Peligroso camino de la constituyente

“Constituyente, referéndum, consulta popular, cabildo abierto, iniciativa legislativa, son los derroteros previstos en el artículo 103 de la Constitución para abrir la puerta a una dictadura. Palabras de Gustavo Francisco Petro Urrego, en Puerto Resistencia, es el libreto que tienen los presidentes socialistas para atornillarse en el poder”


Poco a poco queda en evidencia que lo que tanto se advirtió, más temprano que tarde, está llegando, la izquierda comienza a dar el paso para hacer el cambio y perpetuarse en el ejecutivo. Sin el menor sonrojo, Gustavo Francisco Petro Urrego, destapó sus cartas y, de frente al país, propuso crear una Asamblea Nacional Constituyente ante la negativa que han recibido las reformas sociales presentadas por su gabinete ministerial. Demagogia populista, propia de su presidente en plaza pública, muestra el desespero de un cacique que se vendió como el salvador, pero rápidamente se destapó como el eje del mal que siempre ha sido. Al mejor estilo beligerante, que lo acompañó desde su paso por el M-19, su mandatario teje el caos que conducirá a Colombia a una guerra civil que está latente. Desde la pobreza real la izquierda tiende una ideología de odio de clases que llevará a Colombia a un punto de no retorno.

La transformación de Colombia que se delineo desde el progresismo, con su Pacto Histórico, no logra asumir la nueva cotidianidad del colectivo social bajo la peligrosa agenda de reformas que quiere imponer Gustavo Francisco Petro Urrego. El escenario político de la nación muestra la fuerte resistencia que existe, en el ambiente, frente a la fórmula que emplean desde la izquierda para validar lo indelicado que los acompaña en el ejercicio del poder: el pacto de la Picota, el incremento en la producción de coca en los territorios de paz, los dineros non santos en la campaña presidencial, el emplear indebidamente el polígrafo, el inadecuado uso del erario, la persecución a la prensa, y la intimidación a la oposición. Los intereses ideológicos, de extremo socialismo, se ajustan a la medida de la conveniencia particular de cada uno de los agentes del cambio, biósfera singular en donde la ley tiene una aplicación conforme al impacto mediático del hecho. Colombia está ad-portas de materializar lo peor de Venezuela, vivir una miseria similar a la cubana, y asumir una anarquía calcada de la nicaragüense.

El desgaste emocional, y de percepción, pone a Colombia en una incómoda posición de inviabilidad como nación, polarización radical que es aprovechada desde la izquierda para vender un pacto social, de gran acuerdo nacional, que debe ser cristalizado con una modificación a la Constitución. Puerta que abrió el país para que entrara el comunismo, a acabar con la democracia, es el escupitajo que ahora cae en la cara de quienes quisieron dar un voto de opinión sin medir las consecuencias. Los seis puntos clave que expuso, Gustavo Francisco Petro Urrego, para defender su idea de una convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente son el retroceso a un gran paso de libertad, igualdad y respeto que se dio en 1991. Discurso de su presidente en Cali, frente a la minga indígena, es el resultado de tener un ser egocéntrico en el poder, personaje capaz de llevar al país a un punto de no retorno igual o similar al que gestó desde 2019 con las primeras líneas, milicias urbanas desde las que paralizaron y salieron a incendiar el país.

Peligrosos son los discursos de su mandatario, el viernes puso a su séquito de aduladores a defender el llamado a una Asamblea Nacional Constituyente y, luego de medir la receptividad que tuvo la propuesta, el lunes sacó argumentos para que su comitiva de borregos encantados, sin cuestionarse, se volvieran detractores de la misma. Los seis temas que para Gustavo Francisco Petro Urrego requieren atención urgente: implementar de manera efectiva el acuerdo de paz de 2016, condiciones básicas de vida conexas a la salud, la pensión y el acceso al agua, la reforma judicial, el reordenamiento territorial y la autonomía local, la preocupación por el cambio climático, y la necesidad de establecer un diálogo en torno al fin de la violencia y la reconciliación en Colombia, son el eje de discusión perfecto para un manipulador profesional que desde la mentira y el delirio de persecución quiere ocultar su incapacidad gestora.

