Ultimátum

Foto cortesía Alcaldía de Medellín
Llenar el centro de policías es llamativo, muchas personas se sienten “cuidadas”, pero es una estrategia desgastante, costosa y que no soluciona de fondo.

Ultimátum viene del latín tardío ultimātum, neutro del participo de ultimāre, «llegar a su fin». En lenguaje diplomático, resolución terminante y definitiva comunicada por escrito. (RAE)

La semana pasada asistimos a la telenovela de la seguridad federiquista, una mezcla de –urifajardismo- modernista que deja escapar ese olor rancio a más de lo mismo: más policías, capturas para sacar pecho, más cámaras y ultimátum, pataletas de experto sin serlo, de desesperado, dadas las alzas en las cifras de homicidios, hurtos y acuciosos tuiteros que le reclaman soluciones.

Ultimátum como el que pronuncia el Alcalde es efectivo para darles bombo a los titulares de noticias o columnas, no para dar terminación a las acciones vandálicas que vive la ciudad, y que no empezaron (para mal del Federiquismo de la gente) en la administración pasada.

Según el diccionario de la RAE, el uso coloquial de ultimátum es resolución definitiva, el uso del Alcalde -que anda ahora por la ciudad con una oreja verde asustadora- es que en cuarenta (40) días los problemas que llevan años en el centro se terminen. Algo que no sucederá, capturarán a varios, muchos de los cuales serán dejados en libertad porque son hurtos de mínima cuantía, porque llevaban dosis personales en sus bolsillos, o son adolescentes. No se atacan redes criminales establecidas, ni desigualdades profundas en tan poco tiempo.

Llenar el centro de policías es llamativo, muchas personas se sienten “cuidadas”, pero es una estrategia desgastante, costosa y que no soluciona de fondo. Mientras se dan ultimátum, los ilegales siguen ganando terreno en los territorios, han llegado a acuerdos para que no aparezca en el discurso, ni en los barrios las fronteras invisibles, pagan los gastos fúnebres a sus trabajadores para que no terminen en el abandonado Cementerio Universal; entregan kits escolares y uniformes a niños y niñas de familias con bajos recursos; se están legitimando, mientras se dan ordenes desde la visión cortoplacista de poner un policía en cada esquina. ¿Cuál es el ultimátum social de Federico Gutiérrez, cuáles son las nuevas opciones que le vamos a ofrecer a la gente para que no termine tomando el camino de la ilegalidad?

Medellín es una ciudad compleja, no será suficiente hacer consejo de seguridad todos los días, no será suficiente tener un súper secretario de gobierno con un grupo de cinco directores técnicos con muy poca experiencia específica, para acercarse desde el piso 12 de La Alpujarra a la comunidad. Sigo insistiendo, Medellín necesita un gobierno de y para la gente, en el territorio, conociendo cada contexto, atendiendo cada necesidad y respondiendo a tiempo y de fondo a sus reclamos. Gobierno de la gente no es ir a hacerles creer que todas sus propuestas serán tenidas en cuenta, o salir con veinte escoltas a caminar por el Parque Berrío; el gobierno de la gente no visita, está permanentemente en el territorio.

Termino con estas palabras de Bauman en una entrevista publicada por El País hace poco: “…lo que podemos llamar la crisis de la democracia, es el colapso de la confianza. La creencia de que los líderes no solo son corruptos o estúpidos, sino que son incapaces. Para actuar se necesita poder: ser capaz de hacer cosas; y se necesita política: la habilidad de decidir qué cosas tienen que hacerse”.

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Óscar Marín Garcés

Leo, escribo, hablo, enseño, hago política. Detesto la corrupción, el clientelismo, desconocer al otro y a los mesías políticos. -Quod scripsi, scripsi-.

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