Liderazgos tóxicos

Trataron de tergiversar la realidad al poner como víctima a la persona que golpeó primero”.


Siempre he pensado que los extremos son peligrosos porque no permiten ver otras miradas ni reconocer que otros también pueden tener la razón. La vida no es blanco y negro, siempre hay cabida para los matices. Aunque sea incómodo, las opiniones de los que piensan distinto ayudan a enriquecer el debate, siempre y cuando, sean transmitidas con respeto. Lo ideal, sería, que, en medio de las diferencias, se dejaran los orgullos personales para reconocer los errores, aciertos y trabajar por propósitos comunes.

Es triste ver que las manifestaciones que se pretendían pacíficas han terminado empañadas por actos de violencia, extremos de parte y parte se exculpan. Un sector dice que es el mismo Estado el que los ha generado infiltrando las marchas o abusando de su poder; de otro lado, dicen que son los manifestantes quienes han cometido los hechos vandálicos. En ambos casos hay responsables, pero no se puede generalizar. El caos se empieza a generar cuando se rompen las reglas de juego de la protesta pacífica: bloqueos de vías para impedir el paso de alimentos como ocurre en el Valle del Cauca, daño de los bienes públicos, robos y pillaje; agresiones físicas. El derecho a la protesta no puede limitar el derecho de los demás. Tampoco por protestar pacífica y legítimamente, la vida del que protesta debe estar en riesgo.

Lamentablemente esta semana en Jericó, sucedió un hecho que no es común en este municipio del Suroeste antioqueño, que, de hecho, antes de este suceso, fue ejemplo porque un grupo de jóvenes decidió unirse al Paro Nacional y convocar a dos marchas en el territorio: una que se realizó el pasado sábado en la noche y otra el lunes 3 de mayo. En ambos casos, las manifestaciones ocurrieron de manera pacífica y tranquila; sin embargo, como coletazos de la marcha, el martes 4 de mayo, hubo un rifirrafe en plena esquina del Parque de Jericó, entre Juan David Uribe, un jericoano que estaba en desacuerdo con las marchas y Fernando Jaramillo, vocero de la Veeduría Ciudadana John Jairo Arcila.  El suceso terminó con agresiones físicas en ambos lados.

Testigos de los hechos, afirman que Jaramillo comenzó la pelea al lanzarle un puño en la cara a Uribe quien se encontraba con su hija menor de edad y otro acompañante (escuchar audio). Uribe le devolvió el golpe agrediéndolo, según su versión, no con una navaja sino con un cable de cerca eléctrica que le había sobrado del trabajo que había hecho unas horas antes en su finca. Ambos, agredidos, fueron a parar al hospital del municipio. Posteriormente pusieron las respectivas denuncias ante la Fiscalía para que se investigue lo sucedido. Consulté directamente con Fernando Jaramillo si era cierto que él había golpeado primero a Uribe. Reconoció que sí, al sentirse ofendido por agresiones verbales que este le había lanzado.  

No justifico las agresiones de ningún lado. En un país tan históricamente violento, como Colombia, hay que tratar de solucionar las diferencias con diálogo, respeto y entender que todas las miradas tienen cabida desde que no atropellen los derechos de los demás.

También es reprochable que, por sesgos ideológicos, líderes de opinión aprovechen este tipo de incidentes para lanzar juicios que no corresponden a la realidad. El economista y ex funcionario de la minera Cemex, Álvaro Pardo, afirmó sin sustento que el atentado que sufrió Fernando Jaramillo fue consecuencia de su lucha contra la gran minería (ver); afirmación más grave lanzó el ex diputado de Antioquia Norman Correa quien literalmente dijo “la intolerancia de quienes están enceguecidos por el oro; y pelaron el cobre: lo apuñaló (sic)” (ver), peores estuvieron las posturas del exministro de Ambiente Manuel Rodríguez y del senador Iván Marulanda quienes respectivamente dijeron: “Qué lamentable: el movimiento en pro del extractivismo extremo y sin escrúpulos, como el que Anglo-Gold Ashanti intenta implantar en el suroeste de Antioquia, va con todo” (ver); “A Fernando Jaramillo lo apuñalaron en Jericó, quisieron acallar su voz que defiende la integridad cultural y ambiental de la región… ahora intentan imponer los intereses mineros multinacionales con violencia” (ver).

Trataron de tergiversar la realidad: primero, al ligar una riña personal y política con el desarrollo de un proyecto minero; y segundo, al poner como víctima a la persona que golpeó primero. Muchas veces es mejor hacer como decían los abuelos: a palabras necias, oídos sordos.

Para construir país hay veces hay que ceder, pero teniendo siempre claro el propósito superior de dejar legados positivos para los que vienen detrás.

En estos tiempos difíciles, nos hacen falta más líderes que unan, que inspiren, que sean propositivos y que sepan construir en medio de la diferencia. Los liderazgos tóxicos que aprovechan cualquier circunstancia para generar más polarización, no le hacen ningún bien a la sociedad, resquebrajan el tejido social y disfrutan de la violencia, no les demos gusto.

Nota final: Estoy sumamente conmocionado por las muertes de policías y marchantes pacíficos. Da ganas de llorar ver tanta muerte entre hermanos.

 


*Empleado de Minera de Cobre Quebradona, mis opiniones no representan a la empresa para la que trabajo.

About the author

José María Dávila Román

Comunicador Social - Periodista de la UPB con Maestría en Gerencia para la Innovación Social y el Desarrollo Local de la Universidad Eafit. Creo que para dejar huella hay que tener pasión por lo que se hace y un propósito claro de por qué y para qué, hacemos lo que hacemos. Mi propósito es hacer historia desde donde esté, para construir un mundo mejor y dejar un legado de esperanza y optimismo para los que vienen detrás. Soy orgullosamente jericoano.

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