Palacio de Justicia: 30 años sin memoria

Ilustración de Josefina Jacquin, hermana de un comandante del M19 que murió en el palacio.
     

En la larga lista de los trágicos episodios que han ocurrido en Colombia, me es imposible no merodear este, del Palacio de Justicia, sin una cierta cercanía, intimidad.

Yo no existía hace 30 años, y por lo tanto no recuerdo que pasó ese día, pero sé, porque me han contado innumerables veces, que el 6 de noviembre de 1985 es uno de los capítulos de mi prehistoria. Mi papá, sin serlo aún, salía del país, rumbo al comienzo de una vida en pareja que me engendró y a sus últimos estudios. En alguna de las escalas, se enteró de lo que en ese mismo momento pasaba en el Palacio de Justicia.

Se lo había tomado el M-19, una guerrilla que a veces ponía cara de simpática, pero que todo lo simpático que tenía se le acabó ese día. El presidente Betancur que también ponía cara de simpático, maniatado, ordenó una retoma, cumplida por los militares con toda la fuerza disponible y desmesurada. Todos se terminaron quemando. El resto, es todo lo que falta.

Además de que él se enteró en un aeropuerto, a la nueva pareja le tocó saber de lejos, que su entrañable amigo, magistrado Urán, estaba en el Palacio y había muerto en ese episodio, en situación aún hoy no aclarada.

Yo crecí con esa historia, y de los infinitos baches históricos que tengo, tal vez este sea el menor, siempre relatado con detalles en la casa, y siguiendo con mucha atención cada pequeña novedad que salió sobre el caso en esta treintena de años. El 6 de noviembre nos quedó como una mezcla de una fecha para recordar, pero al mismo tiempo con la sensación de que era una fecha que era imposible olvidar, sobre todo por los que quedaron.

Tal vez por esa cercanía con el hecho fue que me indignó tanto ver en el capítulo de “Narcos” que narra este episodio, como usaron las imágenes de archivo, de la entrada de los tanques del ejército, mientras el narrador gringo dice que los guerrilleros entraban al palacio. Eso es una terrible tergiversación de la historia que no creo que sea fortuita, aunque preferiría pensar que si.

Mientras tanto, veo en redes sociales que hay gente de mi edad que se atreve a proponer que se “deje quieto” el tema del Palacio, que ya todos están muertos. Personalmente me da vergüenza que sobre estos episodios prefiramos no hablar francamente, no estar al tanto. Que no se enseñe en distintos niveles escolares. Tendríamos que poder ponerlo sobre la mesa, y aun los que nacimos después, indagarnos qué pasó ahí y a raíz de eso qué pasa hoy. Y no callarlo, como si fuera mejor. Las heridas sin limpiar cicatrizan mal.

Con callar una historia de estas dejamos que se inventen encima de estos episodios versiones mentirosas como la que presenta esa serie, disponible así para todos los latinoamericanos. Con callar esta historia impedimos que todos los familiares de los muertos y desaparecidos tengan sus merecidas certezas, que ya mucho les ha hecho falta.  Con callar esta historia nos impedimos tener una memoria colectiva, y consensuar lo que no puede volver a pasar. Con callar historias como esta aplazamos la paz.

Por suerte también hay gente de mi edad y un poquito mayores, que recuerdan ese día, que se han atrevido a hablar y representar este episodio. Valoro que se haga a través del arte. Cuando otros canales se cierran, el arte, en todos sus sentidos, sigue estando ahí para que podamos dar testimonio, para que podamos crear memoria, limpiar la herida.

Urán, se supo en el 2008, salió vivo, fue torturado y asesinado y su cuerpo vuelto a poner en los escombros del Palacio. La fiscal que llevó a cabo la investigación fue amenazada y tuvo que salir del país. Y él es solo uno, de otros casi cien que tenían que estar aquí, que tenían que haber vivido por lo menos estos 30 años más. Impunidad es una palabra que suele ponerse de moda, los 30 años de la toma del Palacio tienen mucho que enseñarnos sobre ella.

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Isabel Pérez Alves

Colombobrasileña, aunque eso no quiera decir mucho. Geógrafa en vías de ser, lo que tampoco quiere decir mucho. Indecisa de nacimiento y contradictoria por opción. Insisto en lo imposible, porque de lo posible se sabe demasiado. Escribo, para mirar las cosas de otro punto de vista, leo. Nado, traduzco y pedaleo, todo como amateur. Colecciono nubes y atardeceres.

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