Lisboa no me pidió elegir entre planeta y libertad

Entre el 9 y el 11 de septiembre estuve en Lisboa, en el Global Tobacco & Nicotine Forum. Fui invitada a dos paneles. Llevé la investigación sobre el impacto ambiental de los dispositivos de vapeo, publicada en SSRN, y una convicción que no pienso negociar: la reducción de daños por tabaquismo y la sostenibilidad no son enemigas. Cuando se las opone, casi siempre se prolonga el cigarrillo y se disfraza de cuidado.

No fui a hablar solo de residuos: fui a hablar de libertad, responsabilidad y dignidad humana en medio de la crisis climática.

El panel que puso el clima en el centro

El primero se llamó Respuestas innovadoras al cambio climático y a la política climática mundial. Compartí mesa con Nicole Austin, de Philip Morris International; Ben Dessart, de Universal Corporation; Miranda Kinney, de Pyxus; y Tadas Lisauskas, de Greenbutts. El tono fue el que hace falta y escasea: rigor, sin dogmas.

Mi punto de partida fue simple…

Los dispositivos de vapeo, sobre todo los desechables, generan residuos complejos: plásticos de difícil degradación, baterías de litio, metales y restos de e-liquid. Mal desechados, contaminan suelos y aguas y engrosan la montaña de residuos electrónicos. ¡Eso no se puede seguir ignorando! El problema de fondo no es exclusivamente técnico, sino ético.

Durante siglos, el cigarrillo combustible fue el gran contaminador del sector. Los productos de riesgo reducido representan un avance real en toxicidad para quien los usa y en emisiones. Ese progreso no puede convertirse en una nueva forma de trasladar el daño al medio ambiente. Si incurrimos en ello, traicionamos el principio mismo de la reducción de daños. Tobacco Reporter resumió bien lo que dije: la industria no puede consentir que los avances en la entrega de nicotina creen una nueva fuente de daño ambiental, y las políticas tienen que ser proporcionales, atendiendo a la salud humana y a la del planeta, sin imponer el costo a las comunidades más vulnerables.

Hay dos continuos que corresponde leer juntos.

El primero es el del riesgo para el usuario. En un extremo, el cigarrillo combustible y los bidis: combustión, miles de tóxicos, la mayor carga de enfermedad. En el otro, el snus, las bolsas de nicotina y la terapia de reemplazo. Entre ambos, cigarros, pipas de agua, tabaco para masticar, tabaco calentado y cigarrillos electrónicos. No son igualmente dañinos. Tratarlos como si lo fueran es un error científico y una injusticia normativa.

El segundo es el del impacto ambiental. Cigarrillos, bidis, cigarros y pipas de agua arrastran combustión, colillas, deforestación asociada al cultivo y residuos persistentes. El snus y las bolsas de nicotina tienen una huella material sustancialmente menor. El tabaco calentado y el vapeo ocupan un punto intermedio: reducen de forma significativa las emisiones tóxicas respecto del cigarrillo, aunque introducen otro desafío —baterías, plásticos, residuos electrónicos— que solamente se resuelve con diseño circular, recolección y reciclaje.

Estos continuos no se superponen solos. Un producto puede ser menos dañino para quien lo usa y, al mismo tiempo, dejar un pasivo ambiental si se diseña como desechable y se abandona sin gestión. La reducción de daños no es completa hasta que también mitigue el impacto sobre el entorno. Reconocer ambos permite políticas proporcionales: no equiparar indiscriminadamente los productos ni usar el argumento ambiental para borrar las diferencias de riesgo que sí existen para el adulto.

La bioética ambiental brinda un marco más hondo que el cálculo de toneladas de plástico: subyace un vínculo indisociable entre la salud humana y la del planeta. La Declaración Universal sobre Bioética y Derechos Humanos de la UNESCO (2005) pide proteger el medio ambiente, la biosfera y la biodiversidad, destacando el papel de las personas en esa protección.

Bajo estas premisas, apliqué cuatro principios a los residuos de los dispositivos de vapeo:

Respeto por la autonomía

El adulto tiene derecho a elegir un producto de menor riesgo y a ser informado sobre el impacto ambiental de esa elección. La información no restringe: es la condición de una decisión libre. Ocultar el problema o usarlo como pretexto para prohibir es tratar al ciudadano como un menor de edad; eso es paternalismo, no bioética.

