Logoi – Fobia

Esta columna es un espacio dedicado a la búsqueda del sentido de las palabras. Un ejercicio arqueológico, etimológico y, si se puede decir, biográfico. Cada entrega nos permitirá conocer la historia, el significado, el uso y el sentido de una palabra.
Mauricio Montoya y Fernando Montoya

 

«Tenéis más miedo vosotros al emitir esta sentencia que yo al cumplirla»

 Giordano Bruno frente al tribunal inquisitorial – 8 de febrero del año 1600.

Al igual que muchas palabras y conceptos, el término sobre el que hablaremos en nuestra columna de hoy (fobia) procede etimológica y culturalmente del griego. Sus acepciones principales se relacionan con emociones como el miedo y el odio, para algunos contrarias y para otros complementarias.

En nuestro lenguaje cotidiano suelen aparecer términos como claustrofobia (miedo a estar encerrado en lugares pequeños o herméticos) u homofobia (odio a personas con una condición sexual diferente). Sin embargo, resultan menos comunes otros como aporofobia, una palabra acuñada por la filósofa española Adela Cortina y que significa el odio o rechazo hacia las personas en situación de pobreza, pues no se siente aversión por el inmigrante o el turista con dinero, sino contra aquel que no lo posee.

En la mitología griega, Fobos (Φόϐος / Phóbos), hijo de Ares (dios de la guerra) y Afrodita (diosa del amor), era la personificación del temor y tenía como hermano gemelo a Deimos que simbolizaba el terror. Ambos, como una verdadera Trinidad, estaban siempre acompañados de Eris (deidad de la discordia y la envidia) y su trabajo consistía en sembrar este tipo de sentimientos (temor, terror, discordia y envidia) entre los seres humanos.

Ya en epopeyas como “la Ilíada”, “la Odisea” o “el Gilgamesh”, el miedo era algo recurrente. Miedo a caer en la batalla, miedo a morir viejo y sin gloria, miedo a no poder retornar a casa, miedo a la muerte, miedo al sinsentido o miedo a no alcanzar la inmortalidad. Por otra parte, en la cosmovisión romana (algunos dicen que era en la Espartana) se rendía culto a la diosa Angerona, la cual era considerada la regente del miedo y la angustia. Su función, aparte de producir estos estados de ánimo, era también aliviarlos en sus devotos.

En la “Ética a Nicómaco”, Aristóteles refiere el miedo como uno de los polos de la valentía (el otro es la temeridad). En este sentido, la valentía sería entonces el término medio entre el miedo como defecto y la temeridad como exceso. Afirmaciones de este talante siguen teniendo vigencia hoy, ya que ser valiente no significa no tener miedo, pues, según el Estagirita, hay cosas a las que se debe temer, y no temerlas no significa valor sino imprudencia o necedad.

Para René Descartes, por ejemplo, en su “Tratado sobre las pasiones”, el miedo solía asociarse con la desesperación y el recelo, pero este podía tener un antídoto cuando emergía la esperanza (este tipo de relaciones podían ya leerse en la obra de Aristóteles). Una reflexión filosófica más, para sustentar la correlación entre el miedo, la valentía y la temeridad, puede ser la del escritor francés Montaigne, quien afirmaba en uno de sus ensayos: “La valentía tiene sus límites, como las demás virtudes. Cuando se traspasan, uno se encuentra en el camino del vicio, de tal manera que, a través suyo, puede llegarse a la temeridad, a la obstinación y a la locura, si no se conocen bien sus fronteras –ciertamente difíciles de distinguir en sus confines–”.

Uno de los temas más comentados en cuanto al miedo y vinculado con consideraciones religiosas ha sido el del milenarismo (el fin del mundo no se queda atrás). En la década de los 90, ante la inminencia del siglo XXI, el miedo se apoderó de una sociedad que puso sus temores en el arribo de los jinetes del apocalipsis o en profecías como las del calendario maya. Frente a esto, el historiador francés George Duby publicó un texto titulado “Año 1000, año 2000. La huella de nuestros miedos”, en el que no sólo cuestionaba los temores milenaristas, sino que mostraba lo atávico de estos, pues, como lo deja ver en su trabajo, los miedos del año 999 (miedo a la miseria, al otro, a las epidemias, a la violencia y al más allá) eran muy similares a los miedos de 1999.  

No obstante, en la actualidad, las fobias son estudiadas por la psicología como trastornos de una personalidad disociativa, incluso la astronomía, todavía es poco clara la razón, decidió nombrar a los dos satélites del planeta Marte como Fobos y Deimos.

Así las cosas, las fobias (aerofobia, zoofobia, amaxofobia, etc) son fenómenos inseparables de nuestra condición humana, lo complejo de estas es cuando se convierten en sentimientos de odio que buscan destruir o erradicar lo que se concibe como diferente y se trata como peligroso (islamofobia, arabofobia, petrofobia, xenofobia, cristianofobia, rusofobia, entre otras).

 

 

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Esta columna es un espacio dedicado a la búsqueda del sentido de las palabras. Un ejercicio arqueológico, etimológico y, si se puede decir, biográfico. Cada entrega nos permitirá conocer la historia, el significado, el uso y el sentido de una palabra. Por: Mauricio Montoya y Fernando Montoya

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