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Nuevo Mundo

“irrisorio pensar que creceremos al igual que caímos, la normalidad de nuestras vidas cambiará de manera protuberante, las empresas, muchas llegarán a la quiebra, y la inversión del hoy que es el crecimiento del mañana, será mucho menor”

La vida de los colombianos en lo corrido del 2020 nos ha dado un giro de 360 grados, empezando por los resultados que poco a poco se empiezan a descubrir en frentes claves para la economía del país como lo son: el  crecimiento económico, los resultados del desempleo, el aumento de la deuda externa, la inflación, los resultados pobreza y desigualdad que, diría en mi opinión serán los más afectados por la crisis sanitaria que estamos afrontando, después del desempleo, sin perjuicio de que estos dos últimos indicadores, todavía no se saben a ciencia cierta hasta dónde podría ubicarse las cifras, pero ya he apreciado algunas estimaciones por parte de la academia donde se evidencia claramente el aumento de la brecha.

Por ahora, los ciudadanos de a pie tenemos seguridad del panorama económico que ostenta Colombia en el primer trimestre del año. Pese a los grandes bajones que ya se presentaron, encabezando la lista, la cifra de desempleo que fue presentada por el DANE en las últimas semanas, ubicándose para el mes de abril en el 19%, un guarismo que dejó con lo pelos de punta al mismo Ministro de Trabajo, quien manifestó en una de sus entrevistas no esperar semejante porcentaje. Todo parece entonces indicar que los resultados para el segundo periodo del año 2020 serán mucho más complejos de lo que se estimaba.

De manera que con los datos que tenemos hoy, conociendo a diario las cifras de contagios por Coronavirus donde parecen cada día no tener intención de reducir la curva epidemiológica, nos impone una preparación de la ciudadanía ¡urgente! para un mayor declive de la producción y el comercio en todo el mundo.

No es menor decir que las medidas adoptadas deben tener coraza de acero para soportar el caos económico que se avecina por cuenta de las cuarentenas, a diferencia de las crisis anteriores como la depresión 1929 o la gran recesión del 2008, cuyo origen fue estrictamente el financiero, aquí lo que estamos viviendo es un golpe por una enfermedad donde por decisión de los propios gobiernos, tomaron la determinación estricta de apagar gran parte de la economía, bajo esa comparación que muchos analistas y expertos han hablado, yo pregunto: ¿el impacto del coronavirus será mucho mayor que el de la gran recesión? Responder a esa interrogante sería gravitar en un mundo que desconocemos todavía.

Si bien, la apuesta de todos los países del mundo se centra en estudiar el fenómeno que ha apabullado a todas las economías, dando respuesta a una posible recuperación que los posicione rápido en una reactivación de la vida productiva. Sin embargo, ese optimismo frente a una recuperación rápida y efectiva para finales del año 2020, no parece muy convincente, y lo voy decir por dos razones: primero, las cuarentenas no han dado el resultado esperado, pues la cifra de contagios aumenta vertiginosamente, lo que muestra que la enfermedad aún sigue latente; segundo, la normalidad de la vida de los ciudadanos no parece todavía tener una luz de esperanza, pues en lo que respecta a Bogotá por solo dar un ejemplo, la medidas de confinamientos parecen entronizar enormemente el miedo impidiendo que salgan las personas de sus casas.

Todas estas razones, parecen alejarnos cada vez más de una pronta recuperación económica, irrisorio pensar que creceremos al igual que caímos, la normalidad de nuestras vidas cambiará de manera protuberante, las empresas, muchas llegarán a la quiebra, y la inversión del hoy que es el crecimiento del mañana, será mucho menor.

En pocas palabras estamos frente a un nuevo mundo. Verlo o no con optimismo dependerá de cada uno de nosotros que tanto es el esfuerzo que estamos dispuestos afrontar por impulsar los resultados hacia un mejor futuro.

Lo que si es cierto, es que la visión de este nuevo mundo no debe quedar como la del cíclope que tiene una única mirada hacia al frente, debemos empoderarnos en lograr una seria y verdadera reinvención donde diversifiquemos la economía en todos los sectores, eso implica preguntarnos ¿Cuáles serán esos nuevos motores de crecimiento? Los cuales sin temor a equivocarme consideraría como en buena hora lo ha dicho el BID los vamos a encontrar en la innovación, en la tecnología y la ciencia.