Opinión Selección del editor

Pacto nacional por juventud: excluyente y nocivo

“La juventud es bella, aunque no se bañe”

(Fernando González Ochoa)

“La juventud es un defecto que se corrige con el tiempo”

(Enrique Jardiel Poncela)

La juventud es generosa, la juventud es heroica y también candorosa. En primera línea de la protesta está la juventud, la juventud universitaria, para ser precisos. Empeñado en calamar los ánimos, el Gobierno ha lanzado la propuesta de un “pacto nacional por la juventud”, cuyo componente fundamental es la matrícula universitaria gratuita para los estudiantes de los estratos 1, 2 y 3. Aunque bien intencionado, ese pacto es excluyente y nocivo.

En las calles hay centenas de jóvenes policías y de jóvenes soldados que diariamente son agredidos por los jóvenes universitarios que protestan airadamente. Esos jóvenes policías y esos jóvenes soldados no hacen parte del pacto y de ellos se espera que, a riesgo de sus propias vidas, protejan las de los demás. Si, en cumplimiento de su deber, lesionan a uno de los jóvenes universitarios que los atacan, son calificados de “abusadores” y “genocidas” y castigados luego con la pérdida de su trabajo y la prisión.

Tampoco están en el pacto los jóvenes agricultores y jornaleros agrícolas cuyos productos se están perdiendo en las carreteras bloqueadas por los jóvenes universitarios que protestan airadamente. Tampoco están en el pacto los jóvenes albañiles, los jóvenes obreros, los jóvenes empleados, los jóvenes que prestan servicios a domicilio que no pueden llegar su trabajo o deben caminar largas horas para hacerlo porque los jóvenes universitarios que protestan airadamente han destruido los sistemas públicos de transporte.

No hacen parte del pacto los jóvenes que venden tinto en las calles, los jóvenes quincalleros, los jóvenes recicladores, los jóvenes que venden alimentos o enseres de todo tipo, los jóvenes que los llevan a domicilio, los jóvenes floristas, los jóvenes que hacen piruetas en los semáforos y los que limpian los vidrios a cambio de una moneda, los que venden libros de segunda, los que reparan bicicletas, los que vende aguacates y bananos, los que simulan cuidar los carros en una esquina, los jóvenes de la variopinta y extensa informalidad que vive al día y que en los días de paro no puede salir a ganarse la vida.

Y con el sacrificio de los que no están en el pacto, los jóvenes universitarios que protestan airadamente han logrado un regalo envenado: matrícula gratis en universidades públicas. La matrícula gratis en las universidades públicas solo favorece a los profesores y administradores de esas universidades pues consolida el casi-monopolio que tienen garantizándoles una clientela cautiva. Por eso se opusieron y acabaron con “Ser pilo paga”. Es lo mismo que ocurre con la educación básica primaria y secundaría donde millones de niños están sometidos al ominoso monopolio de la FECODE. Los jóvenes universitarios están dando la lucha equivocada con los aliados equivocados. Deberían luchar por romper el monopolio con la implantación del voucher educativo a todos los niveles.

¡Qué paradoja! Los jóvenes universitarios que protestan airados en las calles se enfrentan con jóvenes policías y soldados, impiden la movilización y el trabajo de otros jóvenes, todo para renunciar a parte de su libertad porque nadie les ha explicado que educación pública de calidad no quiere decir monopolio público de la educación.