Regreso a clase: ¿Otro dilema entre la vida y el progreso?

     

El gobierno nacional anunció que en agosto se restablecerán las clases presenciales en colegios y universidades bajo la modalidad de alternancia. Mientras la evolución  del COVID-19 no nos permite entender cuándo en nuestro país llegaremos al pico de contagios y así obligar a que la curva muestre la tan anhelada línea de descenso, vivimos una incertidumbre a nivel nacional con la medida tomada para los colegios y universidades.

La pregunta que surge para muchos es: ¿Será conveniente volver a las aulas de clases cuando la línea de contagios aumenta con el pasar de los días? Si nos sentamos a analizar la conveniencia de la medida, quizás muchos de nosotros estemos de acuerdo con esta decisión, pero lo cierto es que en Colombia hay miles de ciudadanos que compartimos a diario con personas con enfermedades preexistentes que -si llegaran a ser contagiadas- el nivel de riego sería más alto.

Por lo tanto, muchos padres de familia optarán por no enviar a sus hijos a los colegios y universidades con el argumento que dentro de su hogar hay un adulto mayor o una persona con alguna enfermedad, quien sería una víctima potencial para el COVID-19.

Lo anterior representaría una deserción de estudiantes de una manera involuntaria, lo que me lleva a pensar que la medida tomada por el gobierno nacional es un poco apresurada, aún falta un mes y medio para que llegue el 1 de agosto y a ciencia cierta no sabemos cuándo realmente alcanzaremos el pico en los contagios. Con el pasar de los días, los epidemiólogos posponen más las fechas, crece la angustia y los casos aumentan.

Tal vez muchos estén errados en pensar que se debe volver a las aulas de clase de manera presencial. En abril, cuando se decidió la apertura gradual en algunos sectores económicos, lo cual era necesario, pudimos observar que a la fecha del 24 de abril del 2020 se reportaban 4.881 casos, para el 9 de junio de 2020 se reportaron 42.078, este aumento se vio representado en un 762%.

El pasado mes de mayo en Francia, se dio la reapertura a las instituciones educativas, medida que tuvieron que echar para atrás una semana después debido a que se presentó un rebrote de COVID-19 en algunas instituciones, según reportó el ministerio de educación de este país y se hizo evidente en que los niños son más propensos a ser asintomáticos, lo que nos dificultaría identificar si después del regreso a clases, nuestros hijos resultan infectados. Finalmente la medición del impacto de las decisiones públicas y las cifras de infectados es un tema complicado de correlacionar.

No cabe duda que las cifras aumentarán notoriamente con el regreso a las clases presenciales, ya que así se puede evidenciar por la dificultad natural de que los niños y adolescentes comporten las normas de bioseguridad establecidas por el MinSalud.

Por lo pronto, ahora nos corresponde esperar a que llegue el mes de agosto y así saber cómo será el regreso a clases; con sus respectivos protocolos, las medidas de bioseguridad, el distanciamiento social dentro la institución, lo que podrá convertirse también en un factor que genere posibles problemas psicológicos en los más jóvenes al no poder compartir con sus compañeritos o en un momento determinado incluso sentir discriminación por algún síntoma presente o pasado de fiebre o gripa.

 

About the author

Sebastian Alegre

Sebastián Alegre es un joven enamorado de la vida, nació en Chigorodó, municipio de la región de Urabá; es estudiante de Derecho en la Corporación Universitaria Americana, activista político y apasionado por el servicio comunitario, comprometido y soñador.

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