Petición de los fabricantes de velas

En 1845, Frédéric Bastiat redactó una serie de sátiras en Sofismas económicos, criticando a los gobiernos que gravaban al mercado con medidas proteccionistas y aranceles. Dentro de la recopilación de ensayos incluidos en el libro, Petición de los fabricantes de velas es, quizás, una de las lecturas más populares. Escrita formidablemente a manera de una hipérbole bastante ocurrente, no solo reprocha las medidas gubernamentales, sino que, a la vez, censura la actitud de algunos gremios que prefieren competir utilizando su influencia sobre los legisladores antes que mediante la calidad, los precios o el servicio al cliente.

En un tono particularmente irónico, Bastiat hace referencia a la petición que hacen los fabricantes de velas a la Cámara de Diputados. En ella, los peticionarios se dirigen a los legisladores, quienes, según sus mismas palabras, «reservan el mercado nacional al trabajo nacional», ofreciéndoles una «maravillosa ocasión para aplicar su… ¿Cómo diríamos? ¿Su teoría? No, nada es más engañoso que la teoría. ¿Su doctrina? ¿Su sistema? ¿Su principio? Pero ustedes no aman las doctrinas, ustedes tienen horror a los sistemas y, en cuanto a los principios, declaran que no existen en economía social; diremos, por tanto, su práctica: su práctica sin teoría y sin principios».

Con la anterior introducción, los «fabricantes de velas» nombran a un enemigo extranjero que les hace una competencia “intolerable”, pues su producto es muy barato y, cuando aparece, las ventas de velas disminuyen considerablemente. Al final, para los «fabricantes de velas», la competencia viene nada más y nada menos que del SOL, de quien comentan: «Nos hace una guerra tan encarnizada que sospechamos que nos ha sido suscitado por la pérfida Albión».

En el documento, los «fabricantes de velas» reconocen que su petición puede ser tomada como algo cómico y, por tanto, piden que no sea rechazada, pues, entre otras cosas, buscan que se promulgue una ley que ordene el cierre de todas las «ventanas, tragaluces, pantallas, contraventanas, postigos, cortinas, cuarterones, claraboyas, persianas; en una palabra, de todas las aberturas, huecos, hendiduras y fisuras por las que la luz del sol tiene la costumbre de penetrar en las casas, en perjuicio de las bellas industrias con las que nos jactamos de haber dotado al país, pues sería ingratitud abandonarnos hoy en una lucha así de desigual».

La sátira de Bastiat es una ingeniosa historia para que el lector concluya que el proteccionismo se opone a la libre competencia y a la innovación, y que aviva la mediocridad propia del subdesarrollo. La realidad es que, con el paso del tiempo, miles de grupos, gremios, asociaciones, partidos y demás continúan pensando igual que los «fabricantes de velas» de Bastiat, demostrando su afecto por el control social al empeñarse en mantener el statu quo en lugar de incentivar la iniciativa y la apertura del mercado.

En la mayoría de los casos, los reclamantes, fuera de olvidarse de su «función empresarial», que consiste en satisfacer las necesidades de los ciudadanos y en innovar, se quedan en la victimización. Ríos de lágrimas inundan la sociedad y los congresos: un clamor que busca castigar, entre otros, al “victimario”, quien, simplemente por querer servir a la sociedad, resulta inocentemente condenado (caso que aplica para personas, empresas o instituciones).

El castigo para el “victimario” inocente es la popular “cancelación”: se le aparta y condena al ostracismo. Así, el resentido logra su cometido y se convierte prácticamente en la única alternativa para quienes buscan un servicio, narrativa o producto, permitiendo que las dinámicas sociales se centren en aquellas que sirven al estatismo y, seguidamente, a la tiranía.

La escena nacional no escapa de esta situación. Sorprende que miembros del Centro Democrático hayan implorado ante los entes de control para evitar que el partido Defensores de la Patria obtuviera su personería jurídica, aunque, a la postre, esta le fue otorgada por el Consejo Nacional Electoral el 3 de agosto de 2026. Así pues, pareciera que Rafael Nieto Loaiza pretende arrogarse para su partido el “derecho” de ostentar la exclusividad de la derecha en Colombia, pues, en una entrevista para el Tercer Canal, declaró que los ataques recibidos por seguidores del actual presidente de Colombia se sustentan en la intención de «posicionar al nuevo partido Defensores de la Patria como el partido de la derecha y a De la Espriella como el jefe de la derecha en Colombia». Conviene aceptar el panorama político, por más que los Zucaritas no sean precisamente nuestro desayuno favorito.

