
“Tenemos que cuidar nuestra democracia que, aunque suene exagerado, no está en buenas manos en gobernantes como Petro y aspirantes como Cepeda que, ante la derrota, se victimizan, buscan culpables, además de querer perpetuarse a como dé lugar en el poder”.
Terminó la primera vuelta presidencial de Colombia con un resultado que pocos -incluidas las encuestadoras tradicionales, a excepción de Atlas Intel- preveían. Abelardo de la Espriella fue el ganador de la primera vuelta superando por más de 500 mil votos al candidato del gobierno, Iván Cepeda.
A pesar de toda la maquinaria estatal y de la intervención del presidente Petro para que su candidato ganara en primera vuelta -violando el principio de no intervención en política mostrando su carácter autoritario y de pisotear las normas para luego victimizarse-. No fue suficiente y sorpresivamente quedaron de segundos.
Conocidos los resultados del preconteo, el presidente de la República dijo que no los aceptaba que, porque tenía indicios de fraude, lo propio hizo Iván Cepeda, diciendo que iba a esperar hasta el escrutinio. A hoy, el escrutinio terminó y coincidieron con los del preconteo electoral, ratificando a Abelardo de la Espriella como ganador de la primera vuelta presidencial y dejando por el piso la teoría del fraude -que nunca existió-, de Petro y compañía.
En la historia reciente de Colombia -de 30 años hacia acá- es la primera vez que el presidente en ejercicio incide de esta manera en las elecciones, buscando que su proyecto político se mantenga en el poder; también es la primera vez, en esa historia reciente, que el mandatario de los colombianos desconoce los resultados y se inventa un fraude; de igual manera pasa con el candidato perdedor, Cepeda, que, fiel a Petro, está en la misma tónica: radicaliza su discurso y alista a sus barras bravas para incendiar al país en caso de que pierdan en segunda vuelta. Son malos perdedores y eso habla de su carácter autoritario, desafiante y de buscar retener el poder a toda costa así eso implique pisotear las normas.
Aún faltan tres semanas para saber quien va a hacer el nuevo presidente de la República, tres semanas en la que los ánimos van a estar caldeados y donde va a haber mayor radicalización; pero sí preocupa enormemente que se hable de fraude sin prueba alguna sólo porque perdieron una elección en la que siguen compitiendo. Petro fue elegido bajo este mismo sistema electoral y quienes no lo apoyamos aceptamos la decisión de la mayoría, no hubo intento de golpes de estado y ha podido gobernar bajo las reglas que tenemos; por fortuna, en nuestro país, aún tenemos democracia, pero con estos mensajes que da el actual presidente y su aspirante a sucederlo, parece estar en riesgo.
Tenemos que cuidar nuestra democracia que, aunque suene exagerado, no está en buenas manos en gobernantes como Petro y aspirantes como Cepeda que, ante la derrota, se victimizan, buscan culpables, además de querer perpetuarse a como dé lugar en el poder que la misma democracia, que hoy ponen en duda, les dio, como cual tiranos a los que sólo les sirve lo que se ajusta a ellos.
En la mesa y en el juego se conoce al caballero, dicen los abuelos; la RAE define como caballero al “hombre que se comporta con distinción, nobleza y generosidad”; esos valores no los representa Petro ni su aspirante a sucederlo. En lugar de nobleza, destilan odio, buscan enemigos y la fragmentación del país con su lucha de clases.
Colombia saldrá adelante cuando tengamos gobernantes que piensen en el bienestar colectivo; protejan a los ciudadanos de bien y castiguen con dureza a quienes infringen las normas.
*Mis artículos no representan a mi empleador.













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