deje su municipio durante mucho tiempo y pueda atender la crisis?

Y la violencia no es culpa de Duque, o no en su totalidad si contamos la mala implementación de los acuerdos de paz como posible causa, hay varios supuestos motivos detrás de estos actos atroces, cómo narcotráfico, conflicto de pandillas, odio y discriminación. Aun así, lo que se espera del presidente de la República es mayor acompañamiento, que de mayor prioridad a generar estrategias que busquen frenar estos actos, que no se escude en gráficas sin sentido y declaraciones poco coherentes y que priorice la protección de la vida y el bienestar de los colombianos, que debería ser su principal objetivo, antes de buscar aprobación y la mejora de su imagen. Y lo mínimo que se espera en una situación así es que un alcalde de un municipio que acaba de pasar por una masacre no tenga que viajar 16 horas, dificultándole la atención a la emergencia, solo para que el presidente quede al tanto de una situación cuya respuesta debería estar dirigiendo.

Esto fue escrito por

Diego Alejandro Arcila Palacio

Estudiante de ciencias políticas de la universidad EAFIT, con gran interés en relaciones internacionales, comunicación política y periodismo de opinión, melómano, liberal y en general ser humano en constante formación.

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