Opinión Selección del editor

Sindemia, la nueva realidad

Coincide el regreso de Aníbal Gaviria a sus funciones como gobernador, con uno de los momentos críticos de la pandemia del Covid, que lejos de haber superado, seguimos enfrentando con determinación, basados en los datos y las recomendaciones de los expertos. Como entendemos esta situación como una maratón (usando el símil propuesto por el Gobernador) sabemos que aún faltan muchos kilómetros para cantar la victoria.

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Es más que una postura o un pronunciamiento, tiene que ver con la manera de afrontar los momentos. Por eso, insistimos en que no se puede bajar la guardia, además porque hoy más que de pandemia, debemos hablar de una nueva realidad, la que se deriva de una sindemia.

Tanto los estudiosos de la lengua, como los de la antropología y las áreas de la salud, han admitido que sindemia es una expresión válida para poner de presente esa idea vieja de que los males nunca vienen solos. Designa la sinergia de epidemias que existen en el mismo lugar y al mismo tiempo, que interactúan entre sí y tienen factores sociales comunes. Así es como creo que debemos empezar a ver el momento actual, marcado por la pandemia del coronavirus.

Hacerle frente al Covid 19 implica tener en cuenta que el cambio climático ya no es una amenaza sino una realidad que convive al mismo tiempo con la obesidad, pero también con la desnutrición, con la pobreza, con el abuso de las drogas, con la violencia, con el desempleo, con la inequidad en todos los campos, con problemas ambientales, sociales, económicos, ecológicos e incluso políticos y democráticos. Porque como ya hemos expresado, la indiferencia es un virus que se ha incrustado desde hace tiempo entre nosotros.

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Y como se trata de un problema que tiene múltiples aristas, no puede mirarse desde un solo frente. Se necesita un modelo sindémico, para articular la medicina y la atención en salud, el reforzamiento de las capacidades de infraestructura médica y la capacitación del personal, con los derechos humanos, la asistencia social que implica la reacción solidaria de primer momento, pero sobre todo la implementación de una serie de acciones que puedan dar respuesta al mismo tiempo a cada una de las amenazas que se presentan simultáneamente.

Hoy, nos preocupa la presión que hay sobre las UCRI que son las unidades de cuidados respiratorios intermedios, cuya ocupación está cercana al 90%, y de las UCI que en zonas como el Valle de Aburrá están cerca al límite de la Alerta Roja hospitalaria. Una realidad que no podemos desconocer para atender de la manera más adecuada el actual momento de la enfermedad, siempre con la premisa de salvar vidas.

Y aunque el mayor número de contagios se presenta en personas de alrededor de 36 años, cada vez son más los jóvenes que se han infectado, muchas veces por falta de rigor con los protocolos. Con frecuencia, además, esos jóvenes contagian a los adultos mayores que es a quienes más debemos proteger porque son las personas más vulnerables, en ello el compromiso debe ser colectivo y permanente.

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Desde el comienzo de la pandemia, por instrucción del Ministerio, se separaron las camas para la atención de pacientes Covid de los No-Covid. Pero la realidad, es que desde una mirada sindémica lo que se necesita es que las capacidades de atención estén dispuestas para quien las necesita. Nuestra obsesión es la defensa de la vida, lo mismo si la amenaza es el coronavirus o un trauma, una enfermedad de base o una sobreviniente.

Lo que está en juego, ni más ni menos, es la vida. Por eso, desde una mirada holística, es urgente e inaplazable su defensa, su protección, pero también su redefinición, desde un nuevo sentido, que nos haga más humanos, más solidarios, más dignos de permanecer como especie. Porque como dijo el filósofo británico Aldous Huxley, “La realidad no es lo que nos sucede, sino lo que hacemos con lo que nos sucede”.

En ese sentido, como sociedad, estamos abocados hoy a hacer lo que esté a nuestro alcance para enfrentar las variadas epidemias que nos amenazan, para superar la crisis actual, pero sobre todo para construir un mejor escenario para la vida en sociedad, más equitativo, y si se quiere más humano.

Naturalmente, en esa pedagogía de la equidad que la humanidad reclama hoy, es bueno reafirmar lo que lo ha dicho Aníbal Gaviria: “quienes más tenemos o hemos recibido, somos quienes más tenemos que dar y aportar, pero todos, en la medida de las capacidades y posibilidades, debemos contribuir a que el futuro no sea una aplazada promesa de bienestar sino una realidad posible en todas las latitudes y en todas las dimensiones”. Eso implica asumir la amenaza como una sindemia y enfrentarla con sentido de unidad, solidaridad y con inteligencia.

Hoy, para fortuna nuestra, tenemos de regreso a un líder sensible y comprometido, que con toda seguridad asumirá la atención de esta sindemia, como lo hizo desde antes de que el Coronavirus llegará a nuestro territorio. Con su dirección y su determinación, entre todos, UNIDOS, saldremos adelante.