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¿Y los pobres qué?

¿Y los pobres qué?, ¿Se les seguirá menospreciando con mercaditos vencidos y con ayuditas monetarias para solventar una problemática que ya está al borde del colapso con tanta estrategia improvisada?


Una vez el gobierno decretó el aislamiento social obligatorio como estrategia de prevención ante la proliferación del virus, no he  pasado un solo día después del  24 de marzo sin  dejar de pensar en la infernal y miserable vida que deben estar padeciendo  millones de familias colombianas.

Si, aquellas desamparadas familias que viven en barrios pobres  y  zonas más aisladas de Colombia donde el gobierno solo hace presencia cada vez  que le conviene. Por ejemplo, en apogeo de  elecciones, para fumigar con glifosato  los monocultivos de coca, para militarizar comunidades y  despojar a campesinos de sus territorios injustificablemente, para desviar cauces de   ríos y beneficiar a multinacionales.  Esto entre tantas injusticias que me abstengo  por nombrar, de hacerlo terminaría  escribiendo un libro con el  exceso de infamias que padecen las minorías en Colombia.

Se debe ser excesivamente indolente para no preocuparnos por  salvaguardar a los inermes niños del infierno que están padeciendo en sus modestos hogares. Donde  constantemente  están al acecho de aquel vil depredador que satisface sus necesidades carnales abusando sexualmente de la inocencia de quien amaba fidedignamente la escuela, y  veía en ella  su  único refugio para estar a salvo por determinadas horas de las garras de aquel despiadado abusador que se deleita de inocencia   mientras  disfruta del dolor ajeno.

Recibir  las ayudas mensuales  dadas por  el gobierno solo es pordiosear como si se tratase de favores y no de obligaciones. Las ayudas humanitarias  no están contribuyendo a costear por lo menos  varias  semanas de  alimentos nutritivos  para una familia conformada por cuatro personas o hasta más. La durabilidad del mercado solo calma el hambre por un par de días ¿Y el resto de semanas de ayuno voluntario hasta inicio del nuevo mes?, ¿Realmente los pobres siempre  merecen lo peor? ¿Acaso que han hecho para que se les destine cada vez a estar más lejos de gozar de excelentes vidas?, Pero deben de estar  agradecidos por el cuestionable esfuerzo que hace el gobierno para poder  ampararlos, regalarles todo  es acostumbrarlos a mal.  ¡Miserables, en serio mil veces miserables!, El conformismo  y la ingenuidad son el peor de todos los males, limita a querer más de lo que se tiene y adormece el alma revolucionaria de  aquellos que carecen de conocimiento para hacer valer la reivindicación de sus derechos.

Por otro lado  es imprescindible mencionar a los carteles del COVID conformados por sórdidos políticos y empresarios como actores intelectuales en la obstrucción del encaminamiento  de una nación en igualdad de condiciones. Inescrupulosamente  han aprovechado la pandemia  para tomar prestado colosales sumas de dinero sin sentir la más mínima condolencia por todas las familias que están en incapacidad de poder costearse una salud digna si llegasen resultar infectados del virus, debido a que son los más expuestos y  los menos amparados por el  mandatario más nefasto en la historia de Colombia desde que se tienen registros históricos.

Que agradable es la cuarentena para los estratos más bajos. Se imaginan  pasar más de cuatro meses encerrado sin poder prender el LCD  de 80 pulgadas para ver series de Netflix, sin poder abrir la puerta trasera de casa y pasar directamente a la piscina una vez el calor se pone bochornoso, sin salir a galopar el caballo preferido, sin poder correr por  los extensos jardines, sin pasar una tarde de juegos en familia y sin poder tener el privilegio en  tomar la ardua  decisión de no saber qué comer entre infinidad de productos que reposan en la colosal nevera.  Que injusta es la contextualización de la desigualdad, pero no tiene mayor sentido cuando se debate  desde la cúspide de la comodidad, por lo tanto es imposible tener una mirada realmente diáfana para poder entender y comprender esta realidad que tanto se ignora. A veces me pregunto qué es lo que realmente  hace ser  a Colombia de por vida un país desigual, no estoy presagiando ni condenando el futuro, solo es una afirmación  no carente de certeza, algo verdaderamente cuestionable.

