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Recuerdos alfonsinos de Adolfo Castañón

Foto Secretaría de Cultura de México

“El pasado 18 de diciembre de 2020 se dio a conocer que Adolfo Castañón fue reconocido con el Premio Nacional de Artes y Literatura de México. Sus poemas, artículos, ensayos, ediciones y traducciones son una maravillosa combinación de erudición y belleza; son un fiel testimonio de búsqueda de hermandad entre los hombres”.


La primera vez que conversé con Adolfo Castañón fue el 6 de diciembre de 2017. Nuestro encuentro fue en la cafetería de la librería Octavio Paz del Fondo de Cultura Económica en Miguel Ángel de Quevedo, Ciudad de México. Decidí buscar al poeta, ensayista, editor, traductor y bibliófilo mexicano pues requería orientación a propósito de mi tesis doctoral sobre las Obras completas de Alfonso Reyes.

Mientras esperaba a Adolfo, hojeaba los Cuentos de Tomás Carrasquilla de la extinta editorial Bedout. Dudaba si tal libro sería de su agrado; sin embargo, había decidido entregarle la edición de 1985, ya que con relatos como: “Simón el mago” y “En la diestra de Dios Padre”, mi abuelo, Libardo Echeverri Carvajal, me había enseñado a amar la literatura. Adolfo llegó poco antes de las siete de la noche. Llevaba saco, chaleco y corbata; lo más distintivo de su vestimenta era la insignia de la Academia Mexicana de la Lengua que portaba en la solapa de la chaqueta. Al entregarle el libro de Carrasquilla reconoció de inmediato al cuentista, ensayista y novelista antioqueño. Me recordó cómo en su obra se perciben las tradiciones colombianas de finales del Siglo XIX y comienzos del XX: arrieros, campesinos y mineros son parte fundamental de los cuentos; relatos en los que los héroes son capaces de enfrentar los espantos y aparecidos; historias, sacrílegas y heroicas, de tiempos de guerra.

—¿Sabía usted que soy un personaje literario en el cuento “A las cinco de la tarde” de George Steiner que defendió a Medellín de injustas acusaciones por el narcotráfico? — plantea Adolfo. En la edición del libro Los logócratas, publicado en París en 2003, Steiner me cita como Roberto Casteñón: maestro de literatura, discípulo y lector de Octavio Paz que convence a un grupo de jóvenes para viajar a Medellín para luchar con las armas de la poesía en contra de la violencia.

Me estremecí al escuchar tal testimonio. Desde que había llegado a vivir a México en el 2006, me sentía muy incómoda cuando en algunas ocasiones escuchaba preguntas y comentarios sobre Colombia en relación con las drogas, guerrillas y prostitución. —¿Puedo abrazarlo, Maestro? —pregunté temerosa. En ese abrazo fraternal confirmé el poder de la poesía que está presente en Medellín desde hace varias décadas: aunque un poema no sirve para detener las balas, es su inutilidad la que preserva su fuerza y poder. Es una paradoja. En las épocas de crisis, solo lo perfectamente inútil es capaz de ayudar. No en vano Octavio Paz recuerda: “La poesía es conocimiento, salvación, poder, abandono. Operación capaz de cambiar al mundo, la actividad poética es revolucionaria por naturaleza”.

Desde su ingreso al Fondo de Cultura Económica en 1975 y durante casi treinta años de trabajo en los que llegó a ser gerente editorial, Adolfo fue un gran promotor de las letras hispanoamericanas, particularmente de poesía. Es posible afirmar que varias generaciones nos hemos formado con los libros que él seleccionó. Adicionalmente se ha destacado como traductor de Jean-Jacques Rousseau, Paul Ricoeur y Roland Barthes. Uno de sus mayores logros, comenta, fue traducir Después de Babel: aspectos del lenguaje y la traducción de George Steiner. No es exagerado decir, según declara Enrique Krauze, que uno de los mayores orgullos de Steiner es el haber sido traducido por Adolfo.

Además de los Cuentos de Tomás Carrasquilla, tenía también a la mano el catálogo bibliográfico Capilla Alfonsina. La biblioteca de Alfonso Reyes; libro que describe el acervo de más de veintiséis mil tomos y ocho mil publicaciones periódicas que dio origen al fondo Alfonso Reyes de la Universidad Autónoma de Nuevo León en Monterrey. Los demás archivos documentales del escritor neoleonés quedaron en la Capilla Alfonsina, centro de estudios literarios y casa-museo ubicada en Benjamín Hill 122, colonia Hipódromo Condesa en la Ciudad de México, en donde Reyes vivió rodeado de sus libros, obras de arte y recuerdos “en inacabable luna de miel” desde 1939, luego de su regreso definitivo a México después de haber vivido veintiséis años en el exterior.

