Cultura

Punk Rock de Medellín: la contracultura musical de una ciudad en tiempos del Reggaetón

Punk Rock de Medellín, relato de una juventud eterna, alegre, bohemia y melancólica. La contracultura musical de una ciudad en tiempos del Reggaetón.

Cuando yo conocí el Punk (género musical peruano, aunque se diga y se afirme que es británico) lo hice por un cd de la banda IxRxAx, la cual es considerada para muchxs una de las bandas insignia del género en la ciudad y una de las más bandas con más trayectoria (más de 30 años) e influenciadora de la ciudad, y eso fue por allá en 2006 durante la época de colegio, gracias a una grabadora que llevaba al colegio un amigo llamado José Daniel García y, porque desde pequeño, siempre me gustó juntarme con gente más grande que la de mi edad, entonces Yeni y El Mono, unos manes que estaban en décimo y once en el colegio de la UCO (mauj) en Rionegro Antioquia, quienes me parecían muy curiosos y a los que la monja coordinadora del colegio y los profesores les molestaban por sus vistosos atuendos rockeros (Taches, parches y manillas), yo era muy indisciplinado desde prescolar y me llevaban a lo sumo unas 4 veces a la rectoría, entonces empecé a comulgar con el género musical PUNK, porque sentía que me pasaba lo que en sus canciones se relataba.

Siempre fui muy escéptico a la obediencia que en los colegios católicos enseñaban, entonces me sentía bien escuchando Punk Rock durante esos años de constante inmadurez y diversión, donde el futuro parecía lejano y la represión escolar y familiar era constante. Por esos años en el canal Teleantioquia todos los días de lunes a viernes se transmitía el programa “musinet” a las 6 de la tarde bajo la conducción de blanco lo cual hizo que conociera más del género y de otro subgéneros, la simplicidad de las guitarras, el sonido del redoblante y las letras tan  explicitas sobre la cotidianidad y las diferentes situaciones de la vida fue lo que más me atrapó de este género. Desde Nadie, Fertil Miseria, GP, Calibre 38, Jhonie all star, la mojiganga, hasta tres de corazón, popcorn, 911 y código rojo, entre muchas bandas más principalmente argentinas y españolas eran las que más llenaban mi gusto, y me hacían sentir bien, como buen aficionado del género, también coqueteé con instrumentos musicales (batería-bajo) siendo un desastre, más en la cuerda que en los tarros, pero un desastre al fin y al cabo. Una vez más el arte me decía que mi sitio era en la grada, como espectador, cosa que no me frustraba en absoluto, porque me divertía igual y hasta más que cuando yo hacía el intento de tocar. Cuando se empezó a subir música a YouTube, también se descargaba con suerte en ARES, y por fortuna en mi casa tuve computador con internet desde 2007, lo que me convertía en el desembale de mis amiguitos de cuadra, para hacer las “tareas” y así me permití aprender más sobre los gustos e influencias musicales que iban a marcar a una escasa generación que se negaba a escuchar reggaetón aun cuando todos los días lo oíamos por nuestros vecinos, en los buses y en la calle.

Más adelante, tuve la posibilidad de venir a Medellín por primera vez a un Altavoz en el 2012, donde vi a una acaba MISFIST (pero que el orgasmo fue igual a como si hubiese visto a misfist en los 90’s). En esos tiempos que teníamos alientos para esperar de pie 3 o 4 horas, y mojarnos sin importar si el cel se dañaría, donde nos metíamos al pogo con esa energía frenética de la juventud y el rock and roll, fue una experiencia maravillosa, casi como cuando se va al fútbol (Sólo que por fortuna a éste se puede ir cada ocho días). Seguir yendo a Altavoz es eso, un encuentro con la juventud, el rock, la cerveza y los amigos a los que creímos rockeros para siempre, pero que los sueños, metas y propósitos nos han alejados de los escenarios y de algunos lugares “chirretes” que frecuentamos a los 17, 18, 19 o 20 años.

Altavoz del 2012 (Pogo de la doble A).

No sólo es Altavoz, son muchos los garajes, parches y eventos en los que la contracultura musical de la ciudad se da cita para departir un licor del más barato al ritmo de las bandas que desafinadamente nos hacen vibrar de la emoción con tres o cuatro acordes, también la iniciativa portentosa de los amigos organizadores del carnaval fest, que la han sacado del estadio en más de una ocasión, y que año tras año toma fuerza, con ponencias internacionales y con una boleta, que no es ni cara, ni muy barata (siempre y cuando sepamos valorar el arte). Para un PunkRocker es muy difícil tener una banda preferida, porque, aunque su público parezca una hinchada fútbol, no lo es. Es menester entonces seguir apoyando todos los procesos culturales y contraculturales de los cuales Medellín es rico, porque aquí abunda el talento desde Castilla hasta El Poblado, y por eso nuestra ciudad será y seguirá siendo cuna de buenas letras punk, para departir alcohol y pogo.

 ( Al lado de JuanO de C38 y PanRockers, Kike de Hostil banda punk de Lima-Perú, y Camilo38).