Preocupación que asalta a su mandatario por abordar con premura una reforma agraria, y propender por la legalización como una solución al problema de las drogas ilícitas, más que hacer frente a los desafíos actuales de violencia en los territorios, es el camino soñado para distraer al país de los verdaderos problemas, fraudes y actos de corrupción en los que la familia Petro Urrego se ve envuelta. El agobiante panorama plagado de escándalos, nepotismo, derroche, despilfarro, politiquería y descomposición rampante abre a los colombianos una ventana para demostrar en las urnas el rechazo masivo, que se ve en las calles, a este desgobierno. Mala idea de su presidente fue tomar el pulso a su nivel de aprobación con una propuesta que va en contra de su anhelo de ser el dueño absoluto de lo que nunca ha construido. La idea de una constituyente es, y será, la crónica de una muerte anunciada, el comienzo del fin para la democracia en Colombia.

El camino de una Asamblea Nacional Constituyente se constituye en la herramienta perfecta de un mal perdedor para perpetuarse en el poder, incapacidad de la izquierda para gestionar una agenda de cambio en el legislativo denota que ya se les está acabando el cuatrienio y aún no han podido arrancar con su programa de gobierno. El abismo a donde conducen los progresistas, flojos y ladrones, está sustentado en una cartilla escondida de un dictador, ejemplo claro que se puede tomar de Cuba, Venezuela y Nicaragua o los intentos fallidos en Argentina, Chile, Ecuador y Perú, por solo mencionar algunos. Sendero de una destrucción institucional desde una maroma populista sustentada en un voluntarismo caudillista y una crisis de gobernabilidad a consecuencia de la incompetencia y la arrogancia. Peligroso sería entregar a su mandatario carta blanca para que reescriba los destinos de millones de colombianos, en una constituyente entran unas propuestas, pero salen otras muy distintas, nadie sabe cuál será el final.

La mitomanía de Gustavo Francisco Petro Urrego confundió a los colombianos y llevó a que muchos erraran en su voto en junio de 2022, hoy ha quedado en evidencia el poco respeto que tiene su presidente por las reglas del juego. Propuesta de una Asamblea Nacional Constituyente es el intento por perpetuar en el poder las ideas fracasadas de la izquierda, imponer los caprichos de una minoría y acabar con el futuro de Colombia. Su mandatario está desesperado, sus reformas no tienen futuro y al progresismo socialista se le están escapando los argumentos para hacer campaña en 2026. Lejos les está quedando la opción de conseguir elegir 55 senadores y 86 representantes, llevar a la presidencia un candidato que en campaña proponga la constituyente y reciba del pueblo un mandato directo. Dura es la democracia, pero el sentir popular está representado en el Congreso y es el legislativo quien tiene, en este momento, la potestad para hundir las reformas que considere inconvenientes para el país.

La naturalización de los acontecimientos desdibujo el margen ético del comportamiento y hace que muchos asuman como normal que la justicia esté del lado de los bandidos. La metamorfosis estructural que se propone desde la izquierda llama a conciliar, el cambio gira entorno a la participación ciudadana, el poder derrotar la apatía del colectivo social. El delegar las decisiones trascendentales en unos pocos trae como consecuencia que se siga manteniendo el círculo vicioso de los mismos con las mismas, desconocimiento a la voluntad popular y que se imponga la visión solapada de quienes llevan al abismo a Colombia. Los ejemplos están a la orden del día: Referéndum constitucional de Colombia en 2003, Plebiscito por la Paz, Referéndum Anticorrupción, entre otros. El estado social de derecho pide que los colombianos den un giro de 180º y tomen el papel relevante que les pide el momento democrático de la nación. La ceguera colectiva no puede nublar la capacidad que tiene el ser humano para reaccionar a lo desconocido, eso que tiende a llevar a Colombia al peor caos de la historia democrática de la nación.


Andrés Barrios Rubio

PhD. en Contenidos de Comunicación en la Era Digital, Comunicador Social – Periodista. 23 años de experiencia laboral en el área del periodística, 20 en la investigación y docencia universitaria, y 10 en la dirección de proyectos académicos y profesionales. Experiencia en la gestión de proyectos, los medios de comunicación masiva, las TIC, el análisis de audiencias, la administración de actividades de docencia, investigación y proyección social, publicación de artículos académicos, blogs y podcasts.

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