Oda al amor propio y un consejo impopular

Imagen: Dios es una Mujer Negra - Autor: Harmonia Rosales

Del conocimiento y sus fatigas

La incomodidad de pensar (se) un poco más

De romperse para entender lo otro

Comprender que una se ama al perdonar


De la presión mediática y una forma sistemática de desfigurar lo humano para convertirlo en un producto susceptible de comercializar; de vagar entre los totalitarismos que pretenden con una etiqueta marcar cualquier posibilidad y el egoísmo absoluto que niega el menester de servir para nuestro propio valor develar. Grave tiempo el que nos atraviesa donde nos incomoda nuestra propia imagen, que es el silencio en soledad.

Batalla tras batalla, pareciese insuficiente lo esencial. Nos descuidamos y perdemos de vista las pequeñas acciones que nos han sostenido como humanidad, lo cotidiano que gracias a la constancia, civilizaciones logra desarrollar. Nos invitan a salvar el mundo pero nadie menciona la agonía tan propia que aún no conseguimos sanar, remediar con nosotros mismos sin buscar enemigos que nuestra desidia puedan justificar.

Qué fácil resulta el error ajeno resaltar y ocuparse de una misma degrada en gritar arengas que quien debe, no va a escuchar. Es más sencillo el horror y la fatalidad que sostener la esperanza y construir lo bello cuando pareciese que el dolor jamás menguará. La guerra es simple como compleja es la paz. Gobernar aparenta el éxito que sólo el sabio alcanza cuando a sus pasiones logra domar. Tener maquilla el vacío; la nada es cuando dejamos al fin de necesitar.

A la exigencia de derechos socavando la realidad de otros que irremediablemente resistirán, olvidando que no es más que construir el respeto y aprender a ejercer la dignidad. Buscando la libertad sin aceptar el peso del deber que conlleva determinarse sin faltar a la humildad, el compromiso ético que se tiene con la existencia y es la bondad. Responder por una y lo cercano para descubrir que es mucho – y muy costoso – lo que se puede aportar.

Cohabitar sin habitarse y creer que es placer la conciencia abortar. Jugar a la autoridad a partir del miedo sin reparar en el detalle de que somos muchos, diversos y el planeta no ha parado de girar. Engañarse con el poder que cuanto más nuestro, más depende de los demás.

Qué otras riquezas; sorprenderse, comprender lo que se observa y tener el espacio para contemplar.

Aceptarse es corregirse, pensar en perspectiva sin odiar, abrazar nuestra acción limitada y entregarlo todo porque lo que eres se multiplica y lo que no, simplemente se va. Atravesar el valle de la culpa y sangrar un poco los hematomas de la ingenuidad; no hay ciencia sin errores que afirmen la experiencia que se pacta como verdad.

Amarse, tan necesario para amar, pero somos integrales y cargamos con todo lo que nuestra historia – y ADN – insiste en recordar; la compasión humana, la empatía y la solidaridad. Al final gana la vida, otra generación sucederá; impulsada por su búsqueda, quizá entienda que el conflicto está en nosotros más que afuera y que perdonando, perdona sus años para que le permitan sin sufrimiento continuar. Amarse es respirar en calma y sentir al otro como igual. (1)


  1. Mateo 22:39.

 

María Mercedes Frank

María Mercedes Frank

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