Tarea para Sociólogos

Tan fácil nos resulta caracterizar en bloque a esa población para juzgarla y concluir que «si así están por algo será.»


«Porque pobres tendréis siempre con vosotros y podréis hacerles bien cuando queráis; pero a mí no me tendréis siempre» San Marcos 14:7. Mi buen amigo Guillermo Arango quien en agosto pasado optó por la muerte asistida para dejar este mundo, siempre me lo repetía.

Él, Guillermo, un intelectual anónimo para la gran sociedad, pero así reconocido por quienes tuvimos la fortuna de platicar, escuchar sus argumentos de hombre de izquierda, se apoyaba en esa sentencia bíblica para dar a entender que por mucho que se quisiera, ese segmento de gente pobre, desnuda, sucia, vulnerable,  hambrienta, sin siquiera un documento legal que lo acreditara como actor civil, estaría inmerso entre nosotros, los «de bien.»

Es un paisaje normal, especialmente en ciudades grandes y medianas, ver a policías y vigilantes privados, retirar de los andenes y accesos a edificios, atrios de iglesias  y centros comerciales a esas personas, cuya presencia «afea» y seguramente resta categoría para que nosotros los «de bien» transitemos a nuestras anchas.

Tan fácil nos resulta caracterizar en bloque a esa población para juzgarla y concluir que «si así están por algo será.» Es como decirnos a nosotros mismos que,  sí hicimos bien la tarea, izamos la bandera, aprobamos todos los cursos, nos manejamos bien, y por eso mismo estamos un escalón más adelantados que aquellos…

¿Qué historias habrán detrás de esos rostros?. Qué bueno que los Sociólogos se adentraran en esos mundos y nos contaran cómo se llega a la indigencia, no para buscarla como puerto de llegada, no señor, sino para trazarnos acciones desde el estado y la sociedad a ver cómo se merman las posibilidades de que más seres humanos terminen arrinconados y asfixiados allí.

Ganaríamos todos. Seríamos un poco más parejitos. Le evitaríamos al Policía esa confrontaciòn interna entre «cumplir su tarea» y atender a su conciencia, al Pastor lo libraríamos para pulpitiar sobre caridad y hermandad sin que feligrés alguno le eche en cara el desplazar de su atrio al semejante, al gobernante se le harìa más fácil su tarea porque los recursos que dispone para perseguir y desplazar, los podría utilizar en otros frentes, la sociedad lograría un mayor equilibrio reflejado en más seguridad, y el Estado podrá decir, estoy cumpliendo.

Ñapa: obviamente no me va a leer, pero perdón de corazón le pido a aquel hambriento al que ayer en Ventura Plaza Centro Comercial de Cúcuta no defendí cuando la vigilancia privada lo retiró para que no me pidiera mis sobritas. Gracias a la «valerosa acción» del hombre de seguridad «caminé tranquilo» aunque de noche, no pegué los ojos.


Todas las columnas del autor: Norman Mesa Lopera

Norman Mesa Lopera

Comunicador Social de la Católica del Norte Fundación Universitaria. Activista de la cooperación como herramienta de crecimiento social y observador apasionado de la política. Las discusiones las termino con un silencio reflexivo.

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