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Los trapos rojos del olvido

¿Acaso vivimos en un país en el cual las desgracias solo importan mientras estás permanecen en el titular del noticiero de turno? Tal parece que así lo fuera…”


Se ha dejado completamente en el olvido la pobreza y el hambre que nuestro país vive día a día, la visibilizacion que antes se le daba a este fenómeno durante la pandemia y la empatía que había despertado en muchas personas se ha desvanecido completamente, mientras que nuestros compatriotas, nuestros amigos y vecinos continúan hoy en día luchando incansablemente por subsistir entre el virus, el encierro y el abandono estatal.

¿Acaso vivimos en un país en el cual las desgracias solo importan mientras estás permanecen en el titular del noticiero de turno? Tal parece que así lo fuera, pues mientras las supuestas buenas noticias de mejoramiento económico y disminución de contagios se empiezan a apoderar de los tiempos de la televisión, la radio y la internet, miles de personas siguen luchando por conseguir al menos una comida al día para sobrevivir en este mar de olvido y preocupación hipócrita.

Los trapos rojos se han convertido en una burla, manipulados por todo aquello que los medios escupen día a día se ha creado toda una aversión hacia los necesitados, tildándolos de aprovechados u oportunistas, asumiendo que fingen su situación y que solo quieren “todo regalado”, típico eslogan político de aquella turba de alienados que no quiero hacer partícipes en este artículo.

Esta no es una situación propia de la crisis actual, las brechas sociales y la desigualdad hacen parte del diario vivir nacional, pero es evidente que estas poblaciones de nulos recursos, al contrario de lo que se destila a diario por la televisión, son las más afectadas en estos momentos.

¿Porque seguimos pensando que vivimos en una Colombia ideal? En una llena de estabilidad, de barrios privados, de hoteles de lujo, de entidades funcionales, cuando basta con salir de nuestros hogares y caminar unos cuantos metros para chocarnos de frente con la realidad, con los tejados de latón, con las rústicas casas de plásticos y palos, con la mendicidad, con el hambre de los habitantes de calle, con la corrupción, somos la consecuencia más grave de creer y crear, de creer lo que nos han dicho y crear una realidad alterna, casi fantasmagórica de lo que se vive dia a dia, normalizando cada masacre, cada violación, cada robo, cada caso de corrupción, cada niño que muere de desnutrición, cada habitante de calle que derrama lágrimas de inanición mientras se introduce en los basureros de las “grandes ciudades” en busca de algo que sea medianamente comestible.

Era de esperarse que lentamente el hambre de los más necesitados se sumiera de nuevo en el olvido, si durante nuestra relativa estabilidad nacional era víctima de un descuido inhumano por parte de “nuestros gobernantes” ¿qué más se podía esperar que ocurriese durante una crisis?

Más aún cuando incluso los grandes establecimientos bancarios y empresariales se han visto afectados por la pandemia, pero que, al contrario de los sectores populares, han recibido todos los salvavidas y cuidados por parte del estado, dejando a un lado las necesidades primordiales del ciudadano común y como es típico de nuestro sistema gubernamental; haciendo de la crisis, un festín de corrupción.

Poco le interesa a nuestros mandatarios la compleja situación que enfrentan los más pobres de nuestro país, ellos que pagan la condena inmerecida de nacer en una sociedad clasista y poco educada, donde prima el capital y el bienestar de los más altos estratos, mucho menos le interesa la pobreza a nuestros medios de comunicación, que no crean campañas de solidaridad, que más bien se han dedicado a avivar el pensamiento retrograda e ingenuo de las masas huecas, que se han despachado sin pestañear en contra de los más necesitados, sentados frente a sus pantallas, no dudan voltear la mirada cuando un asomo de necesidad se hace evidente, mientras tanto los trapos rojos siguen sumidos en el olvido.

Esto fue escrito por

Filanderson Castro Bedoya

Estudiante de Psicología de la Universidad de Antioquia con énfasis en la linea empresarial, desarrollo personal, negocios y emprendimiento,columnista aficionado con interés en la historia y la política, amante de la música, la fotografía y la tecnología.

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