“¿Tiene la sociedad contemporánea el valor de servirse de su propio entendimiento, o la esfera pública de la razón está siendo cooptada por las lógicas de las redes sociales y la inteligencia artificial? ¿Quién está tomando verdaderamente las decisiones: el sujeto individual o el algoritmo?”
A propósito de estos tiempos en los que los avances tecnológicos parecen permitir la resolución de casi cualquier tipo de problema, cobra especial vigencia e importancia el lema latino Sapere aude, que no traduce otra cosa distinta a: «Ten el valor de servirte de tu propio entendimiento» (Kant, 1784). Por medio de esta famosa divisa, Immanuel Kant nos invita a atrevernos a pensar por nosotros mismos (GESCAP, 2025). En la actualidad, esta invitación es vital frente a la inteligencia artificial (IA), pues esta tecnología posibilita y automatiza muchas tareas que tradicionalmente exigían pensar por sí mismo, tales como la realización de operaciones matemáticas, la redacción de textos o la producción de imágenes, audios y videos, entre otras.
El filósofo alemán utilizaba la metáfora de la minoría y la mayoría de edad para distinguir a quienes pensaban por sí mismos de quienes dejaban que su intelecto fuera dirigido por el de los demás (GESCAP, 2025; Kant, 1784). “Minoría de edad”, para Kant, significa la incapacidad de razonar de manera autónoma e independiente; un estado de inmadurez en el que gran parte de los seres humanos permanece con gusto por pura pereza y cobardía, permitiendo que otros se erijan fácilmente en sus tutores (GESCAP, 2025). En este contexto cabe entonces, preguntar: ¿hasta qué punto los medios de comunicación, las redes sociales y las herramientas de IA se han convertido en los nuevos tutores modernos, reemplazando a los padres, los educadores e, incluso, a los líderes sociales?
En cierto grado es admisible, e incluso indispensable, que las herramientas tecnológicas desplacen y reemplacen parte del esfuerzo mental humano, pues, en definitiva, son creadas para facilitar nuestras condiciones de existencia. Un claro ejemplo histórico es la calculadora: la sociedad no dejó de aprender a sumar, restar, multiplicar y dividir porque un aparato realizara estas operaciones con mayor eficacia que la racionalidad humana. Ingenieros, matemáticos, contadores y arquitectos aprendieron a integrar esta herramienta en su ejercicio profesional sin que esta anulara su propio raciocinio.
Esta misma situación se está presentando ahora con la creciente aplicación de las herramientas de inteligencia artificial. Al igual que las calculadoras, aunque guardando las respectivas proporciones, la IA puede ejecutar operaciones cognitivas complejas propias del razonamiento humano. El peligro surge cuando las personas, en vez de tomar ciertas decisiones haciendo uso de su propio discernimiento, acuden a la tecnología con el fin de que sea esta la que determine y ejecute sus actuaciones. Caemos así en el riesgo de una «gubernamentalidad algorítmica» que modela, anticipa y automatiza nuestros comportamientos (Aparici, Bordignon, & Martínez-Pérez, 2021).
Resulta muy fácil que un individuo delegue en estas herramientas digitales actividades propias de su entendimiento, como realizar una tarea académica, componer una canción o redactar un documento. De la misma manera, es muy plausible que muchos tomen decisiones vitales dejándose llevar por el consejo de un influencer, un youtuber, un tiktoker o un algoritmo de recomendación. En estos escenarios, recobra sentido la cuestión kantiana sobre la mayoría de edad: ¿Piensa por sí mismo quien adecúa su conducta a los consejos de un tercero o a los dictados de una «burbuja de filtros» que aísla su visión del mundo? (Wang & Guo, 2023).
Cualquiera podría argumentar que es normal que los seres humanos utilicen el pensamiento y la guía de otros como modelo a seguir, y que ello es precisamente lo que ocurre con los hijos respecto a los padres, los estudiantes respecto a los docentes o los feligreses respecto a sus líderes religiosos, por ejemplo. Esta orientación es recomendable y estrictamente necesaria en el caso de los menores de edad, pero ¿aplicaría ello también a los adultos plenamente capaces?