No maleficencia

Tirar una batería de litio a la basura común es un daño previsible y evitable. La industria y los gobiernos tienen el deber de no facilitarlo.

Beneficencia

¡No basta con no dañar! Diseñar productos reutilizables, favorecer la recolección y promover la economía circular es cuidar la salud colectiva y ambiental.

Justicia

Las cargas ambientales no deben caer de manera desproporcionada sobre las comunidades más vulnerables ni usarse para restringir el acceso de adultos a alternativas menos dañinas. La justicia pide soluciones proporcionales basadas en evidencia, no en pánico moral.

Un adulto libre no es quien consume sin consecuencias: es quien, con información y opciones reales, decide con responsabilidad. La bioética de la protección, desarrollada especialmente en América Latina, enseña que proteger no es igual a prohibir: es crear las condiciones para ejercer la autonomía con el menor daño posible a uno mismo y al entorno.

Lo que dicen los usuarios y lo que yo propuse

En la investigación encuestamos a 188 participantes de distintos países. El 67,9 % reconoce efectos negativos de estos residuos. El 47,9 % dice que su país carece de políticas claras de reciclaje. El 93,3 % considera crucial que las tiendas ofrezcan información y contenedores. El 84,2 % apoya puntos verdes específicos. Se advierten conciencia y disposición. Falta infraestructura y voluntad política coordinada.

Propuse puntos verdes y sistemas de depósito-reembolso conectados a plantas certificadas; diseño modular, para reemplazar piezas en lugar de desechar el producto entero; responsabilidad ampliada del productor; educación orientada a la autonomía, no al miedo; y alianzas entre industria, gobierno y sociedad civil. Suiza, iniciativas en Córdoba, programas en Letonia y el trabajo de organizaciones como Greenbutts muestran que la colaboración arroja resultados más rápidos y legítimos que la regulación unilateral.

A ello se suma un hito que me importa. Circular Vape Recycle, junto con la investigación, fue incorporado al mapa #MutiraoCOP30 de la COP30, en Belém do Pará, en noviembre de 2025. Es el primer proyecto de reducción de daños por tabaco integrado a una Conferencia de las Partes de la ONU sobre cambio climático. La acción climática inclusiva alcanza mayor legitimidad que los enfoques excluyentes de «las COP del control del tabaco».

En Argentina, la Resolución 549/2026 marca el paso de la prohibición a una regulación pragmática. El proyecto de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, expediente 683/2026, incorpora un capítulo sobre impacto ambiental, recuperación de residuos electrónicos y plásticos, y puntos verdes. Puse a disposición de la legislatura porteña los hallazgos, con protocolos, datos de la encuesta y recomendaciones medibles.

Provengo de una generación más joven, pero no con una agenda generacional. Los consumidores jóvenes no disocian salud, libertad y responsabilidad ambiental. Preguntan por el ciclo de vida, las baterías, el plástico y quién paga los residuos. Esa exigencia de congruencia escasea en los debates tradicionales, donde predomina el enfoque clínico mientras la ética de las consecuencias queda relegada.

El criterio rector, sin embargo, no puede ser la sensibilidad de una cohorte. Hay alrededor de 1.200 millones de adultos que fuman, muchos de generaciones anteriores. Priorizarlos es un deber de no maleficencia y de justicia. Impedirles el acceso a alternativas de riesgo mínimo en nombre de un paternalismo preventivo prolonga un daño evitable.

El adulto competente tiene derecho a elegir cómo disminuye su riesgo. El Estado no tiene mandato moral para congelarlo en el combustible. Su función es proporcional: impedir el acceso a menores y velar por la veracidad de la información, la trazabilidad y el cumplimiento de estándares. No prohibir ni estigmatizar lo que reduce daño. Facilitar el paso del cigarrillo a alternativas de riesgo mínimo también contribuye a que haya menos colillas e incendios y a aliviar parte de la carga del tabaco cultivado.

