Opinión Selección del editor

Medellín y el contraste visible de sus laderas

La palabra Medellín puede evocar muchas cosas. Algunos asocian este lugar con la palabra hogar, otros por su parte, la unen con las luchas populares y disputas sociales, elementos que han sido constantes en la construcción de esta ciudad. 

La capital de la montaña, a lo largo de su historia no se ha construido de forma organizada, la planeación que los primeros habitantes hicieron de Medellín se aleja cada vez más de la realidad que se ve en sus laderas. Las ciudades en Colombia con el paso del tiempo llegaron a concentrar más del 60% de la población total del país, y Medellín no fue la excepción.  

Su poblamiento se dio por múltiples razones en las que se encuentra el desplazamiento a causa del conflicto armado. Con la llegada de nuevos  habitantes al espacio que suponía la ciudad, llegaron también nuevas demandas sociales, personas que encontraron en Medellín la posibilidad de hacer su apuesta de vida y que sin la ayuda del Estado y de forma comunitaria construyeron gran parte de sus barrios. 

Foto de Juliana Vergara Torres.

Esto propicio una relación entre ciudadanos y Estado intermediada por una demanda de servicios y la garantía del cumplimiento de estos, una relación elemental en el derecho a la ciudad.  Para  César Mendoza González, integrante de la fundación Sumapaz, el derecho a la ciudad comprende la condensación de todos los derechos humanos, tanto los civiles y políticos, como los económicos, sociales y ambientales, contenidos en un espacio que se llama ciudad. 

Sin embargo, como es evidente, el derecho a la ciudad en Medellín presenta grandes contrastes, sobre esto César agrega que: “Dichos contrastes se dan porque por un lado hay una ciudad desarrollada y por otro lado hay una ciudad segregada, son dos ciudades que habitan en un solo cuerpo. Hay una ciudad del desarrollo, la ciudad que lo tiene todo, pero también hay una ciudad que no lo tiene nada. Vivimos la época de la primavera, pero también vivimos la época del infierno”. 

El modelo de ciudad capitalista y neoliberal,  implementado en Medellín, el país y en un panorama más amplio también en América Latina, ha favorecido que las brechas de desigualdad sean cada vez más notorias.  El mismo modelo de desarrollo que ha posicionado a Medellín como la ciudad más innovadora de Colombia y le ha atribuido el orgullo de ser reconocida por su modelo de transporte integrado, ha hecho también que se le  haya reconocido por el vergonzoso logro de ser la ciudad más desigual de América Latina. 

Según datos de Medellín cómo vamos, para el año pasado un  24,4% de la población no alcanzó el valor en dinero que necesita una persona al mes para adquirir una canasta básica de alimentos, servicios y otros bienes mínimos para vivir, demostrando así que se presentó un incremento en cuanto a pobreza monetaria. Además, según la página antes mencionada, entre 2018 y 2019 ingresaron a esta condición un total de 54.037 personas. 

Una de los lugares donde se concentran mayores índices de desigualdad es la zona Nororiental de la ciudad, la cual está conformada por Popular, Santa Cruz, Aranjuez y Manrique. 

Sobre las matices que presenta el derecho a la ciudad en esta zona, Marcela Londoño Ríos, integrante de la corporación Mi Comuna 2 explica que: “el principal contraste del derecho a la cuidad en Medellín de la nororiental es el tema de cargas y beneficios, pues esta es una de las poblaciones más vulnerables de la ciudad y nosotros generalmente tenemos que recibir las cargas de ese modelo de ciudad que se planea, en cuanto a que somos nosotros los que tenemos que ceder en muchas ocasiones, con nuestras viviendas y dinámicas territoriales, para darle paso a macro proyectos que van surgiendo,  y se van planeando”. 

La garantía de acceso al derecho a la ciudad en Medellín evidentemente no ha sido igual para todos, además en el territorio también han jugado un importante papel los grupos delincuenciales y al margen de la ley, que han modificado de forma significativa las dinámicas barriales. Esto sumado a la falta de oportunidad, acompañada de un modelo de desarrollo que beneficia un sector reducido de la ciudad, ha dejado como resultado una división entre privilegiados y excluidos. 