Muchos ciudadanos adultos continúan actuando como si fueran menores de edad, tomando decisiones de acuerdo con los estilos de vida de terceros que en internet les son totalmente desconocidos, e ignorando, en muchas circunstancias, las orientaciones de sus familiares y amigos. A muchos les genera mayor confianza la guía de un creador de contenido que la de sus seres cercanos. Si bien los líderes han desempeñado un rol fundamental en la historia, ¿en qué medida es racional y oportuno que el liderazgo sea asumido por un influencer o por un algoritmo que guía la toma de decisiones motivado, a menudo, por oscuros intereses comerciales? (Alizadeh et al., 2024). ¿Está la sociedad actual presenciando el fin del liderazgo tradicional para dar paso al liderazgo de entidades algorítmicas?
Existen, desde luego, escenarios en los que el pensamiento individual está legítimamente alineado o subordinado. Kant reconoció esto al hacer la brillante distinción entre el “uso privado” y el “uso público” de la razón (Tena Arregui, 2008). En su rol de trabajador dentro de una empresa o como militar frente a su superior —el uso privado—, el individuo no debe emplear su razón para desobedecer; debe cumplir las órdenes para proteger los fines de la institución (GESCAP, 2025). Sin embargo, ese mismo individuo, en su esfera pública y obrando como ciudadano docto ante el mundo de lectores, goza de ilimitada libertad para ejercer la crítica y expresar sus propias ideas (Kant, 1784; Tena Arregui, 2008). En este último ámbito es donde reside el valor de servirse del propio entendimiento para salir de la incapacidad.
Pero en este punto es menester volver a plantear el interrogante: ¿Tiene la sociedad contemporánea el valor de servirse de su propio entendimiento, o la esfera pública de la razón está siendo cooptada por las lógicas de las redes sociales y la inteligencia artificial? ¿Quién está tomando verdaderamente las decisiones: el sujeto individual o el algoritmo? ¿Está la conciencia moral e individual cediendo ante una «consciencia algorítmica» alienante? (Suárez-Gonzalo, 2023). Y si ello es así, ¿dónde está quedando nuestra libertad? ¿Las decisiones que toman los sujetos en la actualidad son realmente libres y autónomas, u obedecen a los intereses de terceros ocultos tras las pantallas? ¿Hasa qué punto es dable delegar las tareas, estudios y actividades a la Inteligencia Artificial?
En el campo de la educación, esta reflexión es aún más urgente ¿Siguen siendo los padres de familia y los educadores los referentes comportamentales y críticos de los jóvenes, o esta invaluable labor emancipadora ha sido delegada a las redes sociales, los medios de comunicación y la inteligencia artificial? (Bordignon, & Martínez-Pérez, 2021).
Referencias bibliográficas
Alizadeh, F., Lawo, D., Stevens, G., Zytko, D., & Eslami, M. (2024). When the “Matchmaker” Does Not Have Your Interest at Heart: Perceived Algorithmic Harms, Folk Theories, and Users’ Counter-Strategies on Tinder. Proceedings of the ACM on Human-Computer Interaction, 8(CSCW2), Artículo 481.
Aparici, R., Bordignon, F. R. A., & Martínez-Pérez, J. (2021). Alfabetización algorítmica basada en la metodología de Paulo Freire. Perfiles Educativos, 43(Especial), 36-54. https://doi.org/10.22201/iisue.24486167e.2021.Especial.61019
GESCAP. (2025). Resumen del ensayo “¿Qué es la ilustración?” de Immanuel Kant (1784).
Kant, I. (1784). Respuesta a la pregunta: ¿Qué es la Ilustración? Berlinische Monatsschrift.
Suárez-Gonzalo, S. (2023). La paradoja de la consciencia algorítmica a estudio. COMeIN, (131). https://doi.org/10.7238/issn.2014-2226
Tena Arregui, R. (2008). Uso público y uso privado de la razón. Revista ENSXXI, (17).
Wang, X., & Guo, Y. (2023). Motivaciones de la adicción a TikTok: rol moderador del conocimiento de la existencia de algoritmos en los jóvenes. Profesional de la Información, 32(4). https://doi.org/10.3145/epi.2023.jul.11













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