Sobre literatura…

La literatura en su totalidad, se puede comprender en dos grandes paradigmas de estudio: el contexto y el contenido. El primero refiere a los aspectos sociales y al entorno general de la obra y el autor, comprendiendo la corriente literaria, y ciertos parámetros del contexto político, algún punto de coyuntura social o una época establecida, etc. El contenido refiere a las características de la obra por sí sola, descontextualizada y analizada en el sentido, la trama, el lenguaje, el espacio narrativo, etc., y ciertas singularidades semánticas y semióticas.

La literatura se concibe como una recreación de la realidad a partir de criterios estéticos, que se caracteriza por un elemento primordial: la ficcionalidad; esta tiene una relación directa con otra característica subsecuente y de similar importancia: la verosimilitud.  Aunque existen corrientes literarias que desdeñan los cánones y reglamentaciones consideradas válidas en el arte, estos dos elementos mencionados son fundamentales para que la escritura sea considerada literatura. La ficcionalidad es una propiedad que se expresa en la simulación de características reales por medio de la narrativa, con la utilización de herramientas conocidas como recursos literarios, también llamados: figuras retóricas o figuras literarias, que tiene por función: omitir, ampliar, repetir, enfatizar, etc. (anáfora, metáfora, aliteración…), a partir de peculiaridades semánticas, gramaticales, etc. La ficcionalidad permite diferenciar una obra literaria de cualquier otro documento, sea un documento oficial o una carta, aunque esta última sea en ocasiones utilizada como una figura literaria (la novela epistolar, por ejemplo). Por otro lado, la verosimilitud se explica en la congruencia del escrito, es decir, la credibilidad de los elementos retomados dentro de una obra literaria; la posibilidad que tiene esta de ser creída como cierta, aunque no necesariamente tenga que serlo.

La literatura, a palabras de César González (1982) es: “una institución, a la vez como organización autónoma, como sistema socializador y como aparato ideológico…” (p. 120), y cabría hacer algunos cuestionamientos al respecto sobre la amplitud de su concepción: ¿Tiene función o funciones la literatura?  A razón de ello, una serie de análisis se retoman sobre el aspecto utilitario de una obra, cuyo enfoque podría especificarse a un aspecto de carácter sociocultural remitido desde Platón hasta nuestros días; si bien la contemplación o el placer de la lectura conlleva a aspectos más relacionados con la naturaleza de su valor, la respuesta más próxima sería otro cuestionamiento de igual índole: ¿funcionar para qué?, en todo caso, y retomando la acertada conclusión a la que llegaron René Wellek y Austin Warren (1993), la respuesta sería: “La primera y la principal es la fidelidad a su propia naturaleza” (p. 46). Si bien, puede resultar ambigua esta resolución, se hace conveniente porque abre un espacio de análisis y permite la amplitud de la literatura en el componente principal del arte en su totalidad: la libertad de creación. Así, Vicente Huidobro (1921) atina en decir, de una manera sagaz, que: “Yo tengo derecho a querer ver una flor que anda o un rebaño de ovejas atravesando el arco iris, y el que quiera negarme este derecho o limitar el campo de mis visiones debe ser considerado un simple inepto.” (s. n.)

Para el siguiente cuestionamiento, retomaré una cita –donde la pregunta está presente- que realiza Herbert Read (1971) y con la cual abro un punto que es pertinente abordar dada la importancia, no sólo de la literatura, sino del arte mismo, sin dar más respuesta que un espacio en blanco para la reflexión:

En caso de que las literaturas griega y latina desaparecieran, que toda la arquitectura de la Edad Media y el Renacimiento fueran destruidas, estos hechos no influirían en absoluto sobre la cantidad de mantequilla en su pan o la calidad del abrigo que lleva puesto. ¿Entonces, para qué preocuparse?

[author] [author_image timthumb=’on’]https://fbcdn-sphotos-g-a.akamaihd.net/hphotos-ak-xpf1/v/t1.0-9/10562934_1502712956663375_2778234523278430748_n.jpg?oh=40c2e091eb8f9599481ab9a14d955950&oe=5512F51C&__gda__=1427022371_fac658cdf2c5d9fed7fdf7916e053da1[/author_image] [author_info]David Álvarez Vázquez Estudiante de Sociología de la Universidad Autónoma de Querétaro, México. Actual investigador sobre movimientos sociales con grupos campesinos e indígenas de la región. Integrante y co-fundador del Colectivo Kopitzin, grupo que trabaja con la apropiacion de espacios para difusión cultural. Columista del suplemento Voz Zero y pensador periférico «desde abajo». Tiene un proyecto personal llamado: «Raíces Subversivas» como el convencimiento de la función social de la escritura. Seguidor del EZLN y estudiante de la Escuelita Zapatista, amante del café, el jazz, la reivindicación del «otro» sometido, de la lengua y cosmovisión náhuatl, los movimientos anti-sistémicos y otras perversiones. Leer sus columnas.[/author_info] [/author]

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