Foto de Juliana Vergara Torres.

 

La transformación del modelo de ciudad, una alternativa para disminuir la desigualdad

Los modelos de ciudad implementados en Medellín han recibido críticas que afirman que prima el derecho al mercado sobre los derechos humanos. Uno de los lugares donde se ha manifestado el pulso entre las disputas por las demandas sociales, y el espacio público entre diferentes actores ha sido el centro, considerado como el corazón de la ciudad. Corazón que ha sufrido transformaciones profundas, causadas por los modelos de desarrollo y las diferentes construcciones que se han desarrollado en diferentes alcaldías.  

Sobre esto Reinaldo Spitaletta,  escritor, docente y periodista, hace referencia diciendo que hay que empezar por decir que Medellín no tiene un centro histórico. “Ese centro muy importante que solían ocupar las élites, donde se movía la economía y la sociedad de la ciudad, se va desmoronando con la caída del modelo empresarial por allá en los años 70´s por diferentes factores, uno de estos es que no había un mercado interno, los ricos se van del centro y de él se terminan apoderando el narcotráfico y las economías ilegales e informales”. 

Resalta además otros dos hechos que aportaron para lo que él denomina como “la depresión del centro” los cuales fueron la construcción del Metro, “ya que el centro no estaba hecho para que un Metro pasara por ahí, pero por cosas de corrupción se terminó escogiendo que llevara esa ruta, acabando con una plaza simbólica como lo era el Parque Berrío, y la construcción de la avenida Oriental, para la cual se derribaron más de 2000 viviendas patrimoniales”. 

Además agrega que: “en el centro se reflejan todos los problemas de un país atrasado como el nuestro, desde allí se fue desarrollando la ciudad,  es un punto clave en la historia de esta, en todas partes el centro es importantísimo, menos aquí”. 

Recientemente se ha hecho un énfasis especial en la necesidad de replantear los modelos de ciudad neoliberales y capitalistas. “Lo que yo diría es que esta ciudad tiene que replantear su modelo, la manera en la que nos estamos desarrollando y hacer un gran pacto, que tenga como meta que nadie se quede atrás. Cerrar las brechas de las desigualdades, trabajar para que las personas víctimas de la violencia, las personas con algún tipo de discapacidad, las mujeres afrodescendientes, las que sufren violencia, y los jóvenes que están en condiciones de vulnerabilidad, no se queden atrás y puedan llegar al siglo XIX”. Afirma Daniel Duque, concejal del partido verde de Medellín. 

Hay quienes afirman incluso que la desigualdad en Medellín se hace más evidente a medida que se va subiendo a las laderas de la ciudad, una de las personas que asegura esto es César Mendoza González, integrante de la fundación Sumapaz, quien explica que ha llamado las partes altas de la ciudad como “filos de hambre” porque son lugares donde las condiciones sociales y económicas, están en una situación de negación de derechos. 

“Son territorios con niveles que no tienen servicios públicos adecuados, incluso ausencia de servicios públicos, la calidad de la vivienda es paupérrima, no hay un ingreso básico, sino que se vive del día a día y a partir del rebusque de la gente”. El plan de desarrollo y el modelo actual de ciudad también ha recibido críticas que se fundamentan en el desacuerdo sobre un modelo y una propuesta de ciudad, el denominado Valle del Software. 

Son muchas las reflexiones que se pueden hacer a partir del derecho a la ciudad en Medellín, un derecho que ha sido trabajado y exigido de forma constante desde las comunidades marginadas, los grupos de víctimas, de mujeres, la comunidad LGTBI, y los jóvenes, actores que han sido protagonistas de una persistente lucha por ser incluidos como parte de la ciudad y la forma en como esta se gestiona para finalmente aportar a su crecimiento y desarrollo equitativo.

Por: Sara Marín y Juliana Flórez Vergara 

Esto fue escrito por

Sara Marín

Soy estudiante de periodismo de la universidad de Antioquia, me gusta la política, la economía, los temas de interés público y los relatos del conflicto armado.

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