Medellín, un pedazo de nostalgia te recorre

Ciudad color gris de pantalón usado
Medellín, un pedazo de hombrecillo te recorre como un pueblito metido en una caja de cartón verde.
Medellín, tienes un nombre que podría llevar una empresa de jeans.


Medellín, te transita la nostalgia de la hoja arrastrada por el viento, del loco que mira el cielo y el anciano que vuelve el rostro al pasado. Pedazos de nostalgia, como alfombras, se desdoblan por tus calles.

Ciudad color gris de pantalón usado. Ciudad gris distancia de periódico de ayer. Ciudad de café La Bastilla, Café Fénix, café tinto, café en grano, café instantáneo, café en termo, café expreso, café humeante, café oscuro y amargo, café dulce y trasnochador, café caliente, café frío, café olvido que borra historias de las calles y paredes.

Ciudad tierra de nadie, de estrella averiada, de nostalgia, de bandeja paisa, de empanada, de silicona y escotes prolongados, de cerveza Pilsen, de Aguardiente Antioqueño, de Ron Medellín, de casinos, de buses furibundos, de chanceras, de silleteros, de amas de casa, de artesanos, de aduladores, de tangueros, de música parrandera, de futboleros muecos, de vagos, de punketos, de niños vendidos al mejor postor, de matones con tarjeta de identidad, de padres ausentes, de mafiosos de vereda o carangas resucitadas.

Ciudad residuo de industria, de gotas de lluvia que tamborilean sobre el gris de las máquinas, de sueños atorados en las gargantas de los obreros, de lluvia que lava el paisaje y aleja el artificio del comercio, de “Paranoid Android” de Radiohead para los días de lluvia.

Medellín, un pedazo de hombrecillo te recorre como un pueblito metido en una caja de cartón verde. Un hombrecillo camina por tus calles rumbo a Versalles, El Astor, El Málaga, El guanábano, Comfenalco o la Placita de Flórez. Un hombrecillo que se mira en los vitrales más de la cuenta. Un hombrecillo de reflejo undívago en una ciudad de celofán y colores difuminados. Un hombrecillo que no es competitivo ni un ejemplo a seguir. Un hombrecillo que sabe, en lo más profundo del corazón, que el odio ya no le corre por las venas. Un hombrecillo anda tus calles grises que son serpientes sin cabezas en las que el amor padeció mil enfermedades. Sin embargo, en ti, ciudad de primavera amarga, el amor pervive porque te amó el emigrante, el errante, el delirante y el mestizo. En ti, el amor sobrevivió a la miopía de los políticos, la minería y a los velocísimos buses de Aranjuez y Manrique. En ti, el amor cuidó a los borrachos en Ayacucho y entre pólvora, toros, licor y matrimonios el amor se asustó con las fiestas de Nuestra Señora de la Candelaria, con la Feria de las Flores y el Festival Internacional de Poesía. En ti, el amor se desangró en las calles, murió y renació de las cenizas y corrió con los caballos, los trenes, los buses, las busetas y El metro. En ti, el amor volvió del infierno e hizo que los paisas se reprodujeran igual que los conejos y los edificios.

Medellín, tienes un nombre que podría llevar una empresa de jeans. Tus alumbrados son el traje de gala de la noche. Eres para el poeta lámpara del insomnio para buscar el dolor de ocaso en los versos de Porfirio Barba Jacob o León de Greiff; eres para el prosista memoria líquida o raíz de árbol que erige las páginas de Tomás Carrasquilla, Fernando González y Luis Tejada; eres para el político y el empresario una vaca de siete ubres, para extraer, a teta suelta, toda la sombra posible; y eres para el turista la caja de pandora.

Medellín, te invadieron los automóviles, los vendedores ambulantes, los reguetoneros Malosmas o Balvobos, los brujos en ruinas, las motocicletas, los malos artistas y el smog. Lloras smog. Tus muertos se olvidan entre el asfalto, se llevan las manos a la cabeza para quitarse el cemento en busca de las plegarias. Ciudad de llantos prolongados y de aguaceros. “Rain down, rain down, come on, rain down on me…”.  Medellín de ecos, sustos y monedas tienes un espacio en los anaqueles del tiempo como antídoto a la indiferencia industrializada.


Otras columnas del autor en este enlace: https://alponiente.com/author/camirgo/

About the author

Juan Camilo Betancur E.

Fredonia, 1982. Periodista. Publicó el libro de micro-cuentos Los errantes (2013), la novela La mujer agapanto (2017) y la novela El escritor mago. Libro 1: la sociedad (2021).

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