Un presidente para la Colombia del Siglo XXI

     

Una de las lecturas del resultado de la primera vuelta fue la derrota de la derecha tradicional, y en particular del uribismo. El anhelo de abandonar la inercia política del país se reflejó en la victoria de Gustavo Petro y su paso a segunda vuelta junto a Rodolfo Hernández, quien mediáticamente fue ungido como el ganador de la votación. Sin embargo, este resultado trae consigo algunas situaciones que son importantes recalcar.

El proyecto político presentado por Federico Gutiérrez mostró un techo electoral muy por debajo de lo que los continuistas esperaban, por lo que no demoraron en identificar al ex alcalde de Bucaramanga como una posibilidad más real de pasar al balotaje. Así, los resultados del 29 de mayo muestran un primer trasvase de votación de las estructuras tradicionales hacia el bumangués, quien para la segunda vuelta ya ha recibido los apoyos de los partidos que hacen parte del gobierno de Iván Duque, sean directos como el del Centro Democrático, indirectos como el del Partido Conservador, o bajo cuerda como el del clan Char para no manchar su imagen de outsider.

Este capital político de no pertenecer a la política tradicional no es aleatorio ni real del todo, sino construido por uno de sus asesores políticos, Víctor López, el mismo que asesoró a Nayib Bukele y Donald Trump para construir la misma imagen, aunque ahora también dicen haber tomado distancia del. Para esto, él y su equipo se han reunido en secreto con los partidos tradicionales, quienes para esta vuelta llaman públicamente a la libertad de voto de sus militantes, pero tras bambalinas acuerdan volcar sus maquinarias en su favor con tal de preservar la idea de su independencia.

En otras palabras, quien renegara de los partidos tradicionales hoy funge como abanderado del proyecto antipetrista, aglutinando tras de sí a los clanes políticos como los Gnecco, Char, Musismo y Ashton Fortich, entre muchos otros. Y por más que no lo reconozcan en público, también se alinean a su favor los parapolíticos, los herederos y las maquinarias electorales, puesto que ven en Rodolfo la última esperanza de mantener sus cuotas de poder, considerando que la trayectoria de Gustavo como denunciante de la corrupción supone una amenaza para sus estructuras. En este mismo sentido, Hernández tampoco aceptó los términos antiuribistas de Sergio Fajardo, ilustrando con ello su apego al continuismo, evidenciando así la contradicción entre su esencia y la imagen que buscan vender en los medios.

Su forma de ser, petulante, misógina y soberbia, ha desbordado las redes sociales y medios de comunicación, sobrepasando las estrategias de sus asesores. Declaraciones menospreciando la ley, amenazas, golpes, burlas de las personas que compraron apartamentos de sus empresas, e incluso alabanzas al nazismo alemán, entre otras, hacen parte de la identidad del candidato, y que a pesar de lo despreciable de estas cualidades, sus alfiles tratan de minimizarlas e incluso explotarlas electoralmente como si fuesen algo menor e irrelevante, cuando en rigor aspectos constitutivos de alerta en cualquier persona de a pie.

Otro aspecto que esta campaña busca introducir en el imaginario de la población colombiana es que como es un empresario, no tiene la necesidad de robar dineros públicos para su enriquecimiento. Esta artimaña también ha sido utilizada por candidatos de otros países, quienes bajo el supuesto de su capacidad de gestionar empresas, han prometido dar al aparataje público la eficiencia que este ha adolecido siempre.

Sin embargo, Mauricio Macri en Argentina y Sebastián Piñera en Chile llegaron con este recurso, supuestos expertos en eficiencia organizacional por el hecho de ser empresarios. Ambas administraciones se convirtieron en sendos ejemplos de lo contrario, el primero adquiriendo la deuda más grande de la historia de un Estado con el FMI, mientras que el segundo fue incapaz de recoger las demandas sociales en ninguna de sus dos administraciones, lo cual contribuyó a la génesis del estallido social. Además, bajo la administración Piñera pasó lo mismo que con Hernández en su alcaldía en Bucaramanga: empeoraron los indicadores sociales y se incumplieron importantes promesas de campaña.

Si a todo lo anterior sumamos que quien se autorreconoce como paladín contra la corrupción está imputado por esto mismo, ni se conocen sus propuestas, es necesario llamar a la reflexión en cuanto su idoneidad para responder ante las necesidades de una población pujante que anhela que Colombia se adentre de una vez por todas hacia el siglo XXI.

Hernández no puede gobernar solo, ni llamar a conmoción interna para concentrar los poderes como autoritariamente ha dicho que haría apenas asuma. No tener bancadas en el congreso, alcaldías ni gobernaciones restringe sus capacidades de gobernabilidad, lo cual lo lleva a una de dos situaciones: no podrá avanzar con su agenda de gobierno, o bien se verá obligado a abrazar la reconversión de las estructuras tradicionales que arriba se mencionaron, lo cual complejiza la estabilidad política, social y económica del país en general.

Como se dijo en un comienzo, en la primera vuelta ya se expresó una voluntad de cambio, tal como en marzo de este año, y el candidato Hernández no está en sintonía con este anhelo, pues su discurso es vacío. Cuando a él o a su fórmula vicepresidencial les consultan sobre cómo satisfarán tal o cual necesidad de la sociedad, responden con altanería, sarcasmos o palabras para la galería, lo que puede exacerbar los ánimos en el país tal como pasara en Chile en 2019, donde las declaraciones de los ministros de Piñera colmaron la paciencia de la población.

Colombia tiene la oportunidad de escoger un gobierno que sirva para descomprimir la presión social producida por tantos, tantos años de monopolio del poder. La ausencia de alternancia política en la Casa de Nariño ha desnivelado las cosas al punto en que el descontento se puede volver irrefrenable, pero además las fuerzas que prefieren el statu quo han impedido que el país coja la senda que le permita transitar hacia el desarrollo.

El país necesita un cambio, y el momento es ahora.


Simón Rubiños Cea: Consultor y asesor político. Coordinador del Grupo de Investigación en Desarrollo Territorial, Paz y Posconflicto (GIDETEPP-UNAL) e investigador del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG) [email protected]; [email protected]

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Simón Rubiños Cea

Consultor y asesor político. Coordinador del Grupo de Investigación en Desarrollo Territorial, Paz y Posconflicto (GIDETEPP-UNAL) e investigador del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG)

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