La juventud, no le pertenece a la izquierda

Que la libertad de expresión no les cuente a los jóvenes conservadores de Colombia su integridad, su moral, y su buen nombre


En estas últimas semanas se restablecieron relaciones del gobierno colombiano con las dictaduras de Nicaragua y de Venezuela. Tal restablecimiento, es para promover los derechos humanos en las tres naciones, (cosa que resulta contradictorio por que 2 de ellas violan todo tipo de derechos y la otra es cómplice con su silencio).

Con Venezuela, en específico, es para promover el “comercio”, tan rara para mi esa expresión, teniendo en cuenta que Venezuela no es más que un estado planificador central de la economía y Colombia, bajo el gobierno Petro, busca imponer el estado como el principal contratante, administrador, impulsor e imponer impuestos para el beneficio de su gobierno y sus planes “sociales”. Dejando atrás más de 30 años de un país con una economía abierta y de mercado creciente y en aumento.

Con Nicaragua, la agenda es muy confusa, nada clara y muy contradictoria. Eso se debe a que por afuera, se ve que Colombia será un país neutral y ser cómplice de Ortega para beneficio del litigio, que aún se encuentra vigente entre las dos naciones. Y para evitar que Colombia no siga reclamando lo legítimo y no reconocer el fallo de la Haya y sobre todo la “paz entre las naciones”, según Petro, prefiere la pasividad, a no luchar por la soberanía nacional. Esto nos lleva al precio que hoy nos cuenta a los colombianos, tales actitudes.

Lo que para nosotros siempre fue sano y democrático, en una sociedad gobernada hoy por “el cambio” es: supresión de libre expresión,  la cual hoy al parecer es costoso y se paga un alto precio social, ético, moral  y sicológico.

La semana pasada fueron protagonistas tres jóvenes del partido Salvación Nacional, lo cual fue grabarse y hacer una crítica sana, democrática y sin piromanías a una posición del gobierno Petro ante la dictadura nicaragüense de Daniel Ortega, se hizo una crítica a su posición frente a la ausencia de Colombia ente la OEA, se hizo un reclamo válido ante esta posición y frente a unas declaraciones que llegaron de un medio oficialista Nicaragüense, donde se hablaba que Colombia estaba desdiciendo aceptar el fallo de la Haya a cambio de presos políticos de ese país. Palabras más, palabras menos, estaba regalando la soberanía nacional; como si Petro y su gobierno pudiera hacer eso de manera autoritaria, lo cual fue desmentido y supuestamente rechazado por Ortega.

La crítica a esta noticia, una oficial y la otra especulativa porque no se comprobó por el gobierno colombiano, aunque no sería seguro porque el presidente de la república, hoy parece un tuitero redomado que un presidente serio. Un presidente que, como su ministra de minas, evita una respuesta certera, acertada y sobre todo, coherente con lo que se vive en el país con una actitud soberbia llena de inexactitudes, con tesis económicas fallidas y con teorías del siglo XIX que no han sido más que refutadas y enfrentadas con resultados, no con las intenciones.

Ahora bien, después de que se conociera el video de los tres jóvenes de Salvación Nacional, de tercer semestre universitario y que el mayor, no pasa de los 21 años, que hicieron su legítimo reclamo, vino la aplanadora de la izquierda. Tanto la recalcitrante y subversiva como la “moderada”. La primera es aquella que no solo te ataca a nivel de ideas, busca destruirte, destruir tu imagen, tu nombre, tu integridad, tu búsqueda de la verdad y de la realidad, esa izquierda que quema CAI’s, transporte público, intenta quemar policías vivos, degolla civiles en moto con un cable, invade propiedad privada, quema templos católicos, saquea super mercados, etc. Todo aquello que vimos en el país en el 2019 y 2021, una toma guerrillera de las ciudades, con la máscara de un “estadillo social” como lo venden senadores como Gustavo Bolívar.

La segunda, la moderada, es la que está en las redes sociales y con personas de la vida pública e influenciadores. Que solo sirven para atacar a los jóvenes o menores de edad, como por ejemplo Margarita Rosa de Francisco y Daniel Samper Ospina, cuyo hombre se esconde en el humor para hacer y deshacer con la imagen de la gente y los jóvenes. Buscando ridiculizarlos por el simple hecho de tener pensamiento conservador y piensan distinto. Qué pena para el señor Samper, pero la juventud no le pertenece a la izquierda. Jamás olvidaré el día en que Samper atacó a la hija de la senadora Paloma Valencia recién nacida (en el día de las madres), pero cuando salió el expresidente Uribe en su defensa, Samper publicó en sus redes un video victimizándose, exponiéndole al país que lo estaba intimidando, etc. Si algo lo ha caracterizado a él y a otros con ese modus operandi es que se sienten en libertad de atacar a personas inocentes, pero si lo enfrentan se esconde como todo un cobarde de vuelta a su madriguera detrás de un computador.

Que la libertad de expresión no les cuente a los jóvenes conservadores de Colombia su integridad, su moral, y su buen nombre. Expresión libre para todos y que el matoneo y la supresión de libertades mediante la intimidación no sea el comienzo de algo peor en nuestro país.


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About the author

David Esteban Bravo

Soy Coach Empresarial y de vida. Estudiante de 10 semestre de derecho, militante del partido Centro Democrático desde el 2014, miembro de debate y vocero del 'NO' en el plebiscito del 2016, miembro del equipo de precampaña de Rafael Nieto Loaiza de 2017 y 2022. Jefe de debate de jóvenes de Iván Duque en Pasto, Nariño en 2018. Y por último, soy Económicamente liberal y políticamente de derecha.

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