Por otro lado en época de pandemia   la sectorización solo ha conllevado a que se vivencie más la  exclusión social por la capacidad económica y estado de salud de las persona que por el  color de piel o dogmas  políticos y religiosos aunque el menosprecio   del todo no ha  cesado. En otras palabras este país está  atiborrado de mestizos megalómanos descendientes de indígenas  esclavizadas  que fueron  sometidos aberrantes violaciones en plena conquista y  la posmodernidad  ha disipado el recuerdo de  un pasado innegable, por ese motivo  quienes gozan de opulentas  comodidades creen ser la raza superior a quienes se les ha atribuido por ley el legítimo derecho a menospreciar todo aquel que la vida  ilumino con su mágico manto de precariedades, sin solidarizarse por ayudar a hermanos de madres distantes pero hijos de una misma patria.

El ego del avaro hace de quien posee la riqueza un individuo desalmado adicto al individualismo  por querer poseer más, sin tener piedad  de  que en Colombia todavía  existen familias excavando   basura en busca de alimentos y otras que pasan  días enteros sin poder alimentarse por lo menos  de sobras putrefactas. Por eso, centrar miradas de condolencias y aparentar ser empáticos ante problemáticas externas al país  es solo  un vil  acto  doble- moralista.

Quisiera comprender  si los decretos  implementados  hasta el momento que en el mayor de los casos solo han beneficiado a las multinacionales y a menor escala a los pequeños comerciantes pueden llegar a justificar, remediar o solucionar  desde un punto de vista humano, sin intervención política ni económica, las nacientes problemáticas derivadas de las enfermedades  mentales que están padeciendo millones de conciudadanos que hasta el momento no han sido tenidos en cuenta desde inicio de pandemia.  Habilitar líneas telefónicas al servicio de la comunidad para atender  personas padeciendo trastornos emocionales  no es del todo eficiente  y menos si se trata de  familias pobres y analfabetas incapaces de leer o escribir y menos  utilizar un aparato tecnológico.   La vicepresidenta debe reflexionar y darse cuenta de la importancia que tiene un psicólogo en la sociedad y comprometerse en dejar de lanzar  absurdas afirmaciones que demeritan profesiones netamente necesarias en un país  posicionado a nivel internacional entre los primeros que más padece enfermedades mentales.

Por consiguiente qué justificación tan razonable  tuvieron todas las personas que decidieron  acabar  con sus vidas una vez inició  este martirio. Hemos olvidado que absolutamente nadie puede llegar a sentir una total empatía por alguien que desde su primer parpadeo la sociedad lo menosprecio y lo trato como ciudadano de segunda categoría. No necesariamente estas víctimas padecían de severos trastornos mentales, solo estaban hastiados de vivir diariamente  el mismo martirio del hambre, el desempleo, peleas de padres drogadictos y alcohólicos, el tener que luchar con familiares con discapacidades físicas, cognitivas y enfermedades terminales, de ser violados sin derecho a decir nada y  callarse las desgracias, ni por lo menos tener garantizado un derecho fundamental como lo es la educación.  ¿Y los pobres qué?, ¿Se les seguirá menospreciando con mercaditos vencidos y con ayuditas monetarias para solventar una problemática que ya está al borde del colapso con tanta estrategia improvisada?

Este diminuto país  siempre será morada de las más absolutas desigualdades donde quien triunfa es todo aquel que ha heredado monopolios de riquezas, quienes tiene una relación directa con el clientelismo, el nepotismo, el aceptar favores sexuales a cambio empleos, y la ley del vivo, donde el que menos necesita es quien más ayudas recibe sin que reine la meritocracia y adoptar  el camino de la delincuencia como última alternativa para saciar el exceso de necesidades.

Es utópico  no sentirme afligido  si estoy siendo  consciente  que hay   personas clamando  ayuda de un gobierno que desde el inicio de su mandato ha estado arrodillado al servicio de las multinacionales. Han gobernado con  total excelencia para seguir pauperizando a un País  que desde hace tiempo debió  ser el más desarrollada de américa del sur, siempre ha tenido el potencial intelectual pero nunca ha sido una prioridad el apoyar la educación, el arte, la ciencia ni el deporte. Y el  partido de la mano firme y el corazón grande sigue legislando a favor del conglomerado de familias más pudientes en Colombia mientras los pobres siguen sin perder la esperanza en poder gozar de una mejor vida. Quienes han contribuido desde sus necesidades en  ayudar a los desamparados en época de pandemia la vida en algún momento de su existencia les compensara el admirable gesto de bondad.