LOGOI – SOLEDAD

Esta columna es un espacio dedicado a la búsqueda del sentido de las palabras. Un ejercicio arqueológico, etimológico y, si se puede decir, biográfico. Cada entrega nos permitirá conocer la historia, el significado, el uso y el sentido de una palabra.

Mauricio A. Montoya V.

 

“La soledad es muy hermosa… cuando se tiene alguien a quien decírselo”.

 

Gustavo Adolfo Bécquer – Poeta español.

 

Cuando escuchamos, pronunciamos o leemos algo sobre la palabra soledad, tendemos a pensar en ella de dos maneras: como una especie de enfermedad, conectada con el aislamiento, o equiparada con un escenario propicio para la introspección y el autodescubrimiento. Según su etimología, el concepto procede del latín solitas o solitātem, que significa “la cualidad de estar sin nadie más”.

Un ejemplo particular de esta última concepción podríamos encontrarlo en el mundo animal, concretamente en el pájaro barranquero, popularmente llamado “la soledad”, debido a su comportamiento silencioso y solitario. De igual manera, el Diccionario de americanismos de la lengua española trae en su corpus el término cusumbo-solo que se utiliza, sobre todo en Colombia, para describir a una persona solitaria, reservada o huraña.

En el campo religioso, la soledad suele relacionarse con los monjes de clausura y con los anacoretas o ascetas. Son famosas las historias de San Pablo de la Tebaida (228 – 341), uno de los primeros ermitaños del cristianismo, que se internó en el desierto por más de 90 años, o la de Santa María de Egipto (344 – 421), venerada en las tradiciones ortodoxa y copta, quien después de una juventud díscola, se retiró al desierto transjordano, en completa soledad, para alcanzar la conversión.

La filosofía, por su parte, nos ha enseñado el método del soliloquio, mediante el cual el ser humano se enfrenta a sus propias disquisiciones, tal como lo hicieron el emperador romano Marco Aurelio en sus Meditaciones o San Agustín en sus Soliloquios, escritos para conocer a Dios y a su propia alma. Y cómo olvidar la doctrina del solipsismo, pensada por René Descartes, Berkeley, Leibniz y Ludwig Wittgenstein, en la que se niega cualquier realidad exterior y solo se reconoce la existencia de la propia conciencia, con sus experiencias y pensamientos.

Incluso la música argentina, en autoría de Palito Ortega, nos dejó un bolero —Hola soledad–, donde la soledad se convierte en contertulia y confidente, a pesar de que no diga nada: “Hola soledad / No me extraña tu presencia / Casi siempre estás conmigo / Te saluda un viejo amigo / Este encuentro es uno más…”

Pero la soledad también puede ser impuesta como una pena o condena, entendiéndose aquí como un sinónimo de exclusión social. Así lo demuestran las condiciones de los parias o intocables de la India con los que nadie quiere tener contacto; el rechazo a los leprosos, en tiempos de Jesús, quienes experimentaban una marginación total y una soledad extrema debido a las estrictas leyes religiosas; y el célebre caso de la anatema judía contra Baruch Spinoza, en la que se lee: “Advertimos que nadie puede comunicarse con él en forma oral o por escrito, que nadie le preste ningún favor, que nadie permanezca con él bajo el mismo techo o a menos de cuatro varas, que nadie lea ningún texto escrito por él”.

Toda esta reflexión, construida en soledad, surge a partir de la lectura de una columna de Diana Pardo, titulada “elogio del cuidado”, en la que ella narra una experiencia propia ocurrida en el metro de Japón, al observar a un anciano agotado que duerme profundamente y que no es cuidado por nadie. La columnista cuenta que al bajar del tren no deja de pensar en la soledad de ese hombre y nos devela que en ese país asiático, en el que muchas personas mueren solas, existe un concepto para definir tal acontecimiento: kodokushi (muerte solitaria).

Es tal vez por situaciones de esta magnitud y de otras, vinculadas con la depresión y el suicidio, que Reino Unido, en 2018, y Japón, en 2021, decidieron crear el Ministerio de la Soledad y convertir este fenómeno en un asunto de Estado. Tal cartera se encarga de investigar el impacto emocional en aquellos que afirman sentirse solos. Además, busca desarrollar estrategias para disminuir consecuencias de carácter fatal.

Paradójicamente, y a pesar de lo que se repite como una verdad sin discusión, un experimento de la BBC reveló que los jóvenes, entre 16 y 24 años, se sienten más solos que las personas mayores de 75.

Finalmente, me gustaría decir que, en el plano personal, necesito y disfruto los momentos de soledad. Como lector, por ejemplo, requiero de ella para comprender e interiorizar lo que leo. Reconozco que esta puede ser un fantasma que atormenta a muchos; sin embargo, yo prefiero pensar en un mundo en el que la soledad sea una virtud y no una cualidad sospechosa.

 

Logoi

Esta columna es un espacio dedicado a la búsqueda del sentido de las palabras. Un ejercicio arqueológico, etimológico y, si se puede decir, biográfico. Cada entrega nos permitirá conocer la historia, el significado, el uso y el sentido de una palabra. Por: Mauricio Montoya y Fernando Montoya

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