Sobre el Liderazgo Público

El liderazgo puede definirse como una disciplina que tiene como fin inspirar objetivos determinados, que se establecen para satisfacer el bien común de los interesados, quienes seguirán la influencia de las acciones del líder para satisfacer su cumplimiento.

En las sociedades democráticas, lo público nos atraviesa y nos responsabiliza a todos:

Como organizaciones sociales que interactúan propositivamente con diversas comunidades, como empresarios que generan seguridad económica para la dignidad de las familias, como empresas y organizaciones solidarias que asumen una responsabilidad social con el entorno, como instituciones para la educación y la espiritualidad que cultivan el ser y preparan para el hacer de las personas, como individuos que coexisten en sociedad y son dependientes de ella.

El liderazgo público corresponde entonces al ejercicio estratégico integral que se desempeña al servicio de la comunidad humana, superando la mezquindad y el egoísmo propios del miedo del individuo frente al otro, que es su igual, más nunca el mismo. El liderazgo público invita a la inspiración por los nuestros que también son otros, a la visión holística de lo humano y una misión que nos reconoce como seres sociales; al buen ejemplo, la gratitud, el respeto y la convicción de aportar con nuestras potencialidades a la generación de valor público.


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En las culturas democráticas, el liderazgo público estará cimentado en el libre albedrío, la apertura del pensamiento, la pluralidad, el diálogo, la paz y la convivencia. Resulta incoherente desligar el mandato categórico del líder público a la luz del paradigma jurídico neoconstitucional (Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario) que actualmente legitima el poder de la República, reconociendo al Estado como la única institución del tejido social democrático, que tiene la obligación ineludible de generar valor público. Esta última es la razón primordial del por qué todos estamos obligados a contribuirle con tributos.

Los países de occidente mediante Organizaciones como la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico), han logrado diseñar herramientas documentales que sirven como guía para el direccionamiento técnico para el funcionamiento de las democracias en el hemisferio, destacando los modelos de Gobernanza – Buen Gobierno que integran la gestión de distintos actores en sinergia interinstitucional para materializar objetivos e indicadores de valor público y calidad de vida de manera efectiva. Por ejemplo, la reducción de la pobreza y de brechas de género mediante incentivos empresariales que incrementen la capacidad de empleo y empleabilidad de mujeres y población sexualmente diversa, o la implementación de políticas públicas para erradicar el hambre en niños y niñas que se encuentran escolarizados.

El líder público no necesariamente es un servidor público, el líder público es esa persona capaz de reconocer su humanidad y ejercer su categoría de ciudadano para construir e inspirar la construcción de un tejido social fortalecido, capaz de integrarse y cooperar entre instituciones de distinta naturaleza (pública, privada, solidaria, comunitaria) para la consecución del bien común acordado mediante el contrato social representado en el interés general contemplado en la Constitución Política.

Para el caso de Colombia, programas como Obras por Impuestos, son ejemplos exitosos de valor público generado por privados mediante legislaciones que brindan confianza a toda la ciudadanía, más allá de los burócratas, para asumir la responsabilidad sobre lo público con vehemencia, que nos impacta a todos (como las sanciones fiscales), en todas las esferas de nuestra vida en sociedad (como el uso de una vía en buen estado o el acceso a educación básica y de calidad).

El liderazgo público genuino es muy sencillo de reconocer cuando observamos con prudencia, ya que es ejercido por personas cuyo propósito se inspira en el don del servicio, el amor desde la humanidad. Lastimosamente, como muchas otras situaciones y condiciones de este tiempo, se ha diluido en productos electorales que se venden a través del marketing político, actuando como defraudadores de la moral pública y promotores de la polarización que fractura el tejido social.


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About the author

María Camila Chala Mena

Poeta y abogada, activista. Lo personal es político, y mi palabra favorita es Utopía.

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