Locura

Acción imprudente, insensata o poco razonable que realiza una persona de forma irreflexiva o temeraria.


No sabría cómo más definir lo que pasa y ha pasado por siglos en este país. La historia de Colombia, desde los inicios de la república y desde antes, ha sido carente de cordura. Y esto no sólo es un juego de palabras que riman paradójicamente, sino es una historia donde por siglos ha rebosado la copa, la ha rebosado de sangre, en su mayoría de inocentes. Porque sí, hay que decirlo y repetirlo una, y otra, y otra y otra vez, a ver si así se aprende: en Colombia se han matado es inocentes con inocentes, pobres con pobres, el guerrillero raso con el soldado reclutado y así sucesivamente. Gabriel García Márquez retrata muy bien en su obra, la historia de este país. Cien años de soledad, por ejemplo, narra la historia de una familia, los Buendía, que retrata a la sociedad colombiana. Macondo, el pueblo descrito allí, más allá de parecerse en sus primeros años a Aracataca, el pueblo que vio nacer a García Márquez, y en su etapa final, a Barranquilla, la ciudad que presenció varios sucesos de su juventud, retrata de una forma cómica a Colombia, aquel país que se dice ser el más feliz del mundo, como si fuera posible ser felices con más de doscientas guerras civiles encima, y un sinfín de muertos, desplazados y desaparecidos. Cabe aclarar acá, que a García Márquez la Real Academia Sueca de Ciencias Instituto Karolinska Academia Sueca Comité Noruego del Nobel no le otorgó el premio Nobel de literatura tan sólo por Cien años de soledad, sino por su obra literaria en general, que para aquel entonces ya retrataba perfectamente, y de una forma muy particular a la sociedad colombiana.

Y es que cómo no se va a volver uno loco en este país, si en doscientos años de historia republicana no hemos sido capaces de comprender y aceptar que somos diferentes, y que pensamos de una forma diversa. Cómo no se va a volver uno loco en este país sabiendo que 6.402 jóvenes inocentes fueron asesinados a sangre fría por el ejército nacional para hacerlos pasar como falsos guerrilleros caídos en combate gracias a una orden presidencial y una falsa política de seguridad. Cómo no se va a volver uno loco en este país sabiendo que tan sólo en un año, (2021), según la ONU, 57.116 personas fueron desplazadas de sus territorios por la violencia, cifra que se le suma a las 8,3 millones de víctimas de desplazamiento forzado, que según Acnur, se registran en Colombia desde 1.985. Cómo no se va a volver uno loco en este país sabiendo que en un sólo año, (1989), fueron abaleados 4 candidatos presidenciales. Cómo no se va a volver uno loco sabiendo que el narcotráfico se tomó el país a sangre y fuego en las dos últimas décadas del siglo XX y que dejó cerca de 623 atentados, 402 civiles muertos y 1.710 lesionados, 550 policías asesinados por Pablo Escobar, quien pagaba 2 millones de pesos por cada policía asesinado; 195 bombas y carrobombas, (85 contra Drogas la Rebaja, propiedad del Cartel de Cali); 700 heridos y 70 muertos en el atentado al DAS en 1989; 111 pasajeros muertos en una bomba que detonó en un avión de Avianca en pleno vuelo; 15.000 muertos, según los estimativos de las autoridades, en los últimos 20 años relacionadas con la guerra contra el narcotráfico. Cinco mil quinientas de ellas entre 1989 y 1993 durante el auge del cartel de Medellín. Cómo no se va a volver loco uno en este país sabiendo que en las últimas décadas del siglo XX y en las primeras del siglo XXI, los distintos grupos paramilitares y los distintos grupos guerrilleros, con el financiamiento del narcotráfico perpetuaron una guerra sin límite alguno, donde la muerte atroz se convirtió en cotidianidad, donde se normalizó la tortura y el fusilamiento de ciudadanos en su mayoría campesinos, donde se normalizaron los partidos de fútbol con cabezas decapitadas, donde las violaciones sexuales se volvieron tan comunes como los secuestros, los reclutamientos, las extorsiones y las masacres. Cómo no se va a volver uno loco en este país sabiendo que el 52% de tierra le pertenece a un 1,5% de la población que la ha obtenido por medio de masacres y desplazamientos anteriormente nombrados. Cómo no se va a volver uno loco en este país sabiendo que tan sólo en 2021, 145 líderes sociales fueron asesinados, y que desde la firma de los acuerdos de paz en 2016 más de 900 líderes sociales y excombatientes han sido asesinados. Cómo no se va a volver uno loco sabiendo que hubo una época denominada como La Violencia, así, con V mayúscula, que entre 1946 y 1958 dejó entre 113.000 y 300.000 muertos, y el desplazamiento forzoso de más de dos millones de personas, equivalente a una quinta parte de la población total de Colombia, de aproximadamente 11 millones de habitantes por aquellos tiempos. Cómo no se va a volver uno loco en este país, si en lo que va corrido del 2022, hasta el día en que escribo estas letras, ya se han ejecutado seis masacres y han asesinado a un líder social.

Es imposible que con estas cifras acá citadas, que son pocas en realidad -y que van en crecimiento día a día-, pues resulta casi imposible y agobiante seguir reuniendo y recolectando datos hasta llegar a la totalidad de ellos, uno no se termine enloqueciendo. Es imposible vivir en este país sin volverse loco. Es imposible leer la historia de Colombia, manchada de sangre e inhumanidad, sin terminar volviéndose uno loco. Esta historia protagonizada por enfermos de Vampirismo clínico y psicópatas, resulta espeluznante. Es una historia de terror, traumatizante y deprimente. No sé si en estas últimas líneas, sea suficiente la palabra locura, para terminar de definir a este país y a su peculiar historia. No sé si sean suficientes las palabras escritas para describir tanta barbarie, tanta violencia, tanto derramamiento de sangre. No sé siquiera, si sea posible que en la cabeza de alguien quepa tanta barbarie. Esta violencia, resumida en una guerra perpetua, es incomprensible, es una locura.


Nota: usé para esta columna, una imagen tomada por Jesús Abad Colorado, que es el fotógrafo que mejor ha retratado el dolor de la guerra en Colombia.

Leonardo Sierra

Soy bogotano, me gusta leer, amante del arte, la literatura, y la música. creo en el cambio, así que propongo cambios para esta sociedad colombiana en la que vivo, creo en la paz, la reconciliación y el perdón. respeto y defiendo toda clase de libertad y expresión.

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