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No incluyo en mis contratos, hablar bien de ti en mis redes sociales

En una nociva práctica que viola los derechos de las personas, algunas empresas líderes y organizaciones vienen obligando a contratistas, empleados e incluso a proveedores a respaldar sus opiniones y decisiones en las redes sociales, una táctica que se aplica incluso con amenazas, retaliaciones y todo tipo de presiones indebidas a las que muchas personas ceden por la necesidad de un trabajo o un ingreso.


En una nociva práctica que viola los derechos de las personas, algunas empresas líderes y organizaciones vienen obligando a contratistas, empleados e incluso a proveedores a respaldar sus opiniones y decisiones en las redes sociales, una táctica que se aplica incluso con amenazas, retaliaciones y todo tipo de presiones indebidas a las que muchas personas ceden por la necesidad de un trabajo o un ingreso.

Bien lo dice la Constitución Política de Colombia frente a la garantía del derecho a la libertad de expresión en su artículo 20: “Se garantiza a toda persona la libertad de expresar y difundir su pensamiento y opiniones, la de informar y recibir información veraz e imparcial, y la de fundar medios masivos de comunicación”

Hoy los perfiles personales en redes sociales son canales individuales de expresión personal cuya apertura, optimización, manejo y edición de contenidos es responsabilidad exclusiva de cada usuario, quien desde la información u opinión decide expresarse en estos canales, donde es claro que tanto los algoritmos como el consumo orgánico de los usuarios, desprecian la información publicitaria, adulatoria y otras modalidades de contenido que no son de valor como para generar las impresiones y el enganche que se pudiera esperar.

Solo en un país como Colombia hay 12.750.000 usuarios de facebook, aunque las cuentas utilizadas habitualmente desde conductas humanas y no por mecanismos robotizados o plataformas sintéticas, podrían ser solo el 40%. Dice Hootsuite que cada minuto en el país se postean 7000 trinos en la red social twitter y se calcula que de ese contenido que solo consume un 5% de la población del país (muy bajo para decir que es un canal con impacto) más de 70% se produce bajo esquemas automatizados, agencias u otros intermediarios distintos al manejo directo del ser humano que identifica el perfil.

Finalmente la comunicación es persuación y en esta lucha entre el contenido orgánico y el contenido publicitario, promocional o claramente para impulsar una idea, persona o proyecto son más valorados aquellos contenidos que tienen las siguientes tres características:

  1. Se expresan de manera voluntaria, con naturalidad bajo un lenguaje de texto y audiovisual que fluye de la creatividad del usuario y brinda verdadera legitimidad a la marca corporativa o individual a la que hace referencia.
  2. Incluye sentimientos y emociones que generan una percepción de autenticidad y no que se trató de un contenido que no pertenece al estilo, línea editorial o criterio del usuario de la misma red. Basta las publicaciones anteriores para corroborar eso.
  3. Contenido de valor pero con un sello de elaboración mas humana y artesanal. Se trata de video, audio, gifs, animaciones, mimesis u otros lenguajes que denotan un estilo más humano y menos preelaborado o dictaminado.

Cuando se hace sin la voluntad del usuario o su toque particular, el contenido en redes sociales podría incluso convertirse en un factor que juegue en contra de la imagen y reputación de la misma causa que lo presiona, generando resistencia e incluso aversión. Cuando se origina de manera natural y bajo el estilo, tono y manejo del usuario titular, su propia comunidad lo acoge y obtiene legitimidad y la fuerza propia de la influencia.

Es común ver a servidores de gobiernos y empresas privadas enviar por grupos de difusión en apps de mensajería, social media e incluso posteando contenidos que denotan esa presión indebida de quienes consideran que por abrir las puertas a una oportunidad laboral, a alguien ya son propietarios de su criterio, opinión, fidelidad e incluso pueden hacer que legitime con presiones su oferta de servicios o lo que es peor, se sumen a sus causas o discusiones en las redes sociales como señal de lealtad y fidelidad.

Es menester que las áreas de gestión del talento humano definan y regulen estas malas prácticas  pues la presión no genera bondades ni a la causa organizacional ni al empleado; pero otras estrategias más inteligentes, sutiles y voluntarias si podrían beneficiar a la compañía, llegar a nuevas comunidades con un factor de mayor sostenibilidad y -finalmente- lograr mayor alcance y un verdadero impacto en nuevos usuarios que conozcan, aprecien y se movilicen por esa causa, producto o servicio.

 

Esto fue escrito por

Miguel Jaramillo Luján

Consultor en comunicación política y de gobierno. Candidato magister en Gobierno de la U. EAFIT, Especialista Comunicación-Conflictos Armados U. Complutense España y Comunicador de la Universidad Pontificia Bolivariana.

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