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Sobre el Autismo

“El autista no va a un lugar en el cual lo esperan o no sale de un lugar en el cual lo van a extrañar (va hacer falta), ni siquiera tiene ese mínimo resquicio de paranoia con el que contamos los sujetos que nos hace pensar que alguna cosa sucedida (ya sea por azar o intencionalmente) tiene como objetivo dañarnos”.


El espacio es una construcción puramente verbal
Jacques Lacan

Se dice que el autismo es un modo radical de estabilización que protege al sujeto de la angustia. También se dice que el autista no necesita del otro, en tanto necesidad de relacionarse. Y es que la única posibilidad que tenemos para hacer efectiva esa forma de vínculo es cuando nos falta algo, pero al autista no le falta nada. En ese sentido, la cotidianidad del autista, su día a día, es vivido en lo puramente real (en su cuerpo y/o con los objetos); incluso, se podría decir que gran parte de las personas que cuentan con esta sintomatología del espectro autista transitan el espacio – tiempo de forma fragmentada; es decir, al no haber consolidado un Yo carecen de la posibilidad de ir por el mundo representándose como sujetos. El autista no va a un lugar en el cual lo esperan o no sale de un lugar en el cual lo van a extrañar (va hacer falta), ni siquiera tiene ese mínimo resquicio de paranoia con el que contamos los sujetos que nos hace pensar que alguna cosa sucedida (ya sea por azar o intencionalmente) tiene como objetivo dañarnos. Para ellos la realidad debe ser una sola, inmutable, estática, eterna. Incluso el hecho de que se altere esa realidad les genera una angustia que los desborda.

Recuerdo, particularmente, el caso de un niño autista que llevaba colgado a su cuello unos tres o cuatro collares que manipulaba todo el tiempo con sus manos, un día su cuidadora le obligó a quitárselo como requisito para poder ingresar a determinado lugar. Al sacarse estos objetos de su cuerpo, el niño comenzó a darse golpes contra las paredes de forma violenta, acompañándolos de fuertes gritos. Esta situación representa fielmente como algunas crisis en el autismo están relacionadas con la alteración de esa realidad en la que viven anclados.

Ahora bien, la satisfacción de aquellos que ostentan este síndrome se da por fuera de la palabra, sin necesidad de lo demás; en esa satisfacción, que se entiende como el único centro de interés para ellos, se les va la vida misma, por medio de ella se protegen del mundo y lo ordenan. Lo más interesante es que gracias a los compulsivos movimientos que realizan (estereotipias), las personas autistas inventan su propio lenguaje, su propio código binario (quietud – movimiento); dicho de otro modo, a través del goce con el cuerpo, a través de esa experiencia de satisfacción excesiva que producen físicamente, logran acceder a una especie de pre-lenguaje que solo tiene significado para ellos.

Aunque esto no evita que muchos hagan un intento inmenso, enorme, de simbolizar el agujero y su borde (de allí su gusto por los orificios, los huecos, las esquinas). ¿Por qué lo hacen? ¿Para qué lo intentan? Es bien sabido que para ellos no existe el espacio vacío (algo que debe llenarse), no existe el adentro, el afuera, para ellos el espacio está lleno. Tal vez esa búsqueda ardua e incesante del agujero y del borde tenga el objetivo de hacer posible la restitución de la falta, lo que provocaría necesariamente la emergencia (el nacimiento) del sujeto.