Opinión

¿Corrupción? Salven ustedes la patria

Los Colombianos somos un pueblo difícil de unificar, pocas causas logran alinear los intereses de este terruño que solo en las Farc y el fútbol encontró durante años un punto de unidad.

Terminado el conflicto armado con las FARC medios de comunicación y sociedad civil en general parecen buscar un nuevo elemento identitario que logre encausar nuestra atención. Uno creería que el proceso de Paz con el ELN debería generar esa convergencia, pero el interés es realmente poco y luego de un proceso de tantos años el tema Paz está “desgastado” para muchos.

No es raro entonces que la clase política girara su twiter hacia otro punto, lo que de por sí es bueno, pues terminado nuestro principal problema, tenemos por primera vez en 50 años la oportunidad de encargarnos de aquellos temas que nos hicieron tanto o más daño que la guerra. Así que los “paladines de la democracia” afilaron espadas y las apuntaron a la corrupción.  Ese cáncer terminal que ha drenado el capital ciudadano como drenaron el río rancherías en la guajira, causando el retraso de nuestro país, des protegiendo comunidades enteras hundidas en el subdesarrollo, y como en el caso del río, matando generaciones enteras de niños.

Podríamos entender la corrupción en una idea como la utilización del poder para la satisfacción de intereses personales. Así terminamos viendo como el dinero de contratos dirigido a obras sociales como por ejemplo construcción de calles, hospitales, colegios, termina en los bolsillos de algunos politiqueros a los que no les alcanza la moral para hacerse llamar políticos, profesión u actividad que implica desde los griegos, la defensa de los intereses ciudadanos por encima de los propios.

Este fin último de aumentar las cifras en sus cuentas bancarias es alcanzado mediante todo tipo de maniobras como el tráfico de influencias para montar amigos o familiares en puestos que deberían significar algo y hacer gala al título de honorables, como los congresistas que en su mayoría de aquello no tienen nada. Se manipulan procesos para que en los órganos de control (fiscalía, procuraduría, contraloría, etc) queden ubicados los mismos compinches, que llegado el momento mirarán para otro lado mientras el dinero se desliza sobre la mesa, porque nuestro grado de cinismo ya es tan alto que no se pierde tiempo y esfuerzo pasándolo ya ni siquiera por debajo.

Tenemos entonces un sistema corrupto, con políticos que asignan contratos a sus amigos, y con órganos de control igual de untados que se hacen los de las gafas y solo controlan que la cifra que les queda sea proporcional al gran esfuerzo de taparlo todo. En montería giraban miles de millones para la compra de medicamentos para hemofílicos (personas a las que no les coagula la sangre) que nunca se compraron y mucho menos se entregaron, pues además de todo era imposible que existiera la cantidad de hemofílicos que decían haber, y los órganos de control nunca evidenciaron nada hasta que el problema fue tan evidente y resaltado por los medios que no les quedó de otra que destapar la olla.

¿Uno se pregunta entonces, c´ómo acabar con la corrupción?  si quienes se supone deben hacer el trabajo de sancionar a los inescrupulosos ladrones de la patria están tan embadurnados que intentar controlar es prácticamente inmolarse. Si cae uno caen todos. Partidos con una tradición corrupta tan antigua como la misma república ahora enarbolan las banderas de la honestidad y la honorabilidad que nunca tuvieron, y fingen indignación en el recinto de los padres de la patria mientras le echan arena a toda la porquería que se les derrama.

El debate está abierto, y nos corresponde a todos pensarnos un mejor país que sea coherente con el futuro que queremos, donde la educación sea el quinque que marque la senda por la que debemos transitar y seamos capaces por lo menos de reducir el peor de nuestros males a sus “justas proporciones”.

Si los corruptos y los que realizan control (entre los que está un fiscal general más corrupto que los que vigila) nos proponen acabar con la corrupción, deberían al mejor estilo de juego de tronos, encerrarse tras las paredes del congreso e inmolarse haciendo el sacrificio que juraba Bolívar “Si mi muerte contribuye a que cesen los partidos y se consolide la unión, bajaré tranquilo al sepulcro”. Así que adelante, la patria les estará siempre agradecida.

 

Esto fue escrito por

Alex Florez Hernandez

Abogado en formación y Representante de los Estudiantes de la Universidad de Medellín | Apasionado por el ejercicio recto de la política y la administración pública | No me cuadran las etiquetas de un partido, sino los proyectos serios y transparentes. Intolerante con la corrupción y convencido de que la construcción de país desde la diferencia es el camino de la Paz.