Paz total, en estado crítico y con pronóstico reservado

No soplan buenos vientos para una de las principales banderas del Gobierno: la estrategia multidimensional de la paz total. Y digo estrategia porque la paz total -elevada a política de Estado por la Ley 2272 de 2022 – es una apuesta de política pública que en la práctica se cimenta sobre tres pilares; primero, implica restituir la centralidad en la implementación del Acuerdo de Paz; segundo, avanzar en procesos de negociación política con el Estado Mayor Central (EMC), el ELN y la Segunda Marquetalia; y tercero, diseñar modelos diferenciados de sujeción y sometimiento colectivo a la justicia en el marco de diálogos socio-jurídicos.

No se puede dejar de lado que los tres pilares de la paz total se deben articular con una política de seguridad lo suficientemente efectiva y disuasoria, que, en el corto y mediano plazo, logre propiciar las condiciones sociales, institucionales y políticas necesarias para conducir a los actores armados ilegales hacia el fin del conflicto. Las historias de éxito y fracaso en nuestras negociaciones de paz han demostrado que las políticas de paz y seguridad no pueden transitar por senderos que se bifurcan, deben ser la cara y sello de una misma moneda; o si se quiere, la clásica combinación del “garrote y la zanahoria”.

Ahora bien, por estos días, cuando el calendario electoral se anticipa de forma cotidiana y el mismo presidente insiste en la necesidad de encontrar un candidato de talante progresista que le dé continuidad a las banderas del “gobierno del cambio”, la paz total, ese ambicioso leitmotiv que dominó ampliamente las expectativas de transformación del Gobierno durante su primer año (hasta llevó a Petro a vanagloriarse de una casual nominación al premio Nobel de paz), pasa por su peor momento, se encuentra, sí se me permite un símil médico, en estado crítico y con pronóstico reservado.

Sin embargo, precisar ese diagnóstico no tiene nada de novedoso, es algo que se viene repitiendo hasta el cansancio en decenas de artículos y columnas. De ahí que cada analista y opinador tenga su propia perspectiva sobre las fallas en los cimientos que sustentan la expectativa de una paz totalizante. Pero las posiciones sí convergen en varios lugares ya comunes: que la paz total se aprobó con un problema de diseño; que el gobierno obró con ingenuidad al otorgarle reconocimiento político al EMC y la Segunda Marquetalia; que el excomisionado Danilo Rueda no desempeñó un buen papel en las primeras de cambio; etc.

Lo cierto es que el estado crítico de la paz total -más allá de las recriminaciones entre las cabezas del Gobierno, empezando por el presidente que cada tanto se desentiende de un “nombrecito” que considera problemático- se traduce en una prolongada sucesión de crisis humanitarias en varias regiones del país, así como en la imposibilidad de convertir el Acuerdo de Paz -un compromiso de Estado, vale aclarar- en una verdadera oportunidad para transformar los territorios.

Lamentablemente quienes más padecen en medio de la malahora de la paz total son las comunidades que claman por la paz. Por una paz real, sin apellidos.

Y en términos de responsabilidad considero que resulta siendo compartida, por el lado del Gobierno y del Congreso, sin duda, les ha faltado perspectiva y sensatez histórica para sacar adelante una agenda conjunta que, en principio y de forma urgente, otorgue plena seguridad jurídica a los procesos de diálogos socio-jurídicos que siguen navegando en la incertidumbre, y por el lado de los actores armados, especialmente las guerrillas del EMC, el ELN y la Segunda Marquetalia, siento que les ha faltado mayor disposición, comprensión del momento político y lectura de país.

Tan solo hay que ver como la reciente arremetida del EMC-con un cese al fuego parcial y una mesa de diálogos que hace aguas- activó la ansias de una derecha mediática por cerrarle el paso a la salida negociada y amplificar el vuelo electoral de los halcones.

Aunque no quisiera caer en el pesimismo excesivo, ya que, un aliciente importante en medio de la crisis se encuentra en el proceso con el ELN, con avances relevantes, eso no lo dudo, logrados tras sortear crisis, congelamientos y “amagues” de ruptura; sin embargo, estoy convencido de que el tiempo no corre a favor de la mesa y que solo es cuestión de meses para que el proceso quede entrampado en una disputa electoral en la cual algunos sectores -como ya lo viene haciendo la derecha- interpretarán los resultados de sus etapas de participación con falacias, embustes y engaños.

Es el “confunde y reinaras” tan propio de las campañas electorales.

El pronóstico para la paz total es reservado y me lleva a preguntar: ¿Qué se viene después de un estado crítico?

*En la Plataforma de seguimiento al proceso de diálogo entre el gobierno y el ELN -Isegoría- se puede encontrar una amplia serie de análisis, columnas, boletines, documentos académicos, y reportajes periodísticos relacionados con este proceso. Toda esta información se puede consultar en el sitio https://isegoria.udea.edu.co/


 

Todas las columnas del autor en este enlace: Fredy A. Chaverra Colorado

Fredy Chaverra Colorado

Politólogo, UdeA. Magister en Ciencia Política. Asesor e investigador. Es colaborador de Las2orillas y columnista de los portales LaOrejaRoja y LaOtraVoz.

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