Adolfo, apasionado lector, es admirador de Alfonso Reyes, de quien ha dicho que fue “el poeta y crítico que sentó las bases de un canon moderno de la prosa y del verso para las letras mexicanas e hispanoamericanas”. La vida y obra del escritor neoleonés han sido objeto de investigación y estudio desde hace más de cuarenta años. Célebre es su libro de ensayos Alfonso Reyes: caballero de la voz errante, publicación que en las ediciones de 1978, 1988, 1991, 1997, 2007, 2012 y 2016 ha sido divulgada por la Universidad Nacional Autónoma de México, Universidad Autónoma de Nuevo León, Academia Mexicana de la Lengua y El Colegio de México. Además ha editado y prologado obras tales como: Alfonso Reyes digital: Obras completas y dos epistolarios (2002), Alfonso Reyes lee el Quijote (2008), Cartas mexicanas [1905-1959] (2009), Diario 1927-1930 (2010), Pasado inmediato (2011), El libro de las jitanjáforas y otros papeles (2011), Poesía de Alfonso Reyes (2017), Visión de México de Alfonso Reyes (2018). Su discurso de ingreso a la Academia Mexicana de la Lengua en 2005 se titula: Trazos para una bibliografía comentada de Alfonso Reyes, con especial atención a su postergada antología mexicana “En busca del alma nacional”.

En el 2018, Adolfo es distinguido con el Premio Internacional Alfonso Reyes, galardón que ha reconocido a escritores tales como: Jorge Luis Borges, Carlos Fuentes, Octavio Paz, Harold Bloom, José Emilio Pacheco, Margit Frenk, George Steiner, Mario Vargas Llosa, Sergio Pitol, Alberto Manguel; los colombianos Germán Arciniegas y Rafael Gutiérrez Girardot hacen parte también de tan relevante grupo de autores.

Y es justamente esa fidelidad alfonsina la que me había motivado a buscar la asesoría de Adolfo. Desde el 2012 había iniciado mi proyecto de tesis doctoral: Leer a Alfonso Reyes: una carta de navegación para las Obras completas. Un total de 13.404 páginas componen los veintiséis tomos editados por el Fondo de Cultura Económica entre 1955 y 1993. Reyes creó una obra monumental en su extensión, compleja en sus derivaciones, ascendente en el espacio y en el tiempo. Nada de lo relativo al hombre le fue indiferente. Teniendo en cuenta que la lectura del legado alfonsino es un plan que lleva varios años de dedicación, sino es que representa un proyecto para toda una vida, surgió la necesidad de crear un instrumento para explorar los veintiséis tomos.

Esta intención práctica fue prevista por José Luis Martínez en 1993 al llamar la atención sobre el diseño de “un índice analítico acumulativo”; petición que fue secundada por Gabriel Zaid en 1999 al recordar la necesidad de establecer “la integración de los índices separados de cada volumen en otro volumen aparte, con una sola ordenación alfabética”; propósito que materializó Adolfo Castañón con Alfonso Reyes en una nuez, al proponer el Índice consolidado de nombres propios de personas, personajes y títulos en sus Obras completas, el cual puede ser eventualmente considerado como el tomo XXVII del legado alfonsino.

—Hace pocos días terminé de escribir el prólogo de Alfonso Reyes en una nuez — comenta Adolfo. Este proyecto editorial lo concebí hace veinte años. El Colegio Nacional lo dará a conocer a principios de 2018. A propósito, continúa, he mencionado su nombre en la introducción, dados sus intereses en las Obras completas de Alfonso Reyes al formular los índices global, consolidado y analítico.

En mi investigación pude constatar que Adolfo aportó 3,572 nuevas entradas que amplían las listas de autores, personajes, personas y títulos presentes en las Obras completas de Alfonso Reyes. La suma de las veintiséis listas de los índices generales y de nombres y de Alfonso Reyes en una nuez arrojó un total de 76,610 nombres, incluidas las variantes y repeticiones del mismo nombre en los diferentes volúmenes del legado alfonsino.

El pasado 18 de diciembre de 2020 se dio a conocer que Adolfo Castañón fue reconocido con el Premio Nacional de Artes y Literatura de México. Sus poemas, artículos, ensayos, ediciones y traducciones son una maravillosa combinación de erudición y belleza; son un fiel testimonio de búsqueda de hermandad entre los hombres. Su accionar, en su calidad de hombre de letras, es la de un artesano “comprometido con el lenguaje, quien estudia la oralidad convertida en escritura y viceversa”.

Esto fue escrito por

Carolina Moreno Echeverry

Ingeniera civil, Maestra y Doctora en literatura. Consultora empresarial de instituciones públicas y privadas, docente e investigadora universitaria en Colombia y México. Ha sido colaboradora en diversos medios de comunicación mexicanos. Lectora gozosa y apasionada difusora de los placeres de la lectura y escritura.

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