Los crímenes de la Unión Soviética (3ra parte): Inferno y pandemónium

Tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, la maquinaria de propaganda soviética encendió sus motores con el fin de lavarle la imagen al comunismo; nadie hablaba de los crímenes cometidos por los bolcheviques para llegar al poder ni para mantenerlo hasta ese momento (1945); se hablaba de los campos de concentración nazis, pero no de los gulags en Siberia, se juzgaban las masacres a manos de los alemanes, pero se callaba frente a las mismas atrocidades de la URSS.

Esto tenía una razón de ser; la Unión Soviética, que anteriormente fue aliada del Tercer Reich de Hitler, fue, a los ojos del mundo, la gran victoriosa y quien “en realidad” aplastó a los alemanes en la propia Berlín, “devolviéndole” la paz al mundo entero… esa narrativa imperó en ese momento y se propagó, mostrándose como la principal antagonista del holocausto. Comunicacionalmente hablando, la URSS se vendió como lo opuesto al nacionalsocialismo hitleriano, cuando en realidad su genética ideológica era idéntica.

En términos propagandísticos fue un éxito abrumador, al punto que no solo vendieron a la Unión Soviética como la nación salvadora, sino que además avanzaron en una segunda parte de la estrategia, en la que se inició una lucha ideológica en favor del comunismo. Medios de comunicación, intelectuales, filósofos y pequeños grupos sociales empezaron a proclamar el comunismo como el nuevo camino, mientras al interior de la URSS se seguían viviendo purgas, exterminios, asesinatos selectivos y asesinatos masivos.

Según Stéphane Courtois, coautor de El Libro Negro del Comunismo señaló que una de las razones del ocultamiento (ceguera) de la dimensión criminal de esa ideología tiene varias razones, entre ellas, “con la idea misma de revolución. Todavía hoy en día, el duelo por la idea de revolución, como fue contemplada en los siglos XIX y XX, está lejos de haber concluido. Sus símbolos -bandera roja, Internacional, puño en alto- resurgen en cada movimiento social de envergadura. El Che Guevara vuelve a ponerse de moda. Grupos abiertamente revolucionarios están activos y se expresan con toda legalidad, tratando con desprecio la menor reflexión crítica sobre los crímenes de sus predecesores y no dudando en reiterar los viejos discursos justificadores de Lenin, de Trotsky o de Mao”.

En pocas palabras, la idea misma de revolución está romantizada, y este factor los supieron explotar los comunistas… no en vano las arengas: abajo el capitalismo; revolución o papel higiénico; patria, socialismo o muerte; entre otros.

Aun así, y a pesar del auge del comunismo tras la Segunda Guerra Mundial, diferentes países como Estados Unidos, Reino Unido y otros, no compartían la ideología profesada por la URSS, lo cual de alguna manera se convirtió en un muro de contención para la propagación de éste, además de verlo como una amenaza porque la ideología marxista es expansionista, es decir, tiene como objetivo la invasión cultural, política e incluso armada en otros países, con el fin de anexar un apéndice más a la Unión Soviética.

El mundo entonces se dividió en dos bloques ideológicos: El comunista, dirigido por la URSS en la que empezó a anexar países por las buenas y por las malas al bloque del Este, mientras en occidente estaban las naciones que profesaban el libre mercado y el capitalismo. De hecho, Winston Churchill, uno de los principales contradictores ideológicos del comunismo dijo en una conferencia en Estados Unidos en 1946: “Desde Stettin, en el Báltico, a Trieste, en el Adriático, ha caído sobre Europa un telón de acero”, popularizando la expresión Cortina de Hierro.

Recomiendo la lectura de las obras del escritor Milan Kundera, de origen checoslovaco, para entender el drama social, político y moral que tuvo para los países de la Europa oriental esta invasión soviética a sus territorios, y cómo esta implicó la pérdida de libertades individuales, persecuciones, censura a los medios de comunicación e incluso asesinatos.

Pero la toma hostil a Europa del Este no fue suficiente para la URSS, pues a lo largo y ancho del planeta empezaron a financiar guerrillas, provocar guerras, financiar partidos comunistas-socialistas, con el fin de atacar de manera aislada a la ideología contraria e ir cercando a los Estados Unidos; obviamente la respuesta americana fue en igual medida, y la tensión creció de tal modo que hubo combates no directos entre los ejércitos de ambas naciones. A este momento de la historia se le conoció como la Guerra Fría, conflicto que se llevaría a cabo en países como: Vietnam, Afganistán, Corea, Irán, Cuba y Grecia, entre muchos otros.

