Mi verdad sobre la inflación en Colombia

Tuve un fuerte pero habitual encontrón con el periodista de Blu Radio Sebastián Nohra. Tanto fue el desahucio que lo comparé con el gran camaleón político Roy Barreras. Algo que con seguridad le disgustó. Tras un gran monólogo hecho al aire de cómo la reforma tributaria del Pacto Histórico afecta con severidad la economía del país, en un cambio repentino, el periodista suscitó mi desagrado al criticar algunas de mis posturas congruentes sobre la relación entre la reforma tributaria, la inflación y el sentimiento de descontento de muchos gremios económicos. Para Sebastián mi oposición no es inteligente por meter a Gustavo Petro en la ecuación, mientras él acomoda su discurso periodístico dependiendo el cordero y el sacrificio.

Hay un mito al que le vamos a poner fin en esta columna. La reforma tributaria, a pesar de estar ad-portas de su aprobación, no está sancionada. Es por esto por lo que de manera irresponsable periodistas como Sebastián aseguran que no tiene nada que ver la Reforma Tributaria con la inflación coyuntural que cargamos a nuestras espaldas indiferente de estrato social. Sin la necesidad de un documento oficial, y tan solo con las narrativas de deconstrucción de la economía, los mercados se resienten y el efecto de pánico económico es implacable con los precios al consumidor.

Algo que bien hemos aprendido del mundo económico es que no existen verdades absolutas. Hoy se respira zozobra en Colombia por el aviso de una recesión global irreversible y una inflación local despampanante que ya lleva un acumulado de 12,22% en lo que va de este año. Son varios los factores que han concurrido para llegar hasta aquí, y aunque no todos son producto del gobierno Petro, sí hay una responsabilidad compartida por lo que está ocurriendo en la billetera de los colombianos.

La pandemia, factor importante del gobierno Duque, es uno de los motivos por los cuales hemos llegado a tales niveles de inflación. Existen dos características puntuales que aportaron a este fenómeno económico y cíclico. El nivel de endeudamiento para atender la insostenibilidad productiva de la economía, el cual nos corresponde pagar a todos los colombianos, y la necesidad imperante de un sector privado por recuperar inversiones inadvertidas antes de dicha eventualidad.

Como respuesta a la emergencia sanitaria y económica el presidente Duque incrementó el gasto subsidiario llevando los costos del Estado a los 70 billones de pesos. Por en cuanto el Banco de la República redujo las tasas de interés en un intento por recuperar la economía y mover las fuentes de dinero. Un plan que en el corto plazo resultaría fructífero, pues fue así como Colombia fue uno de los países que más rápido se recuperó de la pandemia. En el largo plazo produjo esto, una grave inflación que tiene a las empresas ahorcadas y a los jóvenes javerianos ilusionados con descuentos en su matrícula sin tomar en cuenta el IPC y otros factores económicos.

Las responsabilidades de Gustavo Petro son varias también. El Paro Nacional y estallido social que se desarrolló de la mano del pánico económico fue un amplificador de los desastres de la pandemia. Los esfuerzos del gobierno de turno por recuperar la economía tuvieron que ser triplicados, y asimismo la deuda estatal, para tapar los huecos que le dejo aquel evento nacional a los campesinos, empresarios y la clase trabajadora. De manera que, es esta la primera responsabilidad de Gustavo Petro sobre la inflación que hoy vivimos.

Como presidente de Colombia y en una economía traumada por la coyuntura social y sanitaria, se esperaba que el progresismo subsanara el daño con políticas más liberales y menos proteccionistas, políticas inteligentes. Sin embargo, ha sido decisión del gobierno de turno hoy generar una segunda ola de pánico económico al amenazar la fuente económica más solida de los colombianos, los hidrocarburos. Solo en regalías, es decir sin contar los impuestos, esta industria le significó al país en el 2021, 17 billones de pesos.

Cuando hablamos de hidrocarburos no solo hacemos referencia a la explotación directa de la materia prima sino también a la transformación de esta en productos derivados que trascienden en la economía a otras industrias dependientes. Industrias que hoy, bajo la amenaza de Gustavo Petro presidente, requieren recuperar de manera acelerada las inversiones ante la devaluación de nuestra moneda con una proyección de devaluación inevitable. Para esto las compañías han tenido un alza significativa en sus precios con el ánimo de minimizar perdidas económicas que ya se sienten llegando a los 100 días de gobierno. Todo esto no solo por una reforma tributaria insensata, sino por las intenciones de reducción del consumo obligado, al peor estilo paternalista sobre la economía. Decrecer para crecer.

Algunos otros factores externos, como las decisiones de la Reserva Federal de Estados Unidos sobre las tasas y los comportamientos de las monedas fuertes han influido en la inflación de las economías con monedas blandas. Es la suma de estos actores monetarios, globales y locales, la que ha hecho del desastre financiero un titular matutino. No obstante, es inadmisible permitir que el periodismo desinforme a los colombianos y exima de manera tácita al nuevo gobierno de su responsabilidad. Es menester una resistencia colectiva y educada a estas políticas financieras que no contrarrestan el rezago de un gobierno anterior, y que por el contrario ponen en peligro la estabilidad de una de las clases medias más altas del continente, y la economía resiliente de las clases más bajas. Los ricos igual siempre tendrán como arreglárselas. Esta es mi verdad sobre la inflación en Colombia.


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Sebastián Narváez Medina

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