La nefasta costumbre de muchos ciudadanos de creer que la disputa económica se reduce a servirse de beneficios estatales para presionar a los legisladores, con el fin de bloquear a quienes contrarían sus propósitos, ha llegado también a los empresarios. El caso más reciente se dio el pasado 22 de agosto, cuando el presidente de la ANDI (Asociación Nacional de Empresarios), Bruce Mac Master, solicitó al Banco de la República «bajar las tasas de interés» en aras de proteger a su gremio, que se veía afectado por la revaluación del peso frente al dólar. Mac Master afirmó que «eso hace que nos quite una inmensa competitividad», utilizando la vieja técnica de los «fabricantes de velas», pues no importa que la inflación se lleve a los colombianos por delante: solo importa su beneficio.

Y si por los lados de la política llueve, ¡en los de la justicia no escampa! Alejandro Ramelli, presidente de la JEP (Jurisdicción Especial para la Paz), se quiso valer de la Corte Penal Internacional para evitar que prosperara la propuesta de retirarle 100 mil millones de pesos de su presupuesto, alegando que a la JEP le sería imposible operar sin ese dinero. Sin embargo, ayer 20 de octubre, el Congreso aprobó un recorte presupuestal para 2027 que, según lo informado, ascendía a 181 mil millones de pesos; no obstante, un problema de trámite obligará a expedir el presupuesto por decreto, a partir del texto aprobado en primer debate. Además, Ramelli ha declarado, erróneamente, que la justicia no le da cuentas a nadie, pues sus integrantes son independientes, creyéndose servidor de un monopolio con ínfulas de realeza, el cual no concibe que su razón de ser es proveer un servicio intangible a los colombianos y que somos nosotros quienes deberíamos determinar si la JEP ha cumplido con su cometido y, a su vez, asignarle el sueldo y decidir sobre su continuidad.

Para Ramelli, la competencia son los mismos entes de control y la propia población colombiana, cuya capacidad de exigir cuentas bien pudiera acabar anulada bajo la falacia de la “independencia de la justicia”, como si no existieran los pesos y contrapesos en la República o como si sus clientes fueran otros. A buen entendedor…

En todos los casos, la visión es tan miope que sus protagonistas desconocen que la competencia y la innovación impulsan el progreso. Bien lo afirmó Ayn Rand: «El progreso solo se ha producido en los países que tenían un sistema relativamente libre —capitalismo—. En cambio, en las naciones colectivistas, la única manifestación de creatividad humana que puede encontrarse es la ingeniería de armamentos militares». O bien podría decirse: la ingeniería social, aquella que defienden los tibios y zurdos del mundo.

Es triste contemplar que políticos, empresarios y hasta gente del común no acepten el reto de medirse cara a cara con otros mediante el trabajo arduo, la innovación y la creatividad para resolver problemas. Por el contrario, prefieren tomar el camino fácil de la servidumbre a los gobiernos y buscar ventajas productivas a costa de eliminar lo único que ha llevado a la humanidad a su florecimiento actual: LA COMPETENCIA.


Esta columna fue publicada originalmente en El Insubordinado.

Jorge Ordóñez Monak

Coronel retirado de la FAC (Fuerza Aeroespacial Colombiana). Administrador Aeronáutico de la Escuela Militar de Aviación y Máster en Defensa y Seguridad Nacional de la Escuela Superior de Guerra. Staff Writer de El Insubordinado.

Cuenta con más de 30 años de experiencia en operaciones aéreas, desempeñándose en diversos cargos de inteligencia, así como en funciones operativas y administrativas. Esta trayectoria le ha permitido desarrollar una visión integral de problemáticas multidimensionales en ámbitos nacionales e internacionales.

Apasionado por la libertad, la lectura, la historia, la filosofía política y el debate de ideas. Ha publicado diversos artículos en revistas de la FAC, Al Poniente, entre otras publicaciones.

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