Las consecuencias no intencionadas son predecibles. Restricciones que no distinguen productos ni contemplan residuos fomentan la proliferación de desechables sin recolección y la acumulación de baterías en basurales, o mantienen a millones de personas fumando porque la alternativa legal se vuelve inaccesible. El resultado no es una reducción del daño: son más colillas tóxicas… y menos libertad.

La métrica de 2030

Si en 2030 la reducción de daños se evalúa no solo por las vidas salvadas, sino por la sostenibilidad de los sistemas que construimos, el medio ambiente tiene que dejar de ser un apéndice y pasar a formar parte del estándar ético de la política de nicotina.

Los fabricantes están en la obligación de diseñar productos reutilizables, reparables y reciclables, así como de limitar el predominio de los productos desechables y financiar recolección real; innovación sin responsabilidad ampliada del productor es externalizar el costo. Los consumidores adultos tienen derecho a elegir, y esa libertad implica informarse acerca del ciclo de vida, preferir lo recargable cuando sea viable y devolver el dispositivo. Los reguladores no deben incurrir en el error más costoso: usar la preocupación ambiental para bloquear alternativas que ayuden a contener la mortalidad y perpetuar el cigarrillo; la regulación proporcional distingue productos, crea infraestructura y no confunde precaución con prohibición.

Entre hoy y 2030 no alcanza con mejores productos. Hace falta un sistema: diseño responsable, consumidores informados, regulación inteligente y una métrica doble; salvar vidas ahora sin hipotecar el entorno después.

La economía circular no es un eslogan: es la forma coherente de reconciliar el derecho de los adultos a productos de riesgo mínimo con el deber de no transferir el daño a las generaciones futuras. ¡Yo elijo esa vía! Porque creo en la libertad de los adultos, porque la salud pública y la del planeta no se oponen, y porque la sostenibilidad no se construye con prohibiciones: se construye con responsabilidad compartida, innovación y respeto por la dignidad de las personas.

En diciembre publicaré, con el mismo rigor, dos nuevos trabajos: uno sobre el snus y las bolsas de nicotina, y otro sobre el tabaco calentado. La reducción de daños que esté a la altura de 2030 no será la que únicamente contabilice vidas preservadas: será la que pueda mostrar productos diseñados para no abandonarse, adultos libres de elegir un riesgo mínimo y reglas que no conviertan la precaución ambiental en paternalismo estatal.


Esta columna fue publicada originalmente en El Insubordinado.

Aylen Van Isseldyk

Activista argentina dedicada a la reducción de daños por tabaquismo (THR), la sostenibilidad ambiental, la bioética y la libertad individual. Es fundadora y directora del proyecto internacional “THR, Ethics and Sustainability”, surgido a partir de Circular Vape Recycle, desde donde impulsa una agenda que vincula salud pública, medioambiente y derechos individuales.

Forma parte de los liderazgos femeninos de Ladies of Liberty Alliance (LOLA) y fue seleccionada como representante argentina en el cohorte 2025–2026 del programa de liderazgo de la International Federation of Liberal Youth (IFLRY). Integra la Red Argentina por la Reducción de Daños en el Tabaquismo.

Es técnica en marketing y publicidad (2023), diseñadora de moda (2021) y especialista en inteligencia artificial (2024). Se desempeñó como Community Manager de Asovape Argentina (2021–2024) y escribe para medios de América Latina como Al Poniente. Es miembro fundadora de El Insubordinado.

Su trabajo se centra en el análisis del impacto ambiental de los productos de riesgo reducido, particularmente en la gestión de residuos como plásticos, baterías de litio y componentes electrónicos. En este sentido, promueve sistemas reutilizables, programas de reciclaje responsable y políticas públicas que eviten falsos dilemas entre la salud y el medioambiente.

Es becaria del programa Tobacco Harm Reduction Scholarship de Knowledge-Action-Change Limited (KAC) y del Global State of Tobacco Harm Reduction (GSTHR). En este marco desarrolló Circular Vape Recycle, una iniciativa global de la que derivó un paper internacional de 292 páginas, disponible en español, inglés y portugués. Con base en esta investigación, estructuró su propuesta en cuatro pilares: reducción de daños, sostenibilidad ambiental, bioética y libertad individual.

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