¿Por qué «los buenos» no quieren hacer política?

¿Dónde están esos jóvenes que se lucen con brillante rendimiento académico durante su proceso de formación en cualquier disciplina para estar en lo público sin asomo de intenciones de resolver en cuatro años su «noble» aspiración de pensionarse?

Pareciera ser un plan de «los malos» para encontrar despejado el camino y empoderarse del Estado, y no para bien general, no señor, para bien particular.

Encuentro en la Revista Semana un titular así:  «Corrupción en el Vaupés: cinco gobernadores condenados«, y confieso que no leí el desarrollo de la «noticia», y no lo hice porque me cansé de saber a la Nación, Departamentos y Municipios en manos de «lo peorcito.»

«No tenemos ojo pa’ un sucio.»  Es que no hay de dónde escoger;  las únicas opciones son  «malos y menos malos»,  Los buenos se ausentaron.

Así de sucio es el «arte de gobernar» como se debería entender la política. Hace algunos años falleció un pariente que había dedicado 40, de sus 68 años a la política, y recuerdo que al pasarle el chisme a una persona, ésta entre medio insegura de quién se trataba me dijo: Norman, me apena preguntarle, no se ofenda conmigo, pero quien murió es el señor que hacía política?… ¡cómo sería el concepto que Mary tenía de quienes estaban en esa actividad!

En serio: ¿dónde están los buenos, los talentosos? ¿Dónde están esos jóvenes que se lucen con brillante rendimiento académico durante su proceso de formación en cualquier disciplina para estar en lo público sin asomo de intenciones de resolver en cuatro años su «noble» aspiración de pensionarse?

Qué bueno saber en puestos por elección popular a jóvenes no sólo bien preparados, sino con el deseo de dejar su sello personal y profesional de servicio, y ajustado su presupuesto personal y familiar a los ingresos legales.

En medio de todo, hay veces, muy pocas sí,  se encuentra uno con el perfil que propongo en esta columna para mandatarios locales. Por allá en 2015 conocí a Ulilo Acevedo, entusiasta asesor de alcaldías…la de Entrerríos era una. Años después se propuso como candidato a alcalde de Vegachí, y la ganó. Hoy me muero de ganas de saber si el concepto tan positivo que me formé de él, lo refrendan su comportamiento y logros en tres años de ejercicio de gobierno. Ojalá sí…esperaré hasta el final de su mandato para conocer su versión y la de su comunidad. Si así es, Ulilo será una de las pocas y gratas excepciones a la regla de «malos al poder.»

Para terminar: Entrerríos, junto con Belmira y San José de la Montaña cuidan el Páramo de Santa Inés, donde nace el Riochico que, con el Riogrande proveen de agua potable a buena parte de habitantes del Valle de Aburrá. Ese mismo Entrerríos, hoy con 187 años de erigido en Municipio, no tiene agua potable para los habitantes de área urbana. Produce lástima…y un poco de vergüenza.


Otras columnas del autor: https://alponiente.com/author/norman-mesa/

About the author

Norman Mesa Lopera

Comunicador Social de la Católica del Norte Fundación Universitaria. Activista de la cooperación como herramienta de crecimiento social y observador apasionado de la política. Las discusiones las termino con un silencio reflexivo.

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