SANTOS Y UNA CRISIS INSTITUCIONAL SIN PRECEDENTES

Desaciertos sistemáticos de un gobierno comprometido con su propia reelección: Santos y una crisis institucional sin precedentes. 

Colombia sucumbe, quizás como nunca antes, frente a un episodio de quebrantamiento institucional que se suma a una de las crisis gubernamentales más alarmantes de las que se tenga noticia en la historia del país. La debacle tiene nombre propio: Juan Manuel Santos Calderón. Mucho se ha escrito sobre este momento desafortunado y sin precedentes, pese a ello, parecen ser más las voces del periodismo y de la opinión “política” que servilmente se prestan para enriquecer el ego espurio y mal intencionado de un presidente que como pocos, se ha desentendido de los problemas sustanciales que demanda una sociedad literalmente enferma y desatendida por un mandatario, acompañado de un equipo de ministros con un desarraigo social jamás visto y sin capacidad de reacción ante álgidas coyunturas que hace mucho dejaron de ser momentáneas, convirtiéndose en la constante de la política nacional.

En primera instancia, estamos ante la evidencia, probada y documentada, del  incumplimiento de las promesas electorales del gobierno consignadas en el Plan Nacional de Desarrollo “Prosperidad para Todos”. Vale la pena reflexionar de fondo y preguntarnos ¿a qué tipo de prosperidad se refería Santos? Comencemos por precisar que las famosas locomotoras para la prosperidad jamás se pusieron en marcha. Colombia afronta una economía de ficción, el agro, como se ha evidenciado recientemente, sufre de una desarticulación inminente. Los paros fueron la reacción campesina y legítima de un sector productivo golpeado de muerte por las políticas del gobierno y entre tanto, de una agenda oculta que se negocia con los asesinos y narcotraficantes más despreciables de nuestra vida republicana: las FARC.

La minería es otro ejemplo palpable del desarraigo, el desinterés y la ignorancia sistemática de los ministros que no conocen la problemática minera. Cuatro ministros y más de tres años de gobierno para continuar con una institucionalidad débil y poco robusta en materia de legalización de minería de hecho y de la recepción de propuestas de contratos de concesión minera para la apertura de nuevos mercados en este sector. El gobierno del hoy presidente – candidato, para entonces, consideró oportuno acabar con INGEOMINAS, que como autoridad minera delegada logró importantes recursos para la recuperación de regalías, así como la formulación de políticas para enfrentar la minería ilegal, que no es lo mismo que la minería artesanal o de hecho, como torpemente lo han interpretado los “técnicos” de palacio designados para tal propósito.

La solución o en este caso el sofisma de Santos, no fue otro que el expansionismo burocrático, en el que su brillante equipo de asesores le sugirió crear dos entidades para lograr mayor eficiencia. Decidieron entonces, darle vida por una parte al Servicio Geológico Colombiano y por otra a la Agencia Nacional Minera. Dejamos dos inquietudes: ¿cuánto costó la reestructuración del sector minero?  ¿Cuál ha sido el beneficio para el desarrollo socioeconómico de un país en el que la minería está estancada? Adicionalmente, tanto el Servicio Geológico, como el Ministerio de Ambiente, Colombia Humanitaria y la Unidad Nacional de Gestión del Riesgo, entre otros, le deben al país una explicación sobre el terreno escogido para la reubicación de Gramalote, toda vez que este asunto aún permanece en el limbo y sus habitantes fungen como andariegos en la desesperación más infame. Aquí, claramente, se advierte un peligroso detrimento que para fortuna del gobierno ha pasado sin pena ni gloria ante los organismos de control.

Ahora bien, el sector ambiental ha sido otro de los fortines de la clientelización y de las recomendaciones parlamentarias, en un tema que amerita toda la rigurosidad técnica y científica para el diseño de una política pública en temas como el cambio climático,  sólo para citar una de las más indispensables. Una de las entidades columna vertebral de los asuntos ambientales fue ese importante IDEAM dirigido por Ricardo Lozano, nombrado durante la administración del presidente Álvaro Uribe. Lozano entendía como nadie la problemática y era un técnico a toda prueba, sin embargo, se retiró dignamente del Instituto, toda vez que se venía una avalancha burocrática en la que su sucesor condenó este escenario científico a las apetencias del Partido Conservador. Tan mal se encuentra este sector, que ese mismo personaje asciende estrepitosamente al viceministerio de Ambiente, y al IDEAM llega como director un pariente cercano del virtuosísimo expresidente Ernesto Samper. La mermelada entonces, también se ha tomado la ciencia, la tecnología y la investigación.

El Gobierno Santos ha dejado a Colombia herida de muerte, el exceso del gasto público expansivo en lo burocrático y austero en lo social refleja un país en coma, un Estado fallido, inseguro, sin inversión, sin dialogo popular, sin soluciones de fondo. Para la Contralora Morelli pasaron inadvertidos los más de 1.6 billones de pesos en pauta publicitaria, como resultado de una estrategia que también le pone precio a los medios y editorializa a la fuerza en favor del gobierno a costa de las mentiras más horripilantes.

Da grima, da tristeza, da dolor de patria escuchar a un gobierno sin legitimidad, sin logros y con la apuesta por una paz electoral, una paz mentirosa, convenida para asaltar el ordenamiento jurídico y violar los tratados internacionales de la mano de unas cortes que intentarán prevaricar con miras a la consecución de este propósito para perdonar asesinos e indultar a quienes han extorsionado, secuestrado, acribillado a la población civil, instalado minas antipersona, cometido crímenes de lesa humanidad, reclutado menores, asesinado y mutilado soldados y policías.

Los colombianos estamos a tiempo de cesar esta horrible noche y retomar el rumbo de la seguridad como valor fundante de la democracia.

Nota: Santos tiene sin duda logros destacables, desde luego que hay que reconocerle al presidente la puesta en marcha de la locomotora de la burocracia y que ha hecho prósperas a las FARC en La Habana, así como a sus amigos samperistas, serpistas, gaviristas y pastranistas. Prosperidad para sus amigos y miseria para el resto del país. La razón que le asiste a Santos para continuar en el poder está lejos de representar el interés general, sólo lo compromete su propia reelección.

Por:  Juan Fernando Casas Vargas

Comunicador Social y Periodista

Especialista en Estudios Políticos

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