Los tentáculos de la Unión Soviética llegaron a la misma Colombia, ya que, por intermedio de Cuba, financió y entrenó a grupos de extrema izquierda como las Farc, el ELN, el Quintín Lame, el M-19 y el EPL, con el fin de derrocar el sistema democrático, y convertir al país en una nación socialista y ampliar el cerco sobre los Estados Unidos.

Cuba fue otro país víctima de la URSS, pues financió el ataque terrorista de Fidel Castro, así como la instauración de la dictadura en la isla, cercenando las libertades de sus habitantes.

Obviamente los crímenes de la URSS durante este tiempo fueron notorios, degradantes e incontables, además de extremadamente dispersos y de los que la documentación es escasa, pues el régimen ocultó muy bien los pasos que daban sus agentes, no obstante, hay un suceso que puede resumir el clima de represión que vivía el mundo dominado por el comunismo, así como la desesperanza de miles de jóvenes que intentaron huir de él.

Peter Fechter era un joven alemán de 18 años que vivía del lado oriental de la cortina de hierro, es decir, del lado de los comunistas. Él y su amigo Helmut Kulbeik tenían deseos y añoranzas de volver a la libertad que ofrecía occidente, y por esta razón decidieron escapar saltando el Muro de Berlín, que dividía precisamente a los comunistas y a los capitalistas.

Amos se escondieron en una carpintería cerca al Muro de Berlín con la esperanza de pasar sobre él y llegar a Alemania occidental; lastimosamente Fechter fue descubierto mientras intentaba huir y recibió un disparo en la pelvis. Por una hora agonizó pidiendo ayuda sin que nadie lo auxiliara; cientos de personas miraban con impotencia sin atreverse a prestar ayuda por miedo a terminar fusilados. Finalmente murió desangrado.

Si el comunismo es el paraíso que dice ser ¿Por qué construir un muro y evitar que sus ciudadanos salgan? ¿Por qué miles de cubanos arriesgan sus vidas para llegar a Estados Unidos? ¿Por qué millones de venezolanos han migrado en busca un futuro que el Socialismo del Siglo XXI (comunismo) les arrebató?

Finalmente, la Unión Soviética comenzó en un proceso de declive ya que es un sistema insostenible, y tras la caída del Muro de Berlín comenzó un periodo de transición hacia el capitalismo, la “democracia” y la desintegración territorial, llamado Perestroika.

Cuba que dependía del auxilio de la Unión Soviética, lideró la creación del Foro de Sao Paulo, promoviendo, financiando y entrenando grupos de izquierda y de extrema izquierda para que llegaran al poder por la vía democrática e implementar el comunismo disfrazado de socialismo; el primer país en caer fue Venezuela, y de ahí en adelante casi toda Latinoamérica ha dado el tan temido giro.

Cuba, Venezuela y Nicaragua son tres de los casos más emblemáticos en Latinoamérica, de lo que ocurre en los países que caen presa de esta ideología criminal: pérdida de libertades y la democracia, persecuciones políticas y religiosas, censura, asesinatos, hambrunas, inflación descontrolada, migraciones masivas, entre otros.

Se estima que mientras la URSS existió, el número de asesinados por el régimen al interior de su propio territorio asciende a más de 20 millones de personas; en otros países donde llegaron los tentáculos de la Unión Soviética como Vietnam, la cifra llega a 1 millón de muertos; Camboya 2 millones de muertos; Europa Oriental 1 millón de muertos; África 1,7 millones de muertos; Afganistán 1,5 millones de muertos; América Latina 150 mil muertos.

La URSS desató el Inferno y el Pandemónium por donde quiera que extendiese sus tentáculos, y aunque al final se desintegró dada la ineficacia de su sistema político y económico, el germen aún subsiste en la nostalgia postsoviética que vive Rusia, así como en los aires revolucionarios, bolivarianos y de cambio que se viven en Latinoamérica.

Dice el adagio popular que quien no conoce la historia, está condenado a repetirla.


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About the author

César Augusto Betancourt Restrepo

Soy profesional en Comunicación y Relaciones Corporativas, Máster en Comunicación Política y Empresarial. Defensor del sentido común, activista político y ciclista amateur enamorado de Medellín.

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