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Oportunidad para un cambio: Convicción

Al Poniente conversó con Santiago Osorio Moreno, director de la Corporación Convicción, sobre el papel que tienen los jóvenes en la toma de decisiones públicas frente al posconflicto y sobre las medidas que se pueden replicar a nivel global para generar desarrollo. Con mucha euforia nos cuenta sobre el proceso de Convicción y cómo, cree él, se puede generar una real transformación en la política y en lo social desde las iniciativas juveniles. Aquí la entrevista completa.

Al Poniente: Cuéntanos un poco sobre Convicción, ¿cuál es su origen?


Santiago: Bueno Convicción comenzó siendo un sueño que varios jóvenes teníamos sobre nuevas formas de hacer política. Por allá a mediados de 2017, diría yo que algunas personas provenientes de muchos sectores y que estaban cansados de la política tradicional decidieron buscar una forma independiente de hacer parte de las decisiones públicas. A mí toda la vida me ha gustado la política y yo entré buscando un grupo en el cual pudiese expresar mis ideas libremente, un poco después de lo que fue la fundación de lo que en ese entonces llamábamos el Colectivo Convicción. Empezamos a sumar más y más jóvenes que se preocupaban por el tema y, aunque alejados de lo que yo buscaba, algunos decidieron lanzar una propuesta para el Congreso de la República. Cuando yo entré en esa época lo primero que hice fue ayudarles a que no cometieran los mismos errores de los colectivos políticos tradicionales y, luego de muchos meses de discusión, gracias a varias ideas que introduje le dimos un vuelco de 180 grados a Convicción y lo convertimos en un movimiento social con enfoque político. Aunque suene similar en las palabras, es algo completamente distinto en la práctica. Allí comenzó todo.

A.P.: ¿Cómo fue ese cambio hacia lo social? ¿En qué consiste?

S.: Piensa en lo siguiente: ¿cuál es la diferencia entre una ONG y un partido político? La primera se concentra en hacer acciones sociales de un tema específico para mejorar vidas puntuales. La segunda se concentra en tomar decisiones generales no enfocadas en individuos para mejorar la vida de grupos. Nosotros en Convicción decidimos crear una organización que mezclara ambos ideales: creamos una entidad sin ánimo de lucro, llamada Corporación Convicción (una ONG) y un movimiento político llamado Movimiento Convicción que, juntos, buscan potenciar las capacidades de los colectivos para transformar la vida de toda Colombia. La idea política provino de todos esos miembros jóvenes que venían de un activismo muy fuerte por la paz, y la idea social provino principalmente por una de mis propuestas de darle sentido social a la organización.

Lo social consiste en que, como Corporación, se crean unos comités que apuntan a algunos de los objetivos de desarrollo sostenible de la ONU. Ahí hemos trabajado con varias comunidades entre una en específico que es un caso que me enorgullece bastante y buscamos que sean las mismas comunidades las que se empoderen para transformar su territorio.

A.P.: ¿Cómo es posible que logren ellos eso? ¿Cuál es la estrategia de Convicción?

S.: En Antioquia y en general en Colombia le tenemos mucho cariño al concepto del Convite. Es muy importante porque fue eso lo que, al final, construyó este país por completo. Pregúntele a su abuelo, o los abuelos de sus amigos. Las carreteras de estas montañas, las iglesias, las escuelas, los barrios antiguos… todo fue construido por cuenta de la misma gente. El Estado estaba muy ocupado en otras cosas y ahí fue donde la gente dijo: no me puedo quedar sin hacer nada. Lastimosamente las décadas siguientes nos trajo un sinfín de políticos que acostumbraron a las personas, con los derechos económicos y sociales, a esperarlo todo el Estado. Y ojo, con esto no quiero decir que el Estado no tiene responsabilidad socioeconómica con nosotros. Pues claro que la tiene, y los pactos internacionales así lo dicen. Lo que digo es que aquí y en muchos otros países del mundo la gente se volvió pasiva, inactiva, ya no les importa su desarrollo. Sólo esperan que algún día algo suceda y todo cambie, pero así no va a ser. Son ellos mismos los que deben tomar esa iniciativa. Pero por supuesto, necesitan un nudge. Un empujón, un incentivo. Ahí es donde entra Convicción

A.P.: La teoría de los nudge es muy interesante. En este sentido, ¿qué puede hacer Convicción para permitir ese desarrollo? ¿En qué desarrollo se concentran?

