Ni Libertad ni Orden

En un acto aparentemente espontáneo, varios Gobernadores, funcionarios ajenos al Pacto Histórico y periodistas, decidieron realizar un “llamado de atención” a través de redes sociales al Gobierno Nacional tras la escalada de violencia que se vive en el país desde que se hizo público el proyecto de “Paz Total”.

Este pésimo proyecto, entre otras, atado al ya fracasado proceso de paz del expresidente Santos con las muy vivas y actuantes FARC-EP, busca generar espacios de diálogo con los diferentes actores violentos del país para un cese total de las actividades delictivas y sometimiento a la Justicia, a cambio de algunos privilegios a manera de incentivo y muestra de buena fe. Una malísima idea que crea una estructura de estímulos ultra-perversos para estos criminales que, aunque los biempensantes de Bogotá les duela admitir, es la principal razón de esta escalada de la violencia.

De vuelta a la era del terror

El “sentido común”, como reza el adagio popular, es el sentido más raro de conseguir, y parece que este es el pecado que ha cometido la recién nacida y accidentada Administración Petro. ¿Quién, en su sano juicio, considera como buena política de seguridad ofrecer una parranda de beneficios para los mayores delincuentes del país, para que, en un acto equiparable a un milagro, estos dejen de generar billones de pesos en ganancias y “someterse” a una Justicia incapaz de judicializar a un raponero?

El resultado, como no puede ser de otra forma, y sumado a los constantes ataques que estos políticos hicieron a las Fuerzas del Orden durante su cómoda actuación de oposición, es crear un escenario de debilitamiento de la imagen institucional en materia de seguridad, que les brinda el brío suficiente a los delincuentes para avanzar en sus actividades al no sentirse presionados en el corto plazo.

Ahora, como bien se vivió en las horrorosas décadas de los ochenta y noventa, las masacres, secuestros y extorciones volvieron a nuestras primeras planas día sí y día también. Lo más irónico es que, gracias al ruido de esa violencia, los casos de corrupción vuelven a estar escondidos y pasando a segundo plano en la discusión nacional; cosa que muchos defensores del Proceso de Paz de 2016 –y que hoy son Gobierno– arengaban, por aquella época, como un gran logro de “la paz”, dar visibilidad a la corrupción.

Primero Twitter

Pero ¿Y que más está haciendo el Gobierno Nacional mientras el país se desangra? Pues el pasearse por la cuenta de Twitter de Petro da una respuesta contundente: publicitar y pelear. Con una mano, se la pasa escribiendo mensajes estilo publicidad política pagada como si todavía fuese candidato, al tiempo que, con la otra, pelea con sus opositores, Ministros y algunos personajes cercanos para reafirmar una imagen de gobernabilidad que se le escurre como agua entre los dedos.

Da incluso para cuestionarse seriamente si le queda tiempo para gobernar o, por lo menos, cumplir con los mínimos deberes que su cargo le impone, porque la cereza del pastel es que se la pasa visitando al dictador de Maduro, siendo ya ocho las veces en las que se han reunido presencialmente.

Ni para lo más básico

Es increíble que yo, siendo libertario, tenga más claro la necesidad de que el Estado como máximo órgano legal para la coordinación social –más no natural– tenga una actuación contundente contra aquellos ciudadanos que violen las leyes. Ello es un pilar para la construcción de una sociedad próspera, a razón de que protege de las transgresiones a los derechos naturales de la vida, libertad y propiedad privada.

Parece que el progresismo colombiano, encabezado hoy por Petro, no le interesa seguir sosteniendo ese pilar y, por el contrario, busque su destrucción. Guiados por una narrativa política demoledora, van justificando de “pobrecitos” a los delincuentes sin analizar los verdaderos incentivos para serlo. Es cierto que la pobreza y la miseria son actores determinantes, pero, si esa es la justificante, entonces no tiene sentido sostener a la Justicia como Rama del Poder en países tan pobres como el nuestro.

La prevalencia de la Justicia va más allá de “lo hizo porque estaba desesperado”. La Justicia es, en esencia, la prevalencia de nuestro razonamiento y conciencia moral por encima de, precisamente, esos eventos que nos ponen a prueba. Además, cabría cuestionarse, ¿seguirían tendiendo incentivos esas personas honestas, pobres o miserables, que no son delincuentes?

En conclusión

Nos enfrentamos a una situación sin precedentes para Colombia, no por los hechos violentos, sino por la postura oficial de la institucionalidad encargada de protegernos de los violentos. Cada día se recrudece el abandono de la Justicia y crece ese instinto de autopreservación que, en otrora, dio pie para el nacimiento de una de las organizaciones al margen de la ley más poderosa y violenta de la historia… Ya se imaginará de quienes estoy hablando.


Este artículo apareció por primera vez en nuestro medio aliado El Bastión.

Carlos Noriega

Barranquillero. Administrador de empresas con varios años de experiencia en formulación y ejecución de proyectos productivos de capital privado, público y mixto. Director ejecutivo (CEO) y miembro fundador del medio digital liberal/libertario El Bastión y de la Corporación PrimaEvo.

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