S.: Parte de lo que nosotros hacemos es empoderar y movilizar comunidades prácticamente. Imagínese que aquí en Medellín la gente es participativa, pero poco propositiva. Sólo les gusta la típica ida a reunión sin más. Nosotros lo que hacemos es institucionalizar eso del “convite” a través de mesas autónomas de desarrollo con una metodología de proyectos avalada por el Banco Interamericano de Desarrollo. Ahí es donde entra la magia: el proyecto puede ser de cualquier cosa. Por supuesto que hay unos temas especiales. A mí por ejemplo me gusta mucho la potabilización del agua, la sanidad y la salud; pero pueden ser de cualquier ODS. Todo depende por supuesto de las necesidades que la misma comunidad identifique para sí misma. Eso hace parte de los grupos focales y talleres que hacemos con ellos. Al final las comisiones de expertos, que por cierto son jóvenes voluntarios más que todo, dotan de contenido técnico todas las ideas que la comunidad presenta. Ahí está el empujón. Es ayudarlos a crecer.

A.P.: Usted me mencionó de un caso que claramente lo alegraba con una comunidad. ¿Con cuántas comunidades han trabajado y en qué consistió ese caso para entender mejor?

S.: Sí, en la Comuna 1. El popular viene siendo una de las comunas más pobladas por densidad y con peores condiciones de vida. Hay muchos derechos desprotegidos y comunidades completas que vienen desplazadas por el conflicto armado desde la época de los setentas que se vino a Medellín en búsqueda de un nuevo lugar donde vivir. Allá hay comunidades que todavía no están reconocidas por la Alcaldía y que las consideran como “invasiones ilegales”, asentamientos que se llaman. Específicamente hay una comunidad con la que venimos trabajando hace más de dos años ubicada en la vereda Piedras Blancas de Santa Elena; pero es una comunidad con tan bajos índices de calidad de vida que ni agua potable tienen, aunque estén a diez minutos de una estación de agua de EPM. Ahora, el tema con la Alcaldía es que está en una posición cómoda en la que no se atreve a moverlos de la zona pero tampoco les da lo necesario y, según la ley colombiana de urbanismo, la Alcaldía está violentando claramente sus derechos. Nosotros desde Convicción decidimos iniciar un proceso social con ellos y un activismo contra la Alcaldía. Lo exitoso del caso es que al principio era una comunidad completamente pasiva -como le dije-, y no querían hacer nada porque sentían que ya no podían esperar nada más, que cada uno estaba por su cuenta. Desde que llegamos eso fue como algo que les iluminó los ojos y les dio mucha felicidad. Nuestra primera idea fue organizarlos socialmente como comunidad y a través de diversas actividades culturales y sociales logramos conformar una mesa de trabajo con la comunidad que fue avalada por la Personería. Lo gracioso y trágico de todo es que una vez comenzamos eso la Alcaldía comenzó a ponernos trabas. A veces llevaban policías antimotines a tumbar las humildes casas que tenían como para “demostrar temor”. Pero nosotros seguíamos y nos levantábamos. En una ocasión incluso llegué a denunciar el intendente de la policía con la Personería y luego de eso dejó de molestar. Lo bueno de ser abogado *risas*. Dos años más tarde, esta comunidad está completamente organizada, empoderada y ahora estamos avanzando en un proyecto de potabilización de su agua con cloro.

A.P.: Estupendo, es una muy buena anécdota. ¿Cómo fue entonces que decidiste ser Director de Convicción?

S.: En realidad fue una decisión del equipo. Al principio éramos pocos, obvio. Éramos unos 12 jóvenes en total. Pero después comenzamos a crecer y cuando vimos esta necesidad de darle una idea social a Convicción muy fuerte creamos una Asamblea General y me nombraron como Director de la Corporación. Desde aquél entonces me he puesto la diez para replicar este modelo en más y más jóvenes que lleguen a todas las comunidades posibles. Mi labor no es en sí la de un director clásico, sino la de un líder. Un líder de un equipo de jóvenes que están igual de “empeliculados” que yo. O empoderados, como lo quieras llamar *risas*.

A.P.: Para cerrar. ¿Qué le dirías a los jóvenes que lean sobre Convicción?

S.: Que el cambio es imparable. Que somos nosotros los jóvenes los que vamos a replicar esto por todo el mundo. Aquí en Colombia la gente es muy animada para este tipo de cosas y especialmente en Medellín, que tanto nos preocupa nuestra ciudad, uno ve muchachos que le ponen todo el esfuerzo a ver un cambio en su entorno. Es que hay que entenderlo, aquí las cosas son muy difíciles. Este país es de los más violentos y más desiguales del mundo. Es apenas lógico y esperable que uno como joven quiera cambiar las cosas, pero es entendible que muchos no sepan cómo o que no tengan un equipo. Para todo esos jóvenes, quiero decirles que ésta es su casa. Que aquí podemos reescribir la historia.

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